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| 7/6/1998 12:00:00 AM

A VIVA VOZ

Esta semana Medellín vuelve a abarrotar sus escenarios para que la poesía se tome de nuevo la palabra.

El arribo de 82 poetas de todo el mundo a la capital antioqueña revivirá ese milagro periódico y esperado que desde hace ocho años constituye el Festival Internacional de Poesía de Medellín. A partir del 11 de junio y durantenueve días, 50 escenarios de la ciudad y sus municipios cercanos se convertirán en recintos sagrados para la lírica, donde el oficio será la lectura de poemas de creadores de todo el planeta, en un intento por remover las conciencias y los corazones de un público cada año más numeroso.
Que el festival sea considerado como el evento de poesía que más personas congrega en el mundo es un hecho reconocido por los mismos poetas invitados, quienes se han encargado de consignar sus experiencias vividas en el festival colombiano en más de 20 publicaciones internacionales. La gran acogida del certamen tiene su principal explicación en el propósito inicial de los organizadores, poetas editores de la revista Prometeo, de crear un espacio como respuesta a la turbulencia y la paranoia que había en Medellín a comienzos de la década del 90. El objetivo era tomar una posición frente al terror y el vehículo no podía ser otro que el de la poesía. Entonces la misma multitud que solía atropellarse para asistir a un concierto de rock o a un clásico de fútbol entre Medellín y Nacional sintió la necesidad de hacer lo mismo para asomarse a la poesía y sus diversas manifestaciones orales. En ese ambiente silencioso y vehemente "la palabra danzaba su fuego sacro sobre una ciudad atormentada", según dice el poeta John Sosa, quien en esta edición leerá las traducciones de los poetas de Palestina, Japón y Egipto.
La primera experiencia fue nacional y los 13 poetas invitados se reunieron en un escenario significativo de la cultura paisa: el cerro de Nutibara. El éxito de este conjuro lírico, que congregó 4.000 personas, produjo respuesta inmediata en la formulación de un evento con asistencia internacional. A partir de entonces más de 100 poetas de todo el mundo, de Australia a la Patagonia, pasando por Asia y Africa, han participado bien con la lectura presencial de sus poemas o bien en los talleres de la Escuela de Poesía, que se desarrollan en forma gratuita y paralela al festival.
Si bien el éxito del certamen ha suscitado el incremento de participantes y público año por año, no deja de ser una paradoja que mientras tanto la poesía no se venda en las librerías. Al respecto, organizadores, poetas y libreros tienen sus propios puntos de vista. Los primeros sostienen que hay una tendencia al retorno de la oralidad, muy cercana a la cultura autóctona. Para Angela García, directora ejecutiva de Prometeo, se trata de una tradición ancestral que no se ha perdido. "Nuestros indígenas solían transmitir los mitos, los cánticos y los himnos en forma colectiva. Esta fue una forma poderosa de hacer perdurar la memoria cultural que aún hoy persiste en nuestra sangre. Pero además nutrirse con la voz, con el peso significativo de la palabra oral, es algo universal". Para Jairo Guzmán, otro poeta cercano al festival, la evidencia muestra que la gente prefiere escuchar poesía más que leerla, entre otras cosas porque la poesía no utiliza un solo lenguaje. Existe un universo de lo poético que va más allá de las fronteras impuestas a la lírica. "Fuera del verso libre se conjugan otras manifestaciones bastante particulares, como por ejemplo la del poeta holandés Jaap Blonk, quien indaga en la poesía sonora, una forma expresiva producto de los experimentos de los poetas dadaístas, más cercanos a la onomatopeya". Sainko Namtcylak, poetisa siberiana, añade otro ejemplo a la lista. Ella combina con el sonido la expresión corporal y el performance.
Los poetas, por su parte, sostienen que la poesía no se vende simplemente por falta de información en las librerías, de las cuales quedan muy pocas que brinden verdadera asesoría a los lectores. Y por último, los libreros aseguran que el de poesía no es un lector compulsivo y además por lo general es un comprador joven, muy sensible a los precios de los libros. "Aunque no atrae muchos compradores, el festival genera curiosidad para que mucha gente se acerque a las librerías", dijo Henry Escobar, de la Librería Nacional.
Independientemente de la paradoja, lo cierto es que el Festival Internacional de Poesía de Medellín ha demostrado tener la fuerza suficiente para sostenerse como un evento tan esperado y asistido como el Iberoamericano de Teatro en Bogotá, un fenómeno que, a pesar de suceder en un país de poetas, es un milagro que bien vale la pena alimentar.
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