Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1987/10/26 00:00

VOLVER A LA RAIZ

En su última exposición, Ana Mercedes Hoyos da la vuelta completa: de lo más abstracto a lo más concreto

VOLVER A LA RAIZ

Las "Palanganas dé Palenque" que exhibe Ana Mercedes Hoyos en la Galería Alfred Wild han sido concebidas dentro del más estricto rigor visual, comparable tan sólo al rigor técnico con que las palenqueras cortan sus papayas, melones, patillas y cocos. La variedad formal que se puede observar en cada "bodegón" proviene necesariamente del arreglo original del modelo real pero Hoyos ha transformado esa fuente de inspiración en composiciones del más sencillo y brillante gusto pictórico.
La exposición consta de algunos cuadros grandes aunque el núcleo principal de pinturas lo constituye un grupo numeroso de cuadros pequeños, que se ven acogidos con placer en el espacio íntimo y seguro de la galería. Por supuesto, los cuadros de mayor tamaño presentan composiciones complejas y exuberantes; vistas generalmente desde arriba, las frutas cortadas (piña, papaya, patilla) son mezcladas con frutas enteras pequeñas (nísperos, zapotes) para crear el ambiente sereno y recogedor que caracteriza el mejor bodegón. Así mismo, esta mezcla produce una extraordinaria riqueza colorística que Hoyos controla al máximo para, supongo, no dejarse llevar por la "emoción del trópico".
En una "Palangana" de formato rectangular (extraño en la obra general de Hoyos) la pintora explora las posibilidades "barrocas" del bodegón y la sombra de una figura humana (¿vendedora?) atraviesa diagonalmente el platón de frutas; esta sombra, en un violeta grisáceo, añade cierto toque metafísico a la composición general y la convierte en una historia, en un cuento. De otro modo, los cuadros pequeños muestran vistas muy cercanas de cada fruta, poseídas de un colorido rico pero atenuado que hace que las frutas absorban una luz exquisita y sobrenatural. En las pinturas de Hoyos no se ven los colores estridentes y "puros" de algunos pintores costeños --o los relamidos y constreñidos de pintores cachacos-- que también pintan frutas; al contrario, sus frutas revelan un extraordinario conocimiento de la mejor técnica en la aplicación del color, curiosamente una que reúne clasicismo y cubismo al mismo tiempo.
Precisamente, la atmósfera de intimidad que se percibe en todas las obras expuestas ahora viene, con seguridad, de una austera ausencia de detalles narrativos; de lo que están repletas estas frutas tropicales es de una increíble personalidad "a color" ya que todo el poder expresivo de las formas se escapa por medio de zonas de color superpuestas: en una de sus mejores pinturas aquí, Hoyos pinta una raya gris-blanca en la parte superior de un pocillo metálico que, realmente, hace que toda la estructura compositiva gire a su alrededor. Esto es, creo yo, un ejemplo de pintura brillante. Por eso, las "Palanganas" de Hoyos, más que recordarme a Zurbarán o Kalf me traen imágenes de Giorgio Morandi. Como los bloques y botellas de éste último, las frutas y platones de Hoyos impregnan la memoria de una delicada y sutil materia silenciosa.
Resulta gratificante que Ana Mercedes Hoyos haya logrado extraer de un tema algo banal y demasiado popular una riqueza visual tan homogénea. Aquí no hay impulsos populistas ni demagógicos sino que, al contrario, las palanganas de las negras cartageneras comienzan a adquirir un rango superior (por su "transformación") por medio de azules profundos, rosados blanqueados y grisvioleta. De tal manera, por esta inteligente combinación de tonos, cada fruta se ve envuelta de una luz que es tropical pero también cultural, que es del Caribe pero también es del taller. Lo más exquisito de estos bodegones de Ana Mercedes Hoyos es que disfrutan de una inmensa herencia: la de la naturaleza y la de la pintura.--

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