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| 2/12/2011 12:00:00 AM

Guerra y literatura

El escritor Ismael Kadaré explica por qué la guerra de Troya ha ejercido tanta fascinación en la mente humana.

Ismail Kadaré
La cólera de Aquiles
Katz, 2010
60 páginas

De las 14.500 guerras libradas por la humanidad, ninguna ha producido tanta literatura como la de Troya, dice Ismail Kadaré. La lista es larga: los poemas homéricos, el teatro griego, la poesía, la prosa y los diálogos de la filosofía griega y latina, los centenares de obras perdidas de la antigüedad más los miles que se escribieron después y se siguen escribiendo, como si cada uno de estos autores se propusiera "no abandonar este mundo sin haber dicho algo acerca de ella".

La guerra de Troya, comparada en hombres, armas y destrucción con las guerras que ha tenido la humanidad, resulta ridícula. Sin embargo, para Kadaré es ella y solo ella la que domina en solitario y sin rival alguno en la literatura mundial. Un dominio que no parece tener fin: "Hoy, tras los horrores de los Balcanes, de Ruanda, de Nueva York el 11 de septiembre, de Afganistán y de Irán, las gentes, luego de escuchar las noticias, cuando llega la hora de la lectura o del cine, prefieren, al igual que hace dos mil años, descubrir lo que sucedía en las puertas de Troya".

¿Cuál es el misterio? En un breve y brillante ensayo, el autor de El año negro y otras importantes obras -con la guerra y el mito como telón de fondo- que lo han hecho eterno candidato al Premio Nobel de Literatura, intenta develarlo.

Podría ser que la guerra de Troya es más que una simple guerra. Porque, además de guerra, fue preguerra y posguerra. Fue horror, festín y diplomacia. Fue ritual, aventura y nostalgia.

Podría ser la ausencia de testimonio. La guerra de Troya fue poetizada, convertida en arte, antes de la escritura, antes de "la tiranía sojuzgadora de la literatura". Ninguno de los bandos en conflicto dejó por escrito lo que pasó. Tampoco Homero, es seguro, fue su corresponsal. La ausencia de testimonio hizo que la guerra de Troya fuera relacionada con la poesía. Incluso, es posible que esa guerra no haya existido y que, por eso mismo, los griegos la escogieron para cantarla. "La ausencia de testimonio es, por tanto, una condición que permite el ensanchamiento de nuestra mente, de nuestra visión. De la carrera hacia límites que se antojan inalcanzables".

Cierta o imaginaria, la guerra de Troya es una pesadilla oculta de Grecia. Kadaré es consciente de las teorías equitativamente divididas a favor y en contra de la existencia de la guerra de Troya. Y le parecen inútiles. Tanto los negadores como los defensores. Los primeros creen haber resuelto el problema negando su existencia; los segundos -Schliemann, de Dörpfeld, Von Rahn, Meyer- han borrado el camino que conduce a Homero, "enarbolando restos de piedras, arcillas y armas oxidadas".

Lo que verdaderamente importa es el desconcierto que produce esa guerra. Después de acoger y desechar varias hipótesis, Kadaré nos suelta su gran hallazgo: la guerra de Troya es la historia de un arrepentimiento. El más grande que ha conocido hasta hoy el planeta. Ese es el gran secreto en el cual quedó atrapada la conciencia griega y, luego, toda nuestra civilización. Ninguna otra guerra librada por los seres humanos ha dado lugar ni a la mitad de ese arrepentimiento. Por eso "es la guerra más nueva de la humanidad". Por eso es superior al Holocausto, en el que el arrepentimiento es tan insuficiente que, al poco tiempo, el odio que lo engendró tuvo un renacimiento y sigue vivo.

Kadaré no pretende idealizar la antigüedad griega. Reconoce sus defectos, entre ellos, el peor: "la mancha" del esclavismo. Aunque los modernos, tan orgullosos de sus derechos humanos, están más "manchados" a la hora de reconocer el arrepentimiento posterior al crimen. Ahí ganan ellos. "Homero, nuestro padre, lo sabe todo. Una sola cosa no conoce: el odio. El odio es la más grande inmundicia de nuestro planeta. Es, por desgracia, criatura del hombre, y no puede combatirse más que por medios humanos. En la lucha contra el odio, máquinas como los poemas homéricos son insustituibles".

Este libro, aparte del ensayo, trae al final una entrevista a Kadaré, que explica muy bien por qué un remoto albanés llega a interesarse tanto por la guerra y la literatura. Y puede relacionarlas de una manera tan original.
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