Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1987/05/18 00:00

VOLVER AL FUTURO

Nueva expresión, una exposición en la que los pintores miran atrás para seguir adelante

VOLVER AL FUTURO

Para aquellos interesados en continuar o desvirtuar la controver sia acerca de si es buena o malo la influencia del neoexpresionismo en Colombia es necesaria una visita a la Galería Garcés-Velásquez de Bogotá donde se muestra, y hasta la segunda semana de mayo, una muy decente exposición titulada "Nueva expresión" con obras de tres artistas colombianos jóvenes, de un suizo y de un alemán, estos dos últimos no tan jóvenes. La "expresión" a la que se refiere la exhibición tiene que ver, generalizandó, con una fuerte dosis de romanticismo, evidenciada en los temas -las bañistas alegres pero aisladas de Bibiana Vélez (Cartagena 1955) o las ruinas antiguas despedazadas de Albert Merz (Unteragerl, Suiza, 1942)- y en la composición por medio de la intuición, de la emoción, y de los sentidos, que se aleja deliberadamente de las prácticas académicas, como los violentos puntos de vista de Hilda Piedrahíta (Medellín, 1957) y de Hermann Schenkei (BiberachRiss, Alemania, 1948), quien es el que más recuerda a los expresionistas alemanes de los años 20s, particularmente a Grosz y Beckmann.
Precisamente es esta referencia histórica la que vincula a los cinco artistas a un pasado de la historia del arte y que es, aparentemente, un hecho en las tendencias internacionales de los últimos años. Tal característica es más evidente, como ya mencioné, en los dos europeos pero en los colombianos se transforma en cierta vitalidad doméstica, como en las obras de Luis Stand (Barranquilla, 1950) quien utilizando una base estilística curiosa, mezcla de Chagall y artesanía costeña, nos sitúa en un pequeño universo garciamarquezco, donde los objetos flotan con misteriosa naturalidad. Las bañistas de Bibiana Vélez no solo nos recuerdan dos grandes Bs de la historia del arte, Bonnard y Botero, sino que también parecen estar alojadas en el mundo introvertido de la ironía y la perversidad leve, donde la diversión es tanto para ellas como para nosotros.
La más evidente relación formal entre las obras de Stand, Vélez y Piedrahíta es la manera en que cada uno soluciona el problema figura fondo: existe en todos sus trabajos la sensación de un espacio que rodea los objetos pintados -sean animados o inanimados- pero que al mismo tiempo los hace "flotar". Los interiores rectilíneos y precisos de Piedrahíta funcionan mejor como ensamblajes de formatos cortados donde las cosas físicas (una silla, una planta, un cuerpo muerto) contienen un silencio mágico. Stand quiere mantener la ilusión de una fusión mayor, y a pesar de que los objetos flotan en un espacio bastante abstracto, la totalidad se rige por una misteriosa lógica interior que no quiere ver mucho con la lógica matemática. El problema planteado por Bibiana Vélez es un poco más complejo pues sus bañistas o amantes exhiben una más amplia compenetración perspectiva: olas que marcan diferentes planos, colores que separan definitivamente, alusión a espacios exteriores muy conocidos; sin embargo, ella ilumina estos espacios para convertirlos en una especie de telones de fondo, donde las figuras deambulan deliciosa y malévolamente.
Los trabajos de Merz y Schenkel son obviamente más "expresionislas" por el uso rápido y violento de la línea, por la mayor dislocación de las composiciones, especialmente en Merz quien combina alusiones a pasados lejanos -por la presencia de bustos, pedestales y piedras rotas- con siluetas rituales de animales, en un intento, supongo por unir dos tipos de mitologías la clásica y la contemporánea. Los retratos y autorretratos de Schenkel más comunes, aluden también a un pasado, aunque más reciente y más alemán. Sin embargo, ninguno de los dos artistas europeos encierra la fuerza expresionista y la originalidad de otros artistas alemanes actuales, como Penck, Tannert o Immendorff. A pesar de esto, y por la fina calidad de su trabajo, es bueno tenerlos aquí para poder confrontarlos con los colombianos.
Efectivamente, en las obras de Stand, Vélez y Piedrahíta podemos ver significados que revelan la claridad de una problemática visual unida a la intención de querer abrir para nosotros universos personales, íntimos. Aunque creo que el verdadero talento, el más natural y fresco de estos tres artistas, es el de Bibiana Vélez, creo también que cada uno de ellos desea situarse dentro de una panorámica amplia pero así mismo más "regional" y -¿aventuradamente?- colombiana, en el sentido de que nos muestran cosas que vemos y conocemos aquí.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.