Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2004/11/08 00:00

Una vitrina por lo alto

La exposición 'Cantos/Cuentos Colombianos' en Zurich consolida la presencia de artistas nacionales en los principales museos del mundo. Diego Garzón, de SEMANA, estuvo en la exhibición.

Los asistentes a la inauguración de la exposición se sorprendieron ante las obras colombianas. Arriba, la invitación.

Un ataúd de 'Lego' con los colores de la bandera de Colombia es un homenaje del artista Fernando Arias a los niños víctima de la guerra. En Musa paradisíaca, José Alejando Restrepo colgó un conjunto de bananos del techo con monitores de televisión dispuestos en los extremos y que están suspendidos en el aire mientras emiten imágenes de los noticieros de televisión sobre actos violentos en el país. El banano, como en Urabá, como en la masacre de las bananeras, testigo de tantas muertes. Juan Manuel Echavarría recoge en un video el canto sobrecogedor de varios campesinos que se dedicaron a recrear historias de dolor: "Una cuchita me dijo: aquí qué es lo que pasa que todo el mundo se sale de sus casas", repite en su composición Vicente Mosquera, testigo de una masacre.

Miguel Ángel Rojas con una frase escrita con recortes de hojas de coca que reza: "Just what is it that makes today's homes so different, so appealing?" (¿Qué será lo que hace a los hogares de hoy tan diferentes, tan atrayentes?) y que alude a la obra de Richard Hamilton, pionera del pop y que lleva el mismo nombre, ironiza un poco ese modelo de bienestar que se proponía en aquella obra de 1956 y que no tiene nada que ver con la ausencia de territorios de los desplazados. Nadín Ospina remite con sus figuras precolombinas a culturas milenarias pero a las que, también con mucha ironía, les ha mezclado íconos de la cultura norteamericana como las caricaturas de Disney o Los Simpsons, en una búsqueda por la identidad, en esa dualidad entre un legado imponente pero desconocido y otro más mediático. Oswaldo Macia, por su parte, dispuso una instalación sonora en la que los pájaros componen una hermosa sinfonía. Un video da testimonio de cómo, a manera de ritual, Rosemberg Sandoval se dedicó a limpiar un niño de la calle con gasa y alcohol dentro de un museo mientras el público observaba.

Estas son algunas de las obras que hacen parte de la exposición Cantos/Cuentos Colombianos, que por estos días se exhibe en Zurich, Suiza, y que son parte de la Colección Daros Latinoamérica (ver recuadro). Esta muestra, sin duda, es una de las vitrinas más importantes que ha tenido el arte colombiano en muchos años, pero ante todo es la consolidación del trabajo silencioso de artistas que siguen llegando a bienales, museos y a eventos artísticos en todos los continentes sin que esta labor se aprecie como se debe. Esta exposición de 10 artistas nacionales en Zurich en un espacio tan importante es la muestra de que el arte colombiano se está valorando en otros países mucho más de lo que aquí se valora. Artistas que lejos de formatos convencionales y que a través de medios como el video, las instalaciones y los performances están diciendo lo que tienen que decir, aunque el público apenas los esté asimilando, muchos de ellos alimentados por la realidad social y política del país.

"Las noticias que nos llegan desde Colombia, por regla general, son negativas. A excepción de Juan Pablo Montoya, Shakira, Gabriel García Márquez y Fernando Botero, si es que se los asocia con su país de origen, la lista de eminentes personalidades colombianas suele agotarse muy rápido... Aquí no se sabe que en Colombia no sólo crecen las flores, sino que también florecen las artes. Y cómo saberlo, cuando en general se prescinde de una estancia en Colombia por temor a sufrir agresiones contra la integridad física. Así, este extraordinario país sigue siendo un espacio en blanco en el mapa, con ocasionales tintes de sangre debido a las noticias sobre la guerra civil y las drogas", escribieron en el catálogo de la muestra Hans-Michael Herzog y Ruth Schmidheiny, cabezas de la Colección Daros Latinoamérica.



Suizos mirando a Colombia

En el sector de Limmatstrasse, donde está la exhibición, no sólo confluye lo más representativo del arte internacional que pasa por Zurich a través de galerías de gran poder económico y del Migros Museum, sino también curadores de todos los rincones del mundo. La muestra se divide en dos partes: en la primera, abierta al público hasta el 9 de enero, se exhiben las obras de Rojas, Echavarría, Restrepo, Ospina, Macia, Arias, Sandoval, y la segunda, que se abrirá a finales de enero y terminará en abril, tendrá trabajos de Doris Salcedo, María Fernanda Cardoso, Óscar Muñoz, y también nuevas obras de Echavarría y Sandoval. "Es difícil ser artista en un país marginado en términos geopolíticos, en un ambiente institucional pedregoso, con un mercado del arte bastante rudimentario y con pocos coleccionistas profesionales, que además se encuentran a menudo con un pie en Estados Unidos. Pese a todo ello, el arte contemporáneo, y en particular los artistas que tienen entre 40 y 60 años, como los que presentamos en esta muestra, es de una extraordinaria riqueza", dicen Herzog y Schmidheiny.

La colección Daros tiene no sólo una sino varias obras de los artistas mencionados. De Restrepo, por ejemplo, se pueden ver actualmente El cocodrilo de Humboldt no es el cocodrilo de Hegel, Canto de muerte y Ojo por diente. De Arias, Quién da más, Crisi's y La historia de Arias, todo con un tono de ironía en torno a esa búsqueda la identidad; de Ospina, varias de sus esculturas precolombinas; de Rojas, Es mejor ser rico que pobre y Paquita compra un helado, además de la ya mencionada al comienzo; y de Sandoval, tres videos como testimonio de sus performances. Sólo hablando de lo que hay abierto al público actualmente.

En enero se podrá ver la obra Aliento de Óscar Muñoz que consiste en una serie de espejos cóncavos a la altura de la mirada del espectador. El vaho del aliento de quien se acerque a ellos hará aparecer en el espejo la imagen de personas desaparecidas. El juego entre la inhalación y la exhalación se plantean, como una relación entre la vida y la muerte (el rostro del espectador aparece de nuevo en el espejo cuando inhala, desaparece cuando exhala mientras aparece el de alguien más). Es una instalación que Muñoz jamás pensó que se fuera a vender, como a tantos artistas les ha sucedidó con sus obras. A partir de enero también se verá la metáfora de la vida a través de animales disecados que han hecho famoso el trabajo de María Fernanda Cardoso y las esculturas de Doris Salcedo acerca de uno de los temas que más la ha inquietado a lo largo de su carrera: la toma guerrillera del Palacio de Justicia.

Los últimos 20 años han sido de un gran dinamismo en el país con obras que aluden a hechos trágicos pero que también acuden al humor, a la ironía, al sarcasmo y que ya son parte de la historia. Cantos /Cuentos Colombianos es un campanazo de alerta definitivo para que apreciemos esta producción. Para que, desde la distancia, entendamos que el arte colombiano anda, desde hace varios años, por buen camino. Es hora de valorarlo y entenderlo en su verdadera dimensión.

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