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| 10/28/1996 12:00:00 AM

VUELVE Y JUEGA

En tiempos de crisis los concursos parecen ser una buena carta, como lo demuestra el regreso a la pantalla chica de dos de los fundadores del género.

Desde la inauguración de la televisión pocos géneros han demostrado un matrimonio tan efectivo con el medio como los programas de concurso. En Europa y Estados Unidos desde el inicio fueron los reyes de la audiencia, como lo recordó últimamente la película Quiz Show, en la cual se retrataba la histeria colectiva que producía en los años 50 cada emisión en la que se perdía o ganaba un jugoso tiquete al almibarado y sonrosado sueño norteamericano repleto de electrodomésticos y dólares sin estrenar. En Colombia no se tardó mucho en fusilar toda su parafernalia de escenarios brillantes, mujeres glamourosas, acertijos, trampas y laberintos, nunca demasiado intrincados para permitir transitar por ellos los ojos asombrados y agradecidos del hombre común que, al menos por un día, podía sentirse diferente al resto de los mortales con solo recordar bien el nombre de una flor o un animal. Y en esta historia de retos, aplausos, mujeres de lentejuelas y alegrías prefabricadas a la luz de bombillos fosforescentes sin duda hay dos grandes sacerdotes que exacerbaron y condujeron las expectativas de un pueblo provinciano, ingenuo y dispuesto a la diversión fácil. Se trata por un lado de Pacheco, el animador por excelencia, que basó precisamente su carrera en el arte de manipular, retardar, intrigar y finalmente bendecir con la entrega de billetes, máquinas de coser, televisores y todo tipo de juguetes de consumo que atormentan a la clase media. Compre la orquesta, Sabariedades, El programa del millón , entre otros, fueron los escenarios en los que este hombre modeló el perfil efectivo del concurso entre los colombianos. El otro forjador de un estilo propio es Julio Sánchez Vanegas con su recordado Concéntrese, en el cual nerviosos concursantes se esforzaban por cazar parejas en un gran tablero y luego debían someterse a la tortura de extraños jeroglíficos. Esta fórmula criolla, adaptada de un programa gringo, ha sido uno de los grandes éxitos del género en Colombia y aun en Latinoamérica, donde fue copiado por varios países. Pues bien, después de ocho años de receso de Pacheco y 10 de Vanegas, las programadoras RTI y JES, respectivamente, han decidido revivir sus experiencias con un toque contemporáneo. La razón de lanzar el concurso Quiere Cacao, por un lado, y por el otro de una nueva versión de Concéntrese, para algunos es que la televisión colombiana está saturada de dramatizados y ya era hora de pensar en alternativas. Pero otros piensan que en los tiempos de crisis actuales y con las necesidades cada vez mayores de producir en serie y barato, muy pronto se presentará una explosión de programas de este corte, como está sucediendo en muchas televisiones internacionales. Por el momento sólo queda esperar que este género vuelva a tener la altura que alguna vez tuvo y que no se siga con la racha de concursos de baja producción y mal gusto como los generados por el inconfundible estilo de Hernán Orjuela, el último rey del negocio. Estas nuevas propuestas, con toda su tradición, tal vez puedan lograrlo.
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