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Pedro Sorela
Dibujando la tormenta
Alianza Editorial, 2006
470 páginas
De este libro se puede decir cualquier cosa, menos que pasa inadvertido. El subtítulo mismo ya es provocador, una tesis discutible: el autor dice que Faulkner, Borges, Stendhal, Shakespeare y Saint-Exupéry son "los inventores de la escritura moderna". ¿Shakespeare al lado de Saint-Exupéry? ¿Stendhal precursor del siglo XX? Necesitamos una explicación.
Y la explicación, que nos la da don Pedro Sorela en el prólogo, aumenta las dudas. La naturaleza cambia después de la tormenta -dice él- y con estos autores cambió el paisaje de la literatura moderna. "Su caligrafía es reconocible en la escritura moderna". De ahí el título de la obra: Dibujando la tormenta. Bonito juego de palabras. Pero no más. En realidad, se trata de una categoría tan amplia y tan vaga en la que nada se aclara y todo es posible. Incluso que Borges y Saint-Exupéry, como ocurre aquí, puedan estar reunidos bajo el mismo techo.
Sin embargo, en el mismo prólogo Sorela también afirma que su selección no responde más que "al gusto personal de su autor y al único criterio que el placer de la lectura". Ah bueno, ahí sí nos entendemos y el asunto se aclara. El libro entonces es una reunión de cinco ensayos sobre cinco escritores que al autor le apasionaron en algún momento de su vida. Ese es el denominador común y esa es la única justificación. Lo otro es un vano intento de satisfacer al editor o -tal vez- una astuta exigencia suya (ay, los editores).
Despejado el anterior equívoco y ya sin la obligación de buscar hilos conductores ni inteligentes teorías de "escritura moderna", podemos decir que los ensayos son muy buenos y muy agradables de leer. Sorela conoce bien la vida y la obra de cada uno de los autores y transmite amor por ellos. Pese a lo que se pudiera pensar de acuerdo con el pretencioso título, los ensayos son poco académicos. Al contrario, al darles preponderancia a los aspectos biográficos de los escritores, van en contravía del dogma académico en los últimos años: negar la vida del autor como fuente de interpretación de su obra.
Dibujando la tormenta está llena de interesantes anécdotas que dan luces sobre la obras de los autores mencionados. Tener información sobre la fealdad y los fracasos amorosos de Stendhal, el alcoholismo de Faulkner y la infancia de Saint-Exupéry invita a leerlos de otra manera. Probablemente para entender y disfrutar Rojo y negro, Santuario o Vuelo de noche no es indispensable conocer datos sobre las personas y el contexto en que se escribieron. Se trata, es cierto, de obras de arte, de mecanismos autónomos de significación. Pero si alguien a partir de un dato biográfico es capaz de iluminar dichos textos, ¿por qué descartarlo? ¿Por qué negarse a oír esa valiosa información? La crítica literaria pasó de la tiranía decimonónica que interpretaba sólo en clave biográfica, a la tiranía del siglo XX que interpreta sólo en clave textual o sociológica. Como odiamos las tiranías, demos la bienvenida a la crítica híbrida y recordemos las lúcidas palabras de Somerset Maugham: "Yo creo que el tipo de libros que un autor escribe depende de la clase de hombre que sea, por lo que resulta conveniente conocer los aspectos pertinentes de su historia personal".
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