Martes, 21 de febrero de 2017

| 1992/11/16 00:00

¿Y QUIÉN ES ÉL?

Todos están preguntando qué escribe y qué piensa el Premio Nobel de Literatura.

¿Y QUIÉN ES ÉL?

¿Y QUIÉN ES ÉL?
COMO EN LA LEtra pegajosa de la canción de José Luis Perales, la gente de la cultura en el país amaneció el pasado 8 de octubre preguntandose quien era ese escritor desconocido al que se había otorgado el Premio Nobel. El asombro creció cuando se supo que era de aqui cerca, de un país de las Antillas y, sin embargo, casi nadie había leído un verso suyo, excepto uno que otro escritor muy versado en la literatura contemporánea escrita en lengua inglesa.
Y para rematar fue imposible a los interesados conseguir una muestra de su poesía traducida al castellano. El lo prueba, una vez más, el aberrante aislamiento cultural de nuestros países o, como diría un político,la "albanización", cada día más profunda, de nuestra vida cultural.
POLITICA Y NOBEL
Lo anterior resulta aún más incomprensible en el caso de Derek Walcott porque se trata, sin duda alguna, de un escritor muy importante, de esos que merecen un premio Nobel, cosa que a veces no ocurre con los favorecidos: se sabe que entre los criterios para otorgarlo influye decisivamente la política. Y de ahí, por cierto, que haya quienes se preguntan que habra querido decir la Academia Sueca al entregarlo este año del V Centenario a un antillano, como aparente homenaje al evento, pero oriundo de una antigua colonia británica y que, por tanto, ha escrito su obra en idioma inglés. Los expertos interpretes de estas salidas nobelescas que los hay, tienen un chusco tema para explotar.
La verdad, sin embargo, es que en este caso poco importa el tema político, porque Walcott tiene una vasta y notable trayectoria de escritor y, además, su obra enriquece y aporta mucho a la poesía contemporánea por el uso novedoso e inteligente que hace en ella de su condición de mestizo y de caribe.
La mejor presentación que se puede hacer de Walcott la proporcionan unos versos suyos, traducidos aquí en forma literal: "Yo solo soy un negro cobrizo que ama el mar, tuve una sólida educación colonialista, hay en mí el holandés, el negro y el inglés pero no soy ninguno de estos, soy una nación". Magníficas palabras para aludir a ese enmarahado cruce de culturas y de razas que en el confluyen, a esa Babel genetica asentada en la isla de Santa Lucía "donde -según un hermoso verso suyo- declina el sol cansado del Imperio". Allí, en esa ex colonia británica, nació en 1993 y "la sólida educación colonialista" a que se refiere, la recibió en la West Indias University; publicó su primer libro, 25 poems, en Trinidad en 1948 y a este le siguieron 11 más, unos editados en Inglaterra, otros en los Estados Unidos.
Según el poeta soviético Joseph Brodsky, gran conocedor de la obra de Walcott, este no es tradicionalista, ni moderno, no pertenece a ninguna escuela y puede ser al tiempo expresionista, naturalista, surrealista, imaginista, hermetico, confesional. Tal acierto da una idea de la complejidad y la riqueza de la poesía del escritor antillano.
En realidad Walcott hace suyas, sin beneficio de inventario, las herencias culturales que recibió: combina la rica imagineria y el dialecto caribe con las formas inglesas tradicionales, lo que hace de él, como lo definió un certero crítico, "un hombre del siglo XX con sensibilidad isabelina para el lenguaje". Hace suyos también el color y la miseria de su pueblo, enumerando en forma épica -la épica es su tono y su forma de poetizar- una realidad abundante, contradictoria y abigarrada. Así, sus temas son los barcos abandonados, las casas en ruina, los augurios, los políticos coluptos y los contrastes entre la riqueza y la extrema pobreza.
Pero también su gran tema es la naturaleza, a la que trata con imagenes deslumbrantes. Su poema titulado "Yo, luna", traducido aquí literalmente, da una idea de su convivencia visceral con la naturaleza: "Lentamente mi cuerpo se vuelve un sonido, lentamente me convierto en campana, en óvalo, en ocal sin cuerpo crezco, una lechuza, una aureola, fuego blanco".
HOMERO ES ANTILLANO
Atrás se decía que la poesía e Walcott tiene sonancias épicas y con ello se vela el carácter eminentemente narrativo de su estilo. Pero su gran acierto es haber sabido asimilar a la poesía los recursos formales es la ficción. Esto toma forma plena y lograda en su último libro, publicado en 1990:
Omeros. Es un largo poema, es casi nueve mil versos, divido en 64 capítulos y escrito en tercetos. Aquí Walcott se propia de la Iliada y la convierte en una epopeya carimíticos personaje del poema griego en escenarios contemporáneos.
Así, por ejemplo, Helena es una bella mesera, cuyo amor es disputado por Héctor y Aquiles, dos Descadores negros, como es negra también Helena. Esta ama a Aquiles, pero se pelea con él y se va con Héctor, quien deja el mar y se convierte en chofer de taxi. Entre los personajes figuran el Mayor Plunkett, quien había peleado con Montgomery en la Octava Armada al norte de Africa. La intrincada relación del Mayor y su mujer Maud, ambos blancos, con los personajes negros es el núcleo del poema. El narrador tiene multiples voces: es el propio autor, es un ciego conocido como "de los 7 mares", es otro ciego llamado "el narrador de los ojos blancos".
Me he detenido en la parte anecdótica del poema, porque esos detalles sirven para dar una idea del mundo cultural de Walcott. Se pasea a sus anchas por Dublin, Londres, Santa Lucía y sin complejos vive voraz e indiscriminadamente su múltiple y milenaria herencia cultural, sin caer en la trampa de pensar que se trata de una manera artificial de integrarse a unas culturas ajenas. Este prodigio sólo lo había logrado entre nosotros, con muy distintas características y óptica, Rubén Darío: el mestizo genial que seducia a Cleopatra, se paseaba por exóticos jardines dieciochescos, hablaba con Caupolicán, amaba a Galatea y oía suspirar a Netzahualcovolt.

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