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| 2009-03-27

Colinos en pie de lucha

  • Semana
    Actualmente, la dosis personal está autorizada en Colombia. La sentencia C-221 de la Corte Constitucional emitida en 1994, así lo definió, sobre la base de los principios de autonomía y libertad individual. Cerca de 500 jóvenes se dieron cita en la Plaza de Bolívar para protestar contra la iniciativa gubernamental que buscar volver a penalizar el consumo de sustancias psicoactivas.
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    Cada asistente llevó su dosis de personalidad. En Facebook se hizo la convocatoria de la siguiente manera: “lleve su tabla, sus latas de pintura, sus malabares, su arte sea cual sea”. Un banano, una libra de azúcar, unas zapatillas de ballet y una minipancarta de Albert Hoffman (quien descubrió el LSD en 1938), fueron algunas de las “dosis” que los asistentes levantaron para la foto.
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    Es la quinta vez que el presidente Uribe propone la penalización de la dosis, en contravía con la tendencia mundial. El encuentro fue también una oportunidad para manifestarse en contra de las medidas represivas del actual gobierno, que se niega a admitir que el problema no es el consumo, sino el rotundo fracaso de la lucha contra las drogas.
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    Sobra decir que la concurrencia fue variopinta. Aunque la mayoría de los asistentes eran jóvenes, no faltó el señor al que, en un momento de la tarde, le dio por gritar a viva voz: “hay que legalizar los cultivos para que haya acuerdo humanitario”.
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    Para los asistentes, los argumentos de Uribe que sustentan la propuesta de penalización, se caen por su propio peso. Rafael López, uno de los asistentes, lo ilustra así: “cuando prohibieron el licor en Estados Unidos no se acabaron los borrachos pero apareció la mafia. Cuando lo legalizaron no se acabó la sociedad, pero sí los mafiosos”.
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    “La iniciativa del ‘Porte su dosis’ surgió de un grupo de amigos que queríamos pasar de la discusión a la acción”, contó Daniel Pacheco, uno de los organizadores del encuentro. Luego abrieron un grupo en Facebook y Daniel escribió una columna en El Espectador y el tema empezó a sonar. Los columnistas Héctor Abad Faciolince, Alfredo Molano y Antonio Caballero, también se unieron a la causa.
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    Las arengas que se escuchaban iban desde “No Alvarito, sí al bareto”, hasta “No al paraco, sí al perico”.
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    A pesar de que la convocatoria decía claramente que la idea era portar la sustancia y no consumirla, muchos no resistieron la tentación de fumársele un porro en las narices al señor Presidente.
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    El debate giró en torno a la falacia de relacionar la lucha contra las drogas con el consumo personal. Según uno de los asistentes al evento, “lo que falta es creatividad para proponer algo distinto a la actual lucha contra las drogas, pues bajo cualquier indicador, la pelea se está perdiendo”.
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    Aunque el acto pretendía reivindicar la libertad, no alguna sustancia en particular, la marihuana fue la gran protagonista. El reggae y la bandera rastafari –religión cuya planta sagrada es el cannabis– estuvieron presentes todo el tiempo.
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    A la pregunta de “al consumir no siente usted que patrocina la gran tragedia de este país”, un punkero respondió tajante: “en este país cualquier tipo de mercancía está manchada de sangre, uno no sabe de donde viene”. Inevitable pensar en los paramilitares que montan panaderías en cada esquina para lavar el dinero.
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    “El que prende un porro no empuña un fusil”, gritó una muchacha de una universidad pública. A propósito, se vale recordar aquel stencil que apareció un día en la pared de una de esas instituciones estatales que muchos consideran nidos de malhechores: “Colinos en pie de lucha”.
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