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| 2008-04-10

Presos que tejen

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    Quien lo creyera. Temidos delincuentes acostumbrados a manejar armas, causar dolor y producir muerte, hoy tejen sus vidas con hilo y aguja, labrando bordados de corazones y paisajes.
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    Son 31 internos de la cárcel Las Mercedes de Cartago, Valle, que desde diciembre pasado iniciaron un programa de resocializacion mediante la aplicación de técnicas de bordado a mano, un oficio propio de esa localidad norte vallecaucana y que además de darle reconocimiento nacional e internacional, genera cerca de cinco mil empleos entre directos e indirectos. El proyecto es apoyado tanto por el Inpec, como por la Asociación Probordados de esa ciudad, la empresa Coats Cadena de Pereira, Risaralda y la fundación Las Mercedes.
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    “Inicialmente estaba enfocado hacia las internas, pero como sólo había tres mujeres, surgió la idea de reorientarlo hacia los hombres. Se postularon 63 internos y finalmente quedaron 31. Nuestra meta es elevar el grupo a 50 para garantizar un contrato con la empresa privada que nos apoya”, explicó a Semana.com Mercedes Camacho, directora de la fundación Las Mercedes, quien además es la esposa del capitán Gustavo Libreros, director del penal. (En la foto, una de las prendas hechas por los reclusos).
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    Al respecto, el capitán Libreros explicó que además del proceso de resocialización que buscan esos programas liderados por el Inpec, los internos logran redimir sus penas. “Cada mes de trabajo le significa a ellos diez días menos de condena”. (En la foto, una de las prendas hechas por los reclusos).
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    Sin importar el motivo y los beneficios, en esa prisión diariamente salen armados con agujas y tambores, hombres endurecidos, algunos de los cuales cometieron delitos terribles como el secuestro, la violación y el homicidio. Aún más sorprendente es que en ese mismo patio cruzan puntadas siete guerrilleros y tres paramilitares.
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    De secuestrador a bordador José Asdrúbal Bermúdez, de 26 años, es quizás uno de los integrantes del grupo de bordadores con la condena más severa. Debe pagar una pena de 20 años, de los cuales ya purgó 20 meses. Se integró al programa en febrero pasado y su especialidad es el calado. Por ese trabajo gana un promedio de $15.000 semanales.
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    A una ´puntada´ de la libertad Édinson Panadero Sánchez, de 25 años, es el más próximo a salir de prisión. Tan sólo le faltan tres meses para cumplir los 18 años a los que fue condenado por hurto calificado, porte ilegal de armas y secuestro simple. Gracias a las rebajas por trabajo y buen comportamiento, purgó la mitad de su pena. Considera que el programa de bordados no sólo sirve para su resocialización, sino que debe ser analizado por los jueces para que dicha labor permita ser incluida en un programa especial de redención de condenas.
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    Punto cadeneta y rococó José Javier López Castillo es el más viejo del grupo de bordadores: tiene 58 años. Este ex bombero del municipio de Obando, al norte del Valle, esta en prisión pagando una condena de 24 meses por un delito que lo avergüenza y prefiere no revelar. Ha sido recolector de café, ayudante de construcción y guadañador, pero confiesa que encontró en el bordado una destreza que no conocía. No es para menos su sorpresa, ya que es de los pocos del grupo que se le mide a técnicas de bordado como punto cadeneta, rococó y punto brasilero, pese a que los años apagaron su visión y debió recurrir a unas gafas que no le fueron adaptadas por especialistas.
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    Costurero ´americano´ Jhon Dúber Arenas Agudelo nació hace 23 años en La Unión, Valle, y es hincha furibundo del América de Cali. Así lo demuestra cuando cada mañana sale al patio de trabajos y capacitaciones de la cárcel, cargando una maleta blanca y rojo con el logo de su equipo del alma. En ella guarda agujas y madejas de hilos con todos los colores. Está en prisión condenado a 17 años por homicidio. Recuerda con ironía que en su casa no cogió una aguja ni para pegar un botón. Ahora son su herramienta de trabajo.
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    La pasión del aguadeño Gerardo Antonio Cuartas Orozco nació en el corregimiento de Arma, jurisdicción del municipio de Aguadas, Caldas. Tiene 36 años y llegó a esa prisión hace cinco meses sindicado del delito de abuso sexual con menor de 14 años. Asegura que lo apasiona el arte del bordado, pero reconoce que aprender las técnicas es una labor difícil que requiere práctica y experiencia. No hay duda, ya que tarda once días en bordar una blusa. Sus compañeros lo hacen en cuatro días.
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    El compositor de sueños Jhon Freddy Correa Flores tiene 32 años y una vida repleta de inspiración. Es el compositor del grupo. Escribió el himno de seis estrofas y un coro al bordado cartagüeño; además es émulo de reconocidos intérpretes de la música popular. Sus jornadas diarias transcurren entre la aguja y la libreta de apuntes donde borda sus composiciones. Está purgando una condena de 113 meses por un delito que prefiere no mencionar. Lleva 13 meses en prisión.
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    La ´máquina´ del bordado Jesús Alberto Velásquez es un joven bogotano de 25 años. Su vida de comerciante en la capital de la República culminó cuando fue arrestado por las autoridades, enjuiciado y condenado a 79 meses de prisión por el delito de hurto agravado y calificado. De esa pena ya cumplió 15 meses. La única vez que ´manejó´ una aguja cuando era libre, lo hizo para reponer un botón en una de sus camisas. Hoy es todo un experto en el oficio, tanto que es de los pocos que gana un promedio de $30.000 semanales, gracias a la productividad de su trabajo.
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