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En video: el 'músico de las FARC' ahora quiere que lo llamen cantor de la paz

Su verdadero nombre es Guillermo Torres. A su llegada a Bogotá se encontrará con un hijo que, en 28 años, solo ha visto durante dos meses. Este domingo ofrecerá un concierto.

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El guerrillero de uniforme camuflado y sombrero que se ve en algunos videos es cosa del pasado. Julián Conrado, ahora con el pelo y el bigote con canas, viste con una camisa y un pantalón beige. Lo único que no cambia es la que dice siempre ha sido su arma: la guitarra.

Las respuestas de Conrado terminan siendo cantadas. Es inevitable para él no recordar alguna canción que tenga que ver con la vida guerrillera, la paz o la naturaleza. El próximo domingo, Conrado dará un concierto en Bogotá, donde presentará gran parte de su repertorio, compuesto en la mitad de la selva.

No había visto a su hijo en mucho tiempo. La lucha revolucionaria que ahora continuará con la música le impidió estar cerca de él. Pero cuando estas preguntas finalizaron salió con prisa y ansiedad para reencontrarse con él.

Semana.com: ¿Cómo fue la relación con su hijo?

Julián Conrado: Casi no hemos tenido relación, juntando los días que me he visto con él pienso que no alcanzan a ser dos meses, y él tiene 28 años. Me imagino que si hemos sufrido nosotros sus padres… ¿cómo no habrá sufrido él? Imagino que tiene traumas, como la mayoría de los hijos de revolucionarios. Aleyda, la hija del Che, hizo hace poco un video que se llama “hoy liberé una mariposa” y están los hijos de los compañeros del Che Guevara en Bolivia, y sin duda se ve que todos tienen algún dolor grande en el alma y el corazón por ese desprendimiento de sus padres. Esas son las cosas que nos toca sufrir a nosotros, pero ahora que estamos soñando de nuevo con la paz espero que a nadie le toque sufrir la separación de su familia. Estoy buscando la forma de conocerme con mi hijo, cuando salga de esta entrevista voy a salir a verme con él…

Semana.com: ¿Cómo se siente la libertad en lo que llamamos la vida civil?

J.C.: Creo que ser libre significa que nadie lo pueda comprar ni vender a uno. Si hay un espacio donde me haya sentido libre, a pesar de todas las calamidades y dolores de la guerra, ha sido en la guerrilla, porque nadie me compraba ni me vendía. Pero respondiendo a la pregunta creo que hay cosas que no entiendo, nunca había entrado a un hotel donde uno pisara una baldosa y se encendiera la luz (risas). Eso es duro para el campesino, eso es corronchera, dicen algunos. Pero me puedo llevar a alguien de la ciudad al campo y seguro va a tener sus problemas allá. Pero digamos que aquí puedo compartir con una cantidad de amistades que allá no se puede, porque hay que tener cuidado con las llamadas telefónicas, con el radio, con mis familiares…

Semana.com: ¿Y allá aprendió a tocar guitarra?

J.C.: Me fui para la guerrilla sin saber tocar guitarra. Porque en mi pueblo tenía quién me acompañara, entonces tenía amigos que sí la tocaban. Tuve un grupo musical en Turbaco, seguro fue uno de los primeros que hubo. Teníamos acordeón, caja, guacharaca y además le metimos bajo y guitarra. Hacíamos fiestas, tocábamos en bautizos, serenatas, fuimos a varios festivales.

Semana.com: Y tocó en el Festival de la Leyenda Vallenata…

J.C.: Antes de ser guerrillero estuve en el Festival Bolivarense del acordeón y en el Festival Sabanero del acordeón para la categoría canción inédita. Siendo guerrillero me presenté en el Festival de la Leyenda Vallenata de 1985. Estábamos en el proceso de paz con Belisario Betancur y había unos acuerdos: el guerrillero podía ir al pueblo o a la ciudad sin armas y vestido de civil. Eso sí se descuidaron porque yo salí con mi arma: la guitarra. Me presenté con la canción Mensaje fariano, que es una canción con la que principalmente voy a hacer pedagogía de paz. Lástima que en esa época no se pudo concretar un acuerdo de paz. Pero cuando yo canté esa canción en el Festival Vallenato al final el público cantó conmigo el coro Porque amo la paz, porque amo la paz. Después, cuando se iba a escoger los semifinalistas para tocar en la Plaza Alfonso López Michelsen, La Cacica dijo que mi canción tenía que ir a la plaza, pero Escalona fue reacio a la propuesta. El maestro Escalona no quiso… Pienso que si el maestro estuviera él mismo me pediría que tocara en el Festival Vallenato.

Semana.com: ¿Hay temor de que suceda lo mismo que pasó con la UP?

J.C.: Hay bastante temor. Soy de los pocos que sobrevivimos al genocidio Unión Patriótica. Me tiene preocupado que casi día de por medio cae un líder social en Colombia. Hay enemigos de la paz, pero pienso que los amigos de la paz somos más. Los amorosos somos más que los odiadores. Este temor se puede aliviar si nos unimos los amantes de la paz. Tal vez no sea esa paz total como la soñamos los revolucionarios, pero sí podemos al menos sacar la violencia de la política. En esto los organismos del Estado tienen que actuar en favor de la paz, he tenido acercamiento con soldados y policías en este proceso y los veo como hermanos compatriotas. Ellos también tienen que ayudar, porque nosotros sabemos que durante el magnicidio de la UP había sicarios que después de matar a nuestros compañeros se resguardaban en un cuartel. Eso no puede volver a pasar.

Semana.com: ¿Cómo se imagina Julián Conrado su futuro?

J.C.: Soy un amante de la naturaleza. Tengo mi proyecto musical pero también tengo un proyecto agroecológico. Creo que por la edad que tengo debo devolverle a la naturaleza algo de lo que ella me ha dado. He sembrado muchísimos árboles, en la Zona Veredal Simón Trinidad cogí bolsitas de arroz, las llené de tierra y allí sembré semillas de mamé, níspero, caimito, caña fístula, pomarrosa, guama… tengo como 200 árboles sembrados. Y quiero mi granja agroecológica, pero que también sea cultural. Porque allí, además de ayudar a resolver el problema de la destrucción de la naturaleza, pienso organizar el grupo musical que sea de amigos, para cantarle a la paz, al amor y la naturaleza. Tengo una canción que se llama Glifosato. Un día íbamos en la marcha guerrillera y vimos una flotilla de aviones y pensamos que nos iban a atacar, pero no. Fumigaron unos cultivos de marihuana, ya en la noche vimos charcos de agua con pescados, y ranas muertas. Luego se empezaron a morir los micos y los loros, fue algo muy feo. Añoro volver a mi pueblo Turbaco. Porque es un pueblo que amo y que es muy bonito. Allá están mis amistades, mis primeros amores, mis primeras letras.

Semana.com: No venía a Bogotá desde 1979 ¿cómo la encontró?

J.C.: Tiene que ver precisamente con el problema ambiental. Cuando vine en ese año la ciudad permanecía cubierta de nubes, hacía mucho frío. Cuando llegué me sorprendió el calor que hace, ando en camiseta y todo… Entonces el calentamiento global sí es cierto.

Semana.com: ¿Qué extraña de la vida guerrillera?

J.C.: La relación con la naturaleza es muy bonita. ¿Tienes idea de lo que es ver un amanecer en la selva? Tuve una experiencia muy bonita, fue cerca de Aracataca, estábamos el grupo y como estábamos cerca del mar la aurora salía como a las 5:30 de la mañana pero para hacerla más bella se sumaba el canto de una infinidad de pájaros. Cantaba el canario, la mirla, el sangre toro, el azulejo… Hasta las abejas se metían, recuerdo que puse unas papayas al lado de una grabadora y grabé los zumbidos con el canto de los pájaros. Luego en una hora cultural le dije al grupo: “miren este concierto tan hermoso”. Y en la guerrilla no se deja de filosofar, entonces alguien preguntó: “¿por qué los pájaros cantan tan bonito?” y la respuesta fue “porque cantan sin cobrar”.

Semana.com: ¿Qué recuerda de Simón Trinidad?

J.C.: Él era de una familia acomodada, pero con un sentimiento de pueblo bonito. Hizo parte de un movimiento que se llamaba Causa Común, y luchaba por el bienestar del pueblo del Cesar. Si hay un amante de la paz es Simón, él podía tener una vida tranquila pero veía lo que pasaba a su alrededor. Podía vivir en una casa muy bella, pero le daba dolor ver a la gente vivir en los tugurios, podía comer bien pero le dolía ver al otro comiendo mal, eso lo llevó a la lucha revolucionaria. Entró a la guerrilla de pronto sin tener aptitudes militares, porque fue sobre todo un ideólogo hasta fue profesor de la Universidad del Cesar.

Semana.com: Lo dieron por muerto en la operación Fénix cuando dieron de baja a Raúl Reyes…

J.C.: Puedo decir que ya sé lo que se siente estar muerto. Estoy cerca de donde es el bombardeo y prendimos el radio, están dando la noticia y dicen que dieron de baja a Raúl Reyes y a Guillermo Torres alias “Julián Conrado”. Inmediatamente varios medios se trasladan a mi pueblo a entrevistar a amigos y familiares, y manifestaban su dolor por mi muerte. Ya sé qué van a hacer y qué van a decir cuando de verdad pase. Escucharán música de Guillermo Torres y Julián Conrado, porque grabé con los dos nombres, y tomarán ron. Espero que hagan una parranda. También me di cuenta de la conexión amorosa de una madre con su hijo, cuando entrevistaron a mi mamá ella dijo “yo creo que no porque mi corazón no me lo ha dicho”.

Semana.com: ¿De dónde salió el nombre Julián Conrado?

J.C.: Me gusta mi nombre, Guillermo Torres. Cuando entré a la guerrilla pues es obligatorio cambiarse el nombre, yo dije que era una perdedera de tiempo. ¿Para qué me lo iba a cambiar? Si apenas saliera una foto mía ya iban a saber que soy Guillermo Torres. Pero era obligatorio entonces le quise hacer un homenaje a mi amigo Julián Conrado. Fue un joven del Magdalena que estudiaba medicina en la Universidad de Cartagena, no era militante activo de ninguna organización política de ninguna especie. Pero tenía una calidad humana, le dolía el dolor de los demás. Cuando lo mandan a hacer el año rural va a San Carlos, Antioquia. Hacía su revisión médica a los campesinos y se daba cuenta de que el campesino no tenía dinero para comprar su medicina. Él se metía la mano al bolsillo y les daba a esos campesinos el dinero para comprar sus medicamentos. Eso lo volvió un sospechoso y por eso lo asesinaron. Pero también fue cantor, acudía a los ensayos. Componía y cantaba.

Semana.com: ¿Cuál fue la guitarra que más le dolió perder?

J.C.: Todas. Yo no sé si el General Torrado todavía exista, ojalá. Porque me acuerdo que en Magdalena, por la zona bananera no asaltaron un 25 de diciembre. Hacíamos pasteles y tamales, íbamos a hacer una fiesta ese día y en la madrugada nos asaltaron. No hubo tiempo para sacar la guitarra. Entonces quise devolverme por mi guitarra, pero los muchachos no me dejaron, porque ya no se podía entrar. Entonces esa guitarra la perdí, si el General Torrado está vivo que me devuelva esa guitarra porque la quiero mucho. Hay otra guitarra que perdí por el rio San Miguel, es de las que más quiero porque me la regaló mi amigo Oliver Solarte, le gustaban mis canciones. La perdí en un bombardeo. Por favor si el ejército sabe dónde están las guitarras que se las devuelvan a Julián Conrado… ¡que es para hacer la paz!

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