Lunes, 16 de enero de 2017

| 1989/09/04 00:00

Verde, Verde

Los paisajes de la Sabana de Bogotá no parecen haberse agotado como inspiración para el arte.

Verde, Verde

A través de los siglos, el paisaje ha sido una constante en la pintura universal. En Colombia, las cosas no podían ser de otra forma y la lista de paisajistas es casi que interminable. Los amplios panoramas de las diversas regiones del país han sido un motivo recurrente en la pintura nacional desde el siglo pasado y su influencia llega hasta el presente.
El arraigo de esta corriente en Colombia llegó a tales extremos que, mientras en el resto del mundo se imponían nuevas corrientes, se exploraba con nuevos motivos e ideas, en el país se siguió insistiendo en el paisaje. Esto, que para muchos es una especie de factor retardatario para el desarrollo de la plástica nacional, una tendencia anclada en el siglo XIX, es una realidad con la que hay que convivir y que tiene sus aportes rescatables.
Luego de un año de preparación, que incluyó la búsqueda de cuadros casi que olvidados y la elaboración de otros especialmente hechos para la ocasión, la Galería Alfred Wild, de Bogotá, abrió el pasado jueves 3 de agosto su exposición "El paisaje de la Sabana de Bogotá en el siglo XX". En ella es posible apreciar diferentes aspectos de la Sabana, con su colorido, sus amplios espacios y, como una constante, esa luz tan especial que caracteriza a la región.
Gonzalo Ariza y Antonio Barrera elaboraron sus obras especialmente para esta muestra. Ariza maneja esa atmósfera que envuelve las mañanas brumosas del altiplano bogotano. La neblina que envuelve la naturaleza es como un manto detrás del cual aparecen tenues y discretos los colores de las flores silvestres y de los grandes árboles, como se puede apreciar en su cuadro "Confines de la Sabana". Del mismo artista, "La sabana de Zipaquirá" es una de las obras más interesantes de la exposición: en ella, al fondo del paisaje natural se levantan las chimeneas de la población sabanera que en este caso son las culpables del gris plomizo del cielo.
"Amanecer", de Antonio Barrera, recrea, con su suave y difusa iluminación y con el reflejo de las nubes sobre las aguas del río Bogotá, el ambiente frío y amplio de la Sabana. De Jesús María Zamora, artista que dedicó la mayor parte de su vida a pintar los parajes del Valle del Cauca, la obra "Paisaje" es fiel reflejo de las planicies de la zona de Suba y Cota, con sus verdes oscuros y firmes, con el cielo gris y con la luz del sol que se pierde entre los espesos nubarrones. De Roberto Páramo hay una serie de miniaturas en las que juegan papel primordial los colores parcos de la atmósfera, combinados con las edificaciones y con los caminos polvorientos.
Ricardo Gómez Campuzano está presente con dos obras, entre las que sobresale "Lluvia sabanera", por el contraste entre el azul plomo del cielo que se refleja en el agua y el verde de la vegetación.
"El paisaje de la Sabana de Bogotá en el siglo XX" es una buena muestra de lo que ha sido el paisajismo en el país. En ella es posible adivinar un elemento común a todos los participantes, y se trata del interés por plasmar esa luz -luminosidad- característica de una Sabana que cada vez pierde más el colorido que la hizo famosa.

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Bajo el título de :"3 décadas de arte uniandino", la Biblioteca Luis Angel Arango de Bogotá, presenta una colectiva con trabajos de artistas que han pasado por las aulas de la Universidad de los Andes. En un esfuerzo que pretende ser exhaustivo, la universidad seleccionó una gran cantidad de trabajos que pretenden dar una visión global de lo que ha sido su labor en el terreno de las artes plásticas a lo largo de este período. Sería largo enumerar a todos y cada uno de los participantes, pero hay que decir que son varias las sorpresas agradables que han salido de las aulas de los Andes. Entre estas, hay que mencionar nombres como las de Beatriz González, María de la Paz Jaramillo y Luis Caballero, entre otros muchos.
Claro está que, al tratarse de una muestra tan amplia y diversa, son también muchos los que sobran. Además, hay que señalar que al lado de los consagrados, de aquellos que vivieron mejores épocas en esa universidad, están los trabajos de jóvenes pintores que aún tienen un largo camino por recorrer y que no se beneficiaron del rigor y la inquietud de otros tiempos.
Esta exposición, que se enmarca dentro de las celebraciones de los 40 años de la Universidad de los Andes, es un testimonio del papel jugado por este centro de educación en el ámbito cultural del país.

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