Martes, 24 de enero de 2017

| 2000/02/21 00:00

Vidas al límite

El conflicto de un paramédico que le cuesta asumir los reveses de su profesión.

Vidas al límite

Director: martin scorsese

Protagonistas: nicolas cage, patricia arquette, ving rhamas, mary beth hurt

Contrario a lo que ocurre con el arequipe preparado en paila de cobre, el cine de Hollywood parece ser el único bien de consumo masivo cuyos costos de producción aumentan a medida que la línea de ensamble se va ‘racionalizando’ y el producto final se hace más y más predecible, homogéneo e insípido. Esto en buena parte ocurre porque dicho cine, a través de costosos procesos en laboratorios electrónicos, acostumbró al público a una especie de hiperrealidad tan desmesurada que una sola golpiza, de la docena o más en la que este cine se regodea, bastaría para transmutar en vegetal al más fuerte de los homínidos. Hoy por hoy el estampido de una bala de verdad no sorprende a la mayoría de la gente más que el estallido de un fulminante de un juguete… en otras palabras, el efecto especial usurpó la realidad del mismo modo que el actor de moda redujo la riqueza variopinta de la belleza a un único modelo sin sabor.

Haciendo a un lado los dólares que Nicolas Cage cobrara por hacer cara de ternero degollado durante casi dos horas como Frank, el paramédico, y del esfuerzo que le costara a Tom Sizemore no tanto hacer el papel de mendigo sicópata como soportar una ronda de batazos que hubiera acabado con un paquidermo, Vidas al límite, de Scorsese, no es más que una secuencia ininterrumpida de carreras nocturnas a toda velocidad por las calles de Nueva York dentro de una ambulancia. La dosis de romance está a cargo de Patricia Arquette, en el papel de Mary, un personaje tan plano que parece un fotograma en espera de un director. El guión, de Paul Shrader, es una reflexión tímida sobre la vida y la muerte que sortea con paso incierto el abismo que separa la sensiblería de la verdadera compasión.

Las dos estrellas se deben a que la banda sonora es excelente y a que si, en efecto, gracias a algún atavismo, la hiperacción hiperreal que repite una y otra vez, este tipo de cine sigue teniendo un enorme poder de seducción.

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