17 noviembre 2012

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Voces del 9 de abril

Por Luis Fernando Afanador

LIBROSEl dramaturgo Miguel Torres presenta la segunda novela de su trilogía sobre el 9 de abril que comenzó con 'El crimen del siglo'.

Voces del 9 de abril. ‘El incendio de abril’ es la cuarta novela del escritor bogotano Miguel Torres.

‘El incendio de abril’ es la cuarta novela del escritor bogotano Miguel Torres.

Foto: PAOLA CASTAÑO/SEMANA

El incendio de abril
Miguel Torres
Alfaguara, 2012
358 páginas

Si tuviera que recomendar un libro sobre el 9 de abril, no vacilaría: El incendio de abril, de Miguel Torres. Acabo de leerlo y siento todavía el horror, el dolor y –por qué no- la fascinación de haber estado allí: desde que le dispararon a Gaitán a la 1:15 de la tarde hasta la madrugada del día siguiente, cuando Bogotá quedó devastada por la hecatombe que produjo el magnicidio. Es más: creo que lo vi todo desde varias perspectivas y en forma simultánea. Por supuesto que hay grandes y detalladas crónicas históricas sobre este episodio como El Bogotazo, de Arturo Alape y Mataron a Gaitán, de Herbert Braun. Pero ninguna de ellas, a mi juicio, lo transmite y lo sintetiza como esta novela. La pequeña ventaja del arte sobre la historia. La diferencia entre Guerra y Paz, de Tolstoi y las narraciones históricas sobre la invasión napoleónica a Rusia. La literatura no solo es conocimiento del mundo, también es experiencia, “Como si hubiéramos estado allí”.

El día y la noche: la primera parte está conformada por 64 testimonios de historiadores, periodistas, médicos, diplomáticos, oficiales de la policía y el ejército, fotógrafos, estudiantes y desde luego por el ‘pueblo gaitanista’: taxistas, obreros, tenderos, ladrones, conductores de tranvía, desempleados, policías, aseadores, boticarios y gente sin oficio conocido. El historiador Alfonso Garcés Ordóñez, desde su lugar privilegiado del café Molino, al frente del edificio donde mataron a Gaitán, pese a lo vertiginoso de los hechos, está seguro de haber escuchado cuatro disparos y haber visto al menos tres hombres involucrados en el crimen, uno de ellos –distinto al que linchará la turba minutos después– con un vestido carmelito y un revólver en la mano, quien fue detenido y luego liberado por un par de policías. El periodista uruguayo Sergio Casalis, acreditado para cubrir la IX Conferencia Panamericana, desde su habitación en el tercer piso del Hotel Granada, diagonal al lugar donde cayó Gaitán, corrobora la tesis de los tres asesinos. Donde la investigación histórica se detiene, puede empezar la ficción con conocimiento de causa. Quizás nadie ha estudiado este tema como Miguel Torres. Y, por eso mismo, nadie como él para llenar tantos interrogantes y vacíos. Establecido lo anterior –el rigor del autor– podemos seguir los acontecimientos verdaderos, enriquecidos y matizados por la vivencia de los protagonistas, a la larga, lo que verdaderamente nos conmueve. Dice Celso Rodríguez, el taxista que llevó a Gaitán a la Clínica Central: “La cojinería del asiento de atrás y el piso del carro estaban llenos de sangre. Era la sangre derramada por Gaitán. Decidí que no iba a limpiarla, que iba a dejar mi taxi así para toda la vida”. Esa es la apuesta novelística, el detalle preciso, nítido, memorable, de lo que efectivamente ocurrió o pudo haber ocurrido: los dirigentes liberales atrapados en un teatro viendo una película de terror (¿otra?); el director de Medicina Legal, miembro del partido conservador, huyendo del Jockey Club en un carro funerario; la mujer que asesina a su marido por infiel y lo camufla en la pila de cadáveres anónimos; el poeta malandro; el olor insoportable, la luz cenicienta, la lluvia y el frenesí de muerte de aquel viernes. Y, por qué no, la rabia de Ramón Delgado, un instructor de automovilismo que detestaba a Gaitán: “Por fin le dieron a ese negro hijueputa. Ya era hora”.

La noche: la segunda parte, es una bella y desgarrada historia de amor en el país de los muertos. Ana, una ‘rola’ de ascendencia francesa que vive en la Candelaria, busca desesperadamente a su esposo, arriesgando su vida entre las llamas y los francotiradores.

La noche y el día: la tercera parte, es el esperpento y el absurdo, lo cómico y lo patético. En una casa abandona de un barrio del norte, varias familias burguesas se refugian esperando el inevitable asalto de la horda gaitanista. “La aversión generalizada hacia los pobres, que para mí era la esencia pura de Bogotá” decía Herbert Braun. Miguel Torres ha recreado con talento esa aversión y ha contado la otra mitad de la historia nunca antes contada de “el día del odio”.
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