Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1982/11/15 00:00

VOCACION PROFESIONAL

Mientras escribía un poema, murió hace 20 años Hermann Hesse. Criado en un ambiente puritano, su obra fue asimilando las posturas existencialistas.

VOCACION PROFESIONAL

"... a mí me falta, ante todo, el verdadero respeto por la realidad ".
Hermann Hesse
En un tranquilo amanecer durante el verano de 1962 murió a los 85 años de edad, en la vieja casona de Montagnola, Suiza, el escritor alemán Hermann Hesse. La noche anterior, cuenta Ninon Dolbin, su tercera esposa, lo ocupaba la escritura de un poema para una rama del bosque que había llamado su atención esa mañana "...De una vida demasiado larga, De una muerte demasiado larga, cansada, Aún un verano, aún un invierno...", más tarde estuvo escuchando en la radio una sonata para piano de Mozart y algunas horas depués, mientras dormía, murió de una hemorragia cerebral. Tenía leucemia, pero nunca lo supo.
Hesse, contemporáneo de Thomas Mann, había nacido en la pequeña ciudad de Calw, en la Selva Negra, el 2 de julio de 1877, sobre la región de Suabia-- en la misma que nacieran Heidegger y Bert Brecht. Con ella ambientó cada una de sus obras y parecía no acabar de relatar las vivencias y conflictos de sus primeros años. "Yo conocía al dedillo mi ciudad natal, los corrales de gallinas y los bosques, los jardines de frutales y los talleres de artesanos; yo conocía los árboles, los pájaros y las mariposas, sabía cantar y silbarentre los dientes, y otras cosas que tienen valor para la vida...", decía.
Este año, cuando se cumplen 20 de su muerte, Hesse ha sido objeto de conferencias, homenajes póstumos y celebraciones literarias por quienes lo siguen considerando como uno de los espíritus más selectos de la primera mitad de este siglo. En los años cuando la crítica se preocupaba incesantemente con la obra de Hesse, el denominador común de muchos de sus analistas era el considerarlo como un autor para adolescentes. Los jóvenes alemanes que vivieron los horrores de la Gran Guerra, hallaron en Hesse un escritor que correspondía a sus inquietudes, a sus necesidades y a sus esperanzas. Sus tres primeras obras, "Hermann Lauscher", "Peter Camenzind" y "Demián", especialmente esta última, publicada cuando tenía 27 años, cambiaron de plano las teorías y los plantea mientos de la literatura alemana junto con el trabajo que por su parte realizaba su amigo Thoman Mann.
Si algo caracteriza a Hesse en el marco literario europeo es su decidida vocación confesional. El, quizás como ningún otro creador importante de esas décadas intensas es uno de los personajes que actúan más imbuidos por las fijaciones de un credo religioso, de una necesidad de hallar angustiosa y apremiantemente respuestas sobre el significado del hombre y su ansia de belleza. Criado en el estrecho ambiente de dos padres puritanos --misioneros protestantes--, Hesse recibió toda la influencia de la moralidad pietista y conservadora más ortodoxa.
Pero cuando sus padres fueron enviados como misioneros a la India surgió uno de los mayores conflictos en la inteligencia de Hesse que empezaria desde su experiencia y contacto personal con la religiosidad animista de Oriente, a enfrentar cada vez con mayor acritud la espiritualidad cristiana de la cultura occidental. Aunque hasta su muerte Hesse no se desprendió por completo de las inevitables huellas síquicas y religiosas que le dejó el cristianismo racionalista del Norte de Europa, fue sí, uno de los pensadres líricos que trató con más insistencia de implantar en Europa y los Estados Unidos un sincretismo que él mismo nunca pudo definir consistentemente. Toda la ambiguedad que contienen los escritos de Hesse desde los panegíricos violentos en su revista "Marz", creada para atacar la política autocrática de Guillermo II, hasta "El Lobo Estepario", su libro más decididamente existencialista, revelan un mundo en conflicto, inacabado, en permanente búsqueda, que lo hace altamente atractivo para mentes en formación.
Hay, sin embargo, aspectos que resaltan con gran claridad a lo largo de toda la producción hessiana: sus propuestas de regreso a la naturaleza, que lo emparentan con la filosofía del norteamericano Henry David Thoreau y los últimos años de Tolstoi; sus esfuerzos por construir una moralidad sana sobre la cual pueda basarse el futuro de la humanidad y la urgencia de reconocer como un todo los principios espirituales que defienden los hombres de todas las creencias.
Uno de los biógrafos y estudiosos insistentes de la obra de Hermann Hesse es el español José María Carandell. En uno de sus numerosos ensayos sobre la totalidad de los escritos hessianos, evoca la presencia de tres momentos claves para descifrar la evolución en el pensamiento literario del autor alemán. Una primera denominada "Movimiento de juventud" que tuvo a "Demián" como su portaestandarte.
Una segunda etapa está marcada por el auge del existencialismo que ya había esparcido su levadura con el danés Kierkegaard y halló su terreno con la explosión de la Segunda Guerra especialmente entre pensadores y escritores alemanes y franceses. Es esta, posiblemente, la época de la producción más excepcional de Hesse, con todo y ser una de las etapas más críticas en la vida privada de Hesse. Como un eterno caminante, casi un vagabundo, Hesse experimenta todo el desarraigo, la incomunicación y el cambio de valores de la generación de postguerra que lo convierten en uno de los escritores más atractivos en todos los idiomas en que comienza a ser traducido. En Alemania, por esos años, Hesse se vuelve lectura obligada en escuelas y colegios, y como anota Carandell "en parte a esto se debe que para los alemanes de hoy Hesse sea un típico y adecuado autor de adolescencia".
La tercera y final etapa de la creación de Herman Hesse se desenvuelve como un intento de reconciliar todas sus posiciones filosófico-religiosas argumentadas en sus escritos anteriores: el naturalismo del "Walden" de Thoreau, su declaración última sobre el cristianismo occidental (al cual reconoce como el sistema más realista entre todos los conocidos, por acercarse mas a las necesidades espirituales del hombre), su vocación por una vida errante y el esteticismo altamente lírico que lo hacen, contradictoriamente, un artista, casi un pintor, del Renacimiento. Carandell, Henry Miller y Freedman, tres devotos del escritor alemán, observan los últimos años de Hesse, los comprendidos entre 1950 y 1962, como un escritor de la contracultura, defendida por la aparición del hipismo y de una "corriente realista que pone su acento en la subjetividad".
Es de ese rechazo suyo a las pretensiones facilistas del hombre mecanizado y apartado de lo espiritual, de donde surge toda su obra. Una obra que lejos de poder encasillarse como lectura para estudiantes de escuela, sigue presente ahí como alternativa vigente a las preguntas del hombre contemporáneo. María del Pilar Prieto E.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.