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| 3/19/2011 12:00:00 AM

Nada importa

Una polémica y exitosa novela danesa que indaga en el escepticismo de los adolescentes.

Janne Teller

Nada

Seix Barral, 2011

158 páginas

Pierre Anthon, alumno de séptimo grado en un colegio de una pequeña ciudad danesa, de repente se levanta y dice: "Nada importa. Hace mucho que lo sé. Así que no merece la pena nada. Eso acabo de descubrirlo". Dichas estas desesperanzadas palabras, recoge sus cosas y se encarama a un ciruelo desde donde seguirá lanzando arengas sobre la inutilidad de vivir a sus perplejos compañeros: "Existir no merece la pena en absoluto". Imposible ignorar lo que dice Pierre Anthon. Es como si él hubiera revelado algo irrefutable y la nada que pregona empezara a apoderarse de ellos. Como si de un momento a otro hubieran percibido toda la fealdad del mundo, encarnada en la escuela Taering. Ya no podrán ser los mismos de antes, ya no podrán, tranquilamente, decirse interiormente que van a convertirse en alguien.

Después del inesperado golpe, empiezan a reaccionar. Jan-Johan, Sofie, Rikke-Úrsula, Gerda, la guapa Rosa, el piadoso Kai, Ole, Frederick, Hussain, Elise, Ana-Li, el gran Hans, lady Guillermo y Agnes -la narradora de esta historia-, intentarán persuadir a Pierre Anthon para que se baje del ciruelo y abandone sus pretensiones nihilistas. Pero es más fácil meterle reversa a un avión que hacerlo cambiar de opinión: "Dentro de pocos años, todos muertos y olvidados, os convertiréis en nada, así que vosotros deberíais empezar a practicar".

¿Qué hacer entonces? ¿Contarle al director de curso o a los padres? Imposible. ¿Tirarle piedras? Lo hacen y la medida surte efecto. Aunque al cabo de unos pocos días, vendado y con más bríos, Pierre Anthon retomará sus peroratas. Solo queda una última opción: demostrarle a él que existen cosas que importan.

Así, en una olvidada serrería en las afueras de la ciudad, los alumnos del grado séptimo A de la escuela de Taering empezarán a armar un montón con las cosas que tienen sentido para ellos: un ataúd de niño (posiblemente con contenido), un dedo sangrante, una virginidad, una apreciada melena, una figura de Jesús víctima de vandalismo, una bandera danesa, una serpiente sumergida en formol, una alfombra de rezos, un par de muletas, un telescopio, una bicicleta amarillo neón, etcétera. En realidad, lo que van a hacer estos adolescentes es embarcarse en un juego muy peligroso que los hará cruzar límites sociales. Mostrar a los otros lo que verdaderamente nos importa no es tarea fácil: trae consigo la traición, el odio. Y más aún cuando el ejercicio implica -como ocurre aquí- un desgarrador desprendimiento.

La apuesta de la escritora danesa Janne Teller, en esta novela, es fuerte y sin miedo de ir hasta el final. Ha puesto en la balanza un escepticismo sombrío y una fe rodeada de espinas y de sangre, lo cual hace entendible el recelo que en un principio tuvieron las instituciones educativas de su país. "No es un libro para adolescentes". Sin embargo, al igual que con El guardián entre el centeno, la prohibición fue inútil y empezó a engendrar el deseo. Y la fama. Nada se ha convertido en un libro muy vendido en varios países. Ha sido comparado, desde luego, con ciertos clásicos de la literatura juvenil, como la mencionada novela de Salinger; El señor de las moscas, de Golding, y El barón rampante, de Italo Calvino.

Hay que andar despacio. Pierre Anthon y sus condiscípulos no alcanzan de ninguna manera la estatura de Holden Caulfield como personaje. Y la comparación con El señor de las moscas y El barón rampante ha sido descartada por la propia Janne Teller. Lo cierto es que, más allá del éxito y la polémica, su historia es cautivante y plena de resonancias existenciales y morales. Y no solo para los jóvenes: "El volver a tener mentalmente 14 años me ha permitido observar los inmensos interrogantes de nuestra existencia con ojos tan abiertos como los de los jóvenes".

En literatura, juvenil o adulta, encontrar una buena historia es encontrar un gran problema sin solución. Los malos escritores quieren resolverlos; los buenos, solo aspiran a que ese problema se exprese en su máxima intensidad. Y eso es lo que, por fortuna, hace aquí Janne Teller: dejar que las contradicciones se consuman hasta las cenizas. Para que podamos ver un montón de significado.
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