Viernes, 20 de enero de 2017

| 1997/08/04 00:00

VUELTA A LOS ORIGENES

En su nuevo disco Antonio Arnedo vuelve a matizar el ambiente típico del 'jazz' con una dosis de ritmos colombianos.

VUELTA A LOS ORIGENES

Antonio Arnedo puede darse el lujo de ser el único músico de jazz colombiano con un contrato discográfico en el país que le permita, por lo menos durante un buen tiempo, publicar sus trabajos. Ya el año pasado su experiencia en este campo se tradujo en Travesía, un disco de alta factura en el que los ingredientes autóctonos de la música nacional se agregaban sutilmente al espectro tradicional del jazz en un ambiente amplio, enmarcado por una libertad y naturalidad tales que permitían hablar de jazz con sonido colombiano.
La experiencia está respaldada ahora por una nueva producción titulada Orígenes, que en sonido y concepto parece repetir la fórmula del anterior, pero que descubre dos elementos fundamentales. Por un lado, un jazz mucho más urbano, en ciertos momentos más denso y enérgico. Y por otro, una búsqueda y desarrollo en torno de la música tradicional, indígena en algunos casos, que sólo pretenden y logran realzar su valor como elemento cultural.
De hecho, los dos temas de apertura de este álbum marcan la pauta. El fraseo inconfundible de Arnedo, junto a una melodía a veces agresiva, a veces delicada, en la que saxo y guitarra llevan los papeles protagónicos, acompañados por una percusión candente, amplia e intensa caracterizan a La Visión, mientras que un juego percusivo de palmas como respaldo a un bajo líder, delicado y experimental, en el tema tradicional Canto Waunaná, enfoca el sentido de búsqueda del álbum.
En esta experiencia de acercamiento a la tradición su mejor logro es Velo qué bonito. Por su parte, las piezas compuestas por Arnedo hacen nuevamente un llamado a ritmos como el cumbión, el bambuco, el torbellino y el chandé, con una presencia sutil pero efectiva para hacer de éste una buena producción de jazz.
La cercanía de esta producción con su anterior (Travesía) está en su grabación y mezcla, nuevamente realizadas en Nueva York y en la presencia del mismo elemento humano: Arnedo en los saxos y flauta de madera, el norteamericano Ben Monder en la guitarra, el colombiano radicado en Estados Unidos Jaír Moreno, en el bajo, y el baterista y percusionista japonés Satoshi Takeishi. El único defecto del disco, lamentable por cierto, la pobre presentación de su carátula y librillo interior.

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