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| 10/3/1994 12:00:00 AM

WYATT EARP

Más que entretenimiento, la versión de Kasdan sobre el legendario personaje del Oeste, parece una clase de historia.

WYATT EARP es uno de los mayores mitos del Oeste estadounidense. Cazador, conductor de diligencias, jugador y tratante de ganado, como sheriff se convirtió en el emblema de los comisarios durante la segunda mitad del siglo XIX. Amado por unos y odiado por otros, de Earp dicen que murió de viejo sin haber recibido ni siquiera el roce de una bala.

Su historia, varias veces llevada al cine interpretada por actores de la calidad de Henry Fonda, Joel McCrea, James Garner y Kurt Russell -en la reciente Tombstone-, fue inmortalizada en 1957 en la película Duelo en el O.K. Corral, protagonizada por Burt Lancaster en el papel de Wyatt Earp y Kirk Douglas como Doc Holliday, su famoso compañero de bala. A partir de entonces, Earp y Holliday constituveron uno de los capítulos clásicos del western.

Kevin Costner, después de haberse convertido en el rey de Hollywood con Danza con lobos, decidió consagrarse con la versión definitiva sobre Wyatt Earp. Con ese objetivo se asoció en la producción con Laurence Kasdan, el realizador de Silverado y quien se encargaría de dirigir esta nueva versión.

Sin embargo, la obra maestra que Costner pensaba que iba a ser, no fue. Por tratar de ajustar estrictamente a la realidad la vida de un personaje legendario, desdibujó una imagen que había quedado guardada en el recuerdo de los espectadores como inmortal.

Históricamente existen dos interpretaciones sobre Wyatt Earp. La primera, que fue un héroe noble, generoso y entregado al cumplimiento de la ley. La segunda, que fue un hombre frío y despiadado para impartir justicia, no siempre por los medios más ortodoxos. Cualquiera de las dos habría sido suficiente para construir la historia. Pero Costner, al intentarlo bajar del pedestal, lo único que logró fue presentar a Wyatt como un personaje normal, lo cual para muchos posee una lógica histórica pero no cinematográfica. Al fin y al cabo los amantes del western están acostumbrados a la frialdad de los pistoleros, a los duelos espectaculares, a las demostraciones de velocidad al sacar el revólver y a cosas por el estilo. En este sentido el western real no tiene mucha gracia y decepciona en una historia sobre el sheriff más famoso de los Estados Unidos.

En favor de Kasdan y Costner es justo reconocer la suntuosidad de la producción, la cual no omite ningún detalle para hacer de la realización un verdadero lujo. Costner, en el papel de Earp, no tiene mucha fuerza. En cambio, a pesar de no ser presentado en la dimensión mitológica que se merece, la representación de Dennis Quaid como Doc Holliday, es uno de los mayores aciertos de una cinta que, no obstante, parece más una clase de historia; y como clase de historia, bastante larga si se tiene en cuenta que dura un poco más de tres horas.

La desmitificación del héroe gusta a los historiadores pero frustra a más de un cinéfilo.-

CON HONORES
Un híbrido entre "La sociedad de los poetas muertos" y "Pescador de ilusiones".

UN INSIGNE estudiante desea graduarse con X honores de la Universidad de Harvard y el único requisito que le falta es entregar su tesis a tiempo. Durante este lapso conocerá a un mendigo que le cambiará radicalmente su visión del mundo.

De este argumento parte la trama de Con honores, la reciente realización del director Alek Keshishian, protagonizada por Brandon Fraser y Joe Pesci.

La película está inspirada en La sociedad de los poetas muertos, de Peter Weir; pero también tiene algo de Pescador de ilusiones, la cinta en la que Robin Williams, en el papel de pordiosero, marca la vida de un locutor de radio.

En realidad es una mezcla de ambas, pero mucho más superficial y predecible. Desde el instante en que el estudiante se encuentra con el mendigo, ya se sabe lo que va a suceder: el presumido joven abrirá su mente gracias a las enseñanzas del sabio callejero.

Ideales de nobleza, humanidad y democracia están presentes en el filme. Pero los diálogos son muy débiles para llamar la atención. En última instancia, la pretensión del director por emular la película de Weir se queda corta y termina siendo una muestra caricaturesca de la poca visión estudiantil en relación con la realidad.-
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