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| 11/17/1997 12:00:00 AM

VIENTO EN POPA

Viento en popa El concurso Musicalfa ha comprobado ser una propuesta musical revolucionaria. hoy el mundo cuestiona la bondad de los concursos de música. Así como en cosa de una semana llevan al curubito un artista de la misma manera pueden llevar su carrera al traste. El caso más patético lo vio el mundo con Van Clyburn a fines de los años 50; el pelirrojo texano de 19 años resultó ganador de la Competencia Chaikowski de Moscú. Las grandes salas de concierto se disputaron el honor de contar con él en sus temporadas. Pero tras el brillo de la medalla de oro se escondía un muchacho nervioso y poco preparado para soportar los compromisos de la fama. Las presiones fueron superiores y Van Clyburn terminó retirándose. En la década de los 80, en el concurso Chopin de Varsovia, se dio el caso contrario: Martha Argerich renunció a su sitio en el jurado porque sus colegas le negaron el primer premio a Ivo Pogorelich, quien en cosa de un par de años se impuso como uno de los más excitantes pianistas del mundo. Hoy nadie recuerda ya el nombre de quien recibió la medalla de oro del Chopin. Pogorelich estaba preparado para saltar a la fama pero no logró la medalla. Son dos puntos de meditación sobre los concursos: su inconveniencia y las injusticias a que se prestan. Dos puntos que Pilar Leyva ha tenido muy presentes como directora de Musicalfa, un evento que en Colombia se ha convertido en cuatro años en una verdadera revolución. Conocedora del medio musical internacional y local, donde su carrera se inició en la década del 60 como niña prodigio del piano al lado de su hermana Inés, Pilar Leyva se dio a la tarea de convencer a los ejecutivos de Alfa, la fábrica de acabados de pisos, de patrocinar su iniciativa. En un medio como el colombiano, donde la empresa privada no es particularmente dada a la financiación de eventos culturales, Alfa le apostó al experimento. Este año la inversión ronda los 50 millones de pesos y los resultados han sido excepcionales. Musicalfa pretende hacer entender al joven músico que la carrera es un compromiso de ascenso permanente. Los organizadores invitan un jurado versátil que a lo largo de meses de audiciones selecciona los talentos que podrán participar en dos eventos finales: el recital de la mañana del domingo 9 de noviembre y el denominado recital de honor la noche del jueves 13 en el Teatro Colón. Cada participante recibe el consejo y sugerencias del jurado en medio de una atmósfera cálida en la que se le muestra que no llegar a los conciertos finales no implica una derrota sino un esfuerzo adicional para lograr la meta el año próximo. También se contempla el seguimiento del proceso individual mediante un sistema objetivo y preciso: dado el caso de que un seleccionado entre un año y otro no muestre progresos evidentes, no va al recital de honor. Luego de cuatro años de labores Musicalfa ha venido a revelar una importante generación de talentos de la música en el país, perfectamente medible este año por el número de participantes en la primera ronda de audiciones, realizada entre Ibagué, Tunja y Bogotá: ¡918 jóvenes! Un número elevado que cubre todos los campos, desde el piano, que acapara el más alto porcentaje, hasta la voz humana, pasando por agrupaciones de cámara y grupos vocales. Pilar Leyva, que más que inspiradora es una obsesiva del tema, piensa que más allá de la incidencia concreta que Musicalfa puede aportar al futuro musical del país está de por medio una alternativa real para matizar la violencia que a diario debe afrontar un muchacho en Colombia. Y no se equivoca.
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