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| 7/24/2000 12:00:00 AM

Visiones del siglo XXI

Treinta y una grandes personalidades de la academia pronostican qué puede pasar en los próximos 100 años.<br>Por: Luis Fernando Afanador

Varios Autores
Predicciones Taurus, 2000
395 paginas
$ 35.000


Hacia 1940, el presidente de la IBM afirmó que en el futuro el mercado mundial para los computadores sería máximo de cinco o seis unidades. Los primeros aviadores creían que las mejores naves para surcar el aire “serían más ligeras que el aire”, hasta que se produjo el desastre del Hindenburg. Hoy en día todos están de acuerdo en que las mejores máquinas voladoras son las más pesadas que el aire, no las más ligeras. Estas falsas predicciones, por citar sólo dos ejemplos, muestran lo peligroso que resulta prever el futuro. Es mejor ser cautos o, como dice Umberto Eco, no hay que enamorarse del propio zepelín.

Eso lo saben de sobra —y lo advierten— las personalidades de la biología, la filosofía, la física, la economía, la política y la sicología que se aventuraron a hacer predicciones sobre los cambios que debemos esperar en cada uno de sus campos durante los próximos 100 años. “Suposiciones autorizadas” podríamos llamarlas. Aquí están los avances académicos que ellos quisieran ver realizados antes de 2100 y cuál sería su impacto en la sociedad.

No se trata, entonces, del conocimiento súbito del adivino, sino del conocimiento lento y arduo del experimento. Por tal razón —creen con acierto los editores del libro— la mejor manera de reflexionar sobre el futuro es eligiendo los experimentos más importantes que ya están en marcha y que han alcanzado tales dimensiones que ya no pueden detenerse. ‘Si se trata de experimentos de verdad, por definición, no puede predecirse de antemano cuáles serán sus resultados; no obstante, si se trata de buenos experimentos, esas respuestas resultarán interesantes”. Así, la explosión demográfica, el calentamiento global, el progreso tecnológico, la manipulación genética y la explicación del universo y la conciencia, son los cinco grandes temas de este libro.

Para French Anderson, en el año 2030 la terapia basada en genes habrá revolucionado la práctica de la medicina. La terapia génica consiste en cualquier terapia basada en reemplazar o modificar las funciones de los genes del organismo. El proyecto ‘Genoma Humano’ está enseñando cuáles son todos los genes humanos y, con el tiempo, podrá saberse qué es lo que hacen. Se desarrollará, muy pronto, la capacidad de detectar las deficiencias o debilidades de los genes. “Debilidades” —aclara Anderson quiere decir aquellos que no funcionan óptimamente en el entorno en que vive el portador y que pueden desarrollar una enfermedad grave. Una vez un gen defectuoso o de bajo funcionamiento esté detectado, se tendrá la capacidad de darle al paciente un gen más efectivo. Para el año 2030 podrá haber un tratamiento basado en los genes para cada enfermedad.

Arthur C. Clarke vaticina que la vida bajo los océanos cubiertos de hielo de la luna de Júpiter —Europa— parecerá cada vez más probable y, antes de que lleguemos a la mitad del siglo, se descubrirán grandes criaturas marinas cuando los primeros robots perforen la superficie de Europa, revelando una forma de vida totalmente nueva. Y el fin de siglo verá producirse el desarrollo de un verdadero viaje espacial —un sistema de propulsión que reaccione en contra de la estructura del espacio-tiempo— que hará obsoleto el cohete espacial y permitirá que las velocidades se acerquen a las de la luz: “Los primeros exploradores se marcharán a los sistemas solares que las sondas de los robots hayan encontrado prometedores y entonces la historia comenzará de verdad”.

El científico informático Kevin Warwic y el diseñador Don Norman prevén que la próxima generación diseñará máquinas que se encajen dentro del cuerpo. En 1998, Warwick se implantó un chip de silicio en el brazo haciendo que las puertas se abrieran cuando él se acercaba. Y tiene la esperanza de ligar su cerebro y el de su mujer por medio de chips informáticos para poder leerse el pensamiento el uno al otro.

Francis Fukuyama considera que dichos cambios biotecnológicos pueden hacernos desembocar en el final del ser humano tal y como hoy lo entendemos. Si la medicina avanza lo suficiente, estaremos ahí para verlos. Para algunos será un privilegio; para otros un horror.
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