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| 1/7/1985 12:00:00 AM

VENDEDOR DE ILUSIONES

"Verdades sobre arte, mentiras sobre papel", un libro hecho por dos fotógrafos, Jaime Ardila y Camilo Lleras, sobre la vida y la obra de Santiago Cárdenas.

Chass, sonó el disparador de la cámara de Jaime Ardila un día cualquiera de 1977, en el estudio del pintor Santiago Cárdenas. Chass... volvió a sonar y así siguió sonando mientras el pintor, imperturbable, adelantaba su trabajo: pintar unos tableros para la Bienal de Sao Paulo.
El fotógrafo, foto tras foto, rollo tras rollo, fue guardando los pasos de ese proceso creativo. Era el comienzo de lo que muchos considerarían una transgresión, una profanación. Y era la concreción de una idea cocinada largo tiempo por él y otro fotógrafo amigo suyo, Camilo Lleras: fotografiar a los pintores colombianos trabajando en su estudio.
El proyecto inicial, mucho más ambicioso, había pasado del campo de lo deseable y utópico, al de lo posible y realizable. "...yo no podía sentirme sino como un espía al que le están entregando toda la información sin necesidad de robársela, sin tener que arrepentirse, ni cumplir penitencia, ni con todos los rituales que debe seguir el culpable", afirma Jaime Ardila en la introducción de "Verdades sobre arte, mentiras sobre papel (Encuentros con Santiago Cárdenas y su obra)", el libro que reúne en 207 páginas la vida y la obra del pintor. Y lo afirma como queriendo explicar que eso del arte como cosa religiosa, como torre de marfil a la que sólo puede alcanzar una élite de iniciados, no es otra cosa que un mito, erigido por los mismos interesados, por ciertos interesados, pero no por artistas del estilo de Santiago Cárdenas.
Cárdenas, un hombre con cara de niño y canas de viejo, a quien un "batazo" en la adolecencia le tumbó los dientes y por cuenta de ello se convirtió en un muchacho retraído y con complejo de fealdad, abrió su "templo", sin veleidades de vedette, para mostrar a través de este libro que no era más que un taller de trabajo, lleno de telas, de pinceles y de brochas, de pinturas y de disolventes. Y dejó saber que su trabajo no es obra de musas, sino el resultado de un oficio largamente practicado y, quién lo creyera, casi que fríamente calculado. Y también dejó saber que no era un sacerdote conjurador de misterios, intérprete de mensajes esotéricos, sino un trabajador de la pintura, un profesional del arte. De carne y hueso.
En ciento cuatro imágenes, Ardila recreó el evento de la pintura de Santiago Cárdenas, "el suplantador", aquel que ha hecho de la ilusión, del engaño, el quid de su pintura, aquel que, tal vez sin quererlo, ha demostrado con sus obras que Descartes tenía razón: que los sentidos nos engañan y que, ante esa evidencia, el método para llegar a la verdad es el de la duda. Por eso quienes se enfrentan a sus obras, dudando frente a lo que ven, no pueden resistirse a la tentación de tocarlas.
Precisamente tocar, manosear el arte, es lo que hacen a través de este libro Jaime Ardila y Camilo Lleras con Santiago Cárdenas. Se trata de un peculiar encuentro, un cruce de caminos entre la pintura, la fotografía y el periodismo, porque las conversaciones con el pintor no son tan espontáneas como pretenden serlo. No cabe duda de que han sido filtradas, pulidas, cuidadosamente cinceladas para otorgarles un ritmo y una agilidad periodística que no es fácil lograr improvisadamente.
"Verdades sobre arte, mentiras sobre papel" es un libro impecable. Así como el pintor ha logrado darle presencia física al engaño, los gestores del proyecto lograron, con este libro, darle presencia física a su ilusión de poner en manos de muchos lo que muchos pensaban que era patrimonio de tan pocos: el arte.
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