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| 10/1/1984 12:00:00 AM

VOZ Y VOTO

Después de 9 años, la ópera en Colombia está llegando a su mayoría de edad

La temporada de ópera de este año culmina con una auténtica fiesta musical. Después de Verdi, Rossini y Beethoven, el ciclo le cierra pomposamente el encantador Mozart con una de sus más ambiciosas y logradas composiciones, hito indiscutible de la ópera bufa: "Cosí fan tutte, o la escuela de los amantes". Y sea apenas justo reconocer el valioso esfuerzo emprendida por Colcultura y Asartes por hacer de esta joven temporada operática en Colombia un espectáculo profesional de evidentes calidades. Bajo la orquestación general de Francisco Vergara, no sería prematuro ni en extremo generoso estimar que el arte operático en Bogotá está llegando a su mayoría de edad, pese a sus breves nueve años de vida. Ciertamente que restan muchos senderos por transitar e importantes lecciones que aprender, pero las óperas que se han representado en el país en el transcurso de los últimos años acusan un reconfortante sentido del progreso y de la conquista artística en trance de permanente superación. En esa progresiva evolución hacia la madurez que han significado las interesantes experiencias musicales del Teatro Colón (la sabiduría es una lenta paciencia, recuerdan voces mayores), la precocidad de nuestra ópera puede dibujarse en las actuales circunstancias a grandes trazos, así: un magistral elenco de solistas femeninos en contraste con la fugaz presencia de escasos solistas masculinos ahora felizmente reforzados con voces extranjeras de reconocido prestigio, un coro cada vez más poseído por el espíritu de la música y del teatro con atisbos profesionales, una escenografía recursiva y adecuada que ha hecho gala de fina imaginación así como de acertados efectos, y una orquesta que, a pesar del esfuerzo conjunto de directores e intérpretes, continúa agobiada con los síntomas de su debilidad casi consuetudinaria... la indisciplina, el escaso rigor en la ejecución, el estrépito. Es en el foso de la orquesta donde paradójicamente tiene nuestra ópera que concentrar todas sus energías revitalizadoras, camino a su plenitud artística. Pero de lo que sí queda una grata certeza navegando en la atmósfera musical es que en el espacio múltiple de la ópera en Colombia se han salvado importantes escollos, gracias al empeño de entidades y artistas, carta de garantía de un espectáculo cada vez más maduro y perfecto. También en la exigente tradición del "bel canto" entre estas coordenadas andinas se cumplirá eloptimista adagio de que hoy fue mejor que ayer y mañana será, seguramente, mejor que hoy.
Aunque el singspiel (forma recitada nacida de la fusión de la ópera cómica francesa y de la ópera bufa italiana de gran auge durante la segunda mitad del siglo XVIII) desempeñó un rol crucial en la creación de la ópera nacional alemana, en un combate por eliminar la supremacía de la música dramática italiana, fue Mozart quien cosechó los más atractivos aciertos y los más significativos logros. Con ello, el joven compositor que vivió un irrenunciable influjo italiano no sólo buscaba musicalizar un texto alemán sino llegar a una forma expresiva específicamente alemana. De allí que la ruta iluminada trazada por sus distintas óperas, aun las concebidas sobre libretos italianos, acusen la búsqueda de un estilo cuya feliz culminación es "La flauta mágica", apoteosis de la música y del idioma alemán. Entre 1770 y 1791 Wolfgang Amadeus compuso una deslumbrante serie de óperas donde alternan magistralmente los géneros dramático y bufo. Patéticas y líricas, pertenecen al primer grupo "Mitrídates", "Idomeneo" y "La Clemencia de Tito"; vivaces y humanas, las de la segunda categoría son quizá la cima de su estética: "Las bodas de Fígaro", "Don Giovanni" y Cosí fan tutte.
El texto de Cosí revela antecedentes evidentemente literarios por dos razones contundentes: de un lado, un mosaico de elementos típicos de cierta clase de poemas clásicos (la fidelidad puesta a prueba, los disfraces, el envenenamiento fingido, el intercambio de esposas); y del otro, la familiaridad del libretista Lorenzo da Ponte con notables autores latinos (Dante, Petrarca y Tasso) en la composición de otras óperas del propio Mozart ("Don Giovanni") o de Martini y Salieri. Al parecer, los orígenes de Cosí fan tutte se remontan a "Las Metamorfosis" de Ovidio y al "Rolando Furioso" de Ariosto donde tienen lugar también las festivas batallas entre los sexos. Mientras los personajes evolucionan por parejas, la forma musical lleva la impronta del esquema mismo del libreto. La extraordinaria geometría de esta ópera se apoya en el brillo del detalle y en el equilibrio del conjunto. La sensualidad y el cinismo que destila la historia cantada por los seis solistas conducen a una moraleja de tradicional acento: el amor del hombre se reduce a la vanidad de la conquista o a la verguenza del engaño y la fidelidad tan pregonada de la mujer es flor de un día ("así son todas"). No obstante Beethoven encontrara inmoral el mensaje de "Cosí", la ópera se regodea en los matices de la pasión y en las sutilezas de la inteligencia que juegan y resplandecen. Ninguna otra ópera de Mozart tan justa y generosa como ésta para paladear su maravillosa combinación de facilidad y fantasía musicales.--
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