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| 2006-03-12

Elecciones en Cazucá

  • Semana
    En esta zona, las ráfagas de polvo se meten en los ojos, cubren el pelo, impregnan la ropa. En cambio, los nombres huelen a poesía: Lucero Alto, El Paraíso, Quiba, Villa de los Alpes y Altos de Cazucá. Son algunos de los barrios de Ciudad Bolívar (Bogotá) y de la cúspide de Soacha en donde habita el mayor número de desplazados del país. Este 12 de marzo es un día inusual porque por fin se tiene en cuenta su voz. Así fue la jornada electoral aquí.
  • Semana
    Graciela Caballero, 41 años, tiene cinco hijos y seis nietos. Uno de ellos es Michel Steven, 6 meses. “Lo pusimos así para que sea alguien en la vida”, dice. Nació en Boyacá y llegó a Ciudad Bolívar huyendo de la violencia de las Farc. María Eugenia Murillo, 54 años, tiene seis hijos y seis nietos. Nació en Quibdo y llegó a este lugar porque los paramilitares la expulsaron del Chocó. Emilsen Yaneth Herrera Hernández, también de Boyacá, y auxiliadora de la Registraduría, les brinda información para que ellas sepan su lugar de votación.
  • Semana
    El patrullero de la policía Junior Angarita Torrado, nació en Norte de Santander. Desde la madrugada de este domingo estuvo en este punto del barrio El Paraíso montando guardia. “Para defender la democracia, explicó. Yo me siento muy orgulloso de aportar mi granito de arena en la construcción de un país mejor”.
  • Semana
    Víctor Guillermo Ladino Rojas, 58 años. Nació en Acacías (Meta). “La violencia me sacó corriendo de mi tierra. Ahora estoy solo aquí porque las balas se llevaron mi familia. Al menos estoy vivo. Hoy para mí es un día triste porque a mí me gustaba votar pero cuando la guerra nos cayó en la tierrita me quemaron hasta la cédula”. ¿Por qué no la ha vuelto a sacar?, se le pregunta. “¿Eso se puede? Usted sí cree que a uno tan pobre le paren bolas?”.
  • Semana
    Para María Stella Cano, 73 años, este domingo no tiene nada especial. “Necesito trabajar porque mi familia es muy grande y yo no tengo tiempo para el descanso”. Dice esta mujer que llegó aquí huyendo de la violencia. Tiene un puesto de comida en plena vía pública, una estela de polvo cae constante sobre los alimentos. Los clientes, sin embargo, no reparan en este detalle. El polvo forma parte de la vida cotidiana.
  • Semana
    Los electores se aglutinan en el puesto ubicado en el Colegio Rafael Uribe Uribe del barrio Vistahermosa. Pocos saben que el centro educativo se llama así en honor a un prócer liberal de principios del siglo XX que soñaba con el desarrollo del país, la distribución de la riqueza y el derecho a la vida. El colegio está en una de las zonas más pobres del país, donde son pocos quienes no llevan a cuestas el dolor por un familiar muerto y donde la vida vale nada. Muchos de los que salieron a votar creen que con este ejercicio pueden ayudar a construir un país mejor. A Rafael Uribe lo asesinaron y se truncó la transformación de una nación.
  • Semana
    Lo mejor (lo poco bueno) de Altos de Cazucá y de los barrios de arriba de Ciudad Bolívar es la vista. En los días de cielos nítidos se observa larga, serena y silenciosa a Bogotá. Hay cientos de historias de niños que se desmayan en las clases. Sin embargo, sus trabajos artísticos son llenos de color y de vida. En la casi totalidad de las puntos de votación ubicados en las escuelas la nota eran las coloridas carteleras y los llamativos dibujos que ilustraban sus paredes.
  • Semana
    Laura Galeano, auxiliar de la Registraduría, le explica a Gustavo Osorio López, 68 años, que no puede votar porque no inscribió la cédula. Él nació en Pensilvania (Caldas) y no ha podido volver porque les teme a las Farc. Cuando llegó a Bogotá apoyó a sus candidatos pero se desilusionó de la política. Sin embargo, en esta ocasión quiso participar porque cree que las cosas están mejores. Se levantó temprano, se puso su mejor traje pero perdió el viaje.
  • Semana
    Al contrario de los barrios privilegiados, en Altos de Cazucá y en Ciudad Bolívar los niños no pueden acompañar al puesto de votación a sus padres. María Helena Rojas, 29 años, de Tumaco (Nariño) dijo: “Entonces yo no voto. Porque no voy a dejar sola a mi niña”. Y se marchó. Otros padres, al contrario, dejaron fuera a sus pequeños. Algunos jugaron entre tanto, otros miraron a través de las rejas, como si estuvieran presos.
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    María Constanza Rodríguez, 46 años, expulsada por la violencia de Quinchía (Risaralda) dijo que había que tener fe para salir adelante. “Tenemos muchos problemas pero yo creo que algún día las cosas serán mejor”.
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    El taxista que nos llevó en este recorrido preguntó: “¿Hasta qué horas es el trabajo?”. “¿Por qué? “Porque yo después de las 5 de la tarde no ando por aquí. Aquí mandan los paras. Yo por eso no sé para qué tanta bulla con las elecciones. Sí aquí se impone es el más fuerte y no el que más hable”, argumentó.
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