Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2010/08/28 00:00

Variedad de sabores

'Agua'e lulo', del pianista Juan Sebastián Ochoa, es una mirada urbana y académica al estado actual de nuestra música popular.

Variedad de sabores

A veces sucede que el productor de un disco termina imponiendo su sello por encima de los intérpretes. Era de esperarse que un disco coproducido con Juancho Valencia (el alma hiperactiva del grupo Puerto Candelaria) nos recordara mucho esa mescolanza de papayera, chucu-chucu y jazz con que impregna todo lo que toca. ¿Hasta qué punto era eso lo que buscaba el pianista Juan Sebastián Ochoa para su primera grabación?

A Ochoa lo recuerdo como integrante de los ensambles de jazz de la Universidad Javeriana. En vivo, es estimulante verlo: sus improvisaciones son de largo aliento y a la vez de mucha coherencia. En el álbum Agua'e lulo, sin embargo, la intención es otra. El disco es el resultado de la Beca Nacional de Creación en Música que otorgó el Ministerio de Cultura el año pasado. La idea era ofrecer un paseo sonoro por los géneros de las distintas regiones de Colombia, entremezclándolos con salsa y jazz para, según Ochoa, "pensar acerca del valor de las tradiciones y sus interacciones con la modernidad".

El disco abarca entonces múltiples géneros como la puya o el chucu-chucu, vistos un poco como a través de la ventanilla de un viajero. Cuando se involucra mucho más, como en su versión para piano solo del Bunde tolimense, el resultado llega a ser muy emocionante. Ahí está el contraste: un creador nato, ingenioso, que a veces pareciera sacrificar ese ingenio para cumplir con los requisitos formales de la beca. Cuando en las notas interiores de su disco escribe cosas como "lo que me propongo con esta composición es…" es evidente la sobredosis de rasgos académicos.

Con todo, hay detalles atrayentes. El tema que le da título al disco es tal vez el descubrimiento más grato. Ochoa ha venido estudiando acucioso el folclor de la costa pacífica y se ha adentrado en el difícil arte de tocar la marimba de chonta. Lo hace con devoción y delicadeza, ofreciéndonos una composición que parece salida de los manglares caucanos. Ahí, con seguridad, estaría el alma de un próximo disco.

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