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| 3/21/1983 12:00:00 AM

¿AL FIN DONDE?

Cuatro países luchan por quedarse con la sede que dejo vacante Colombia.

Cuando la FIFA se dio cuenta de Cuenta que Colombia no iba a resultar un buen negocio para realizar el Mundial 86, comenzó a ampararse en su mejor aliado: la indecisión de los dirigentes del fútbol colombiano y la controversia que en Colombia se desataba en torno a la tesis de que el evento uniría al pais en un "propósito de unidad nacional". La historia final de la aventura Colombia 86 es muy conocida. Gran parte de la crónica deportiva se lamentó de los términos humillantes con los cuales los capos de la FIFA castigaron la inactividad de los encargados de convertir a nuestro país en la sede del mundial. La mayoría, sin embargo, respiró aliviada al conocer la noticia y pocos lamentaron la pérdida de la sede, tras los escándalos que rodearon la organización de España 82. El retiro de Colombia parecía ser el capítulo final de una historia que ocurriría en cualquier otro lugar. Pero en febrero de 1983 el mundial 86 aún no tiene sede. Aunque la FIFA busca volver a llenar sus arcas tras cuatro años de gastos, los cuatro países que aspiran a la sede, Brasil, Estados Unidos, México y Canadá, tienen problemas, capaces de poner en peligro la realización del campeonato.
Los cuatro aspirantes que pretenden ocupar la vacante colombiana pueden clasificarse en dos grupos. Los que tienen una infraestructura deportiva que llena los requisitos que exige la FIFA, son México y Brasil. México realizó un mundial hace apenas doce años y medio y construyó estadios como el Azteca con una capacidad superior a los 100 mil espectadores.
Pero tendría que construir otro estadio o adaptar el de Guadalajara, para lograr la otra exigencia de la FIFA: dos estadios de 80 mil espectadores para jugar las semifinales. Además tendrán que ser adaptados otros escenarios, para llenar las condiciones de las primeras vueltas del torneo. El problema de México es grave. La recesión económica y la enorme deuda externa hacen dificil una inversión para convertir su infraestructura de 1970, que fue suficiente para llevar a cabo el mundial que coronó tricampeón al Brasil, en la más moderna y sofisticada que requiere un mundial con 24 equipos. La "candidatura" de México tiene el inconveniente adicional de que es relativamente reciente la celebración del mundial allí. En resumen, la crisis económica y la proximidad en el tiempo del mundial México 70 parecen descartarlo definitivamente como próxima sede, a pesar de que los dirigentes mexicanos insisten tímidamente en que están listos para realizar el certamen. El otro país con la infraestructura necesaria es Brasil. Maracaná y Morumbí son escenarios deportivos con una capacidad entre 100 y 200 mil espectadores. Las distintas capitales de estado, como Porto Alegre, Bello Horizonte y Salvador tienen estadios de casi 100 mil espectadores y el plan brasileño incluye subsedes ubicadas en ciudades del Matto Grosso y del noreste brasileño que tienen estadios con capacidades que satisfacen las exigencias de la FIFA.
Pero la crisis económica del Brasil, con una deuda externa de 100 mil millones de dólares, pone en tela de juicio la conveniencia de invertir los 100 millones de dólares que harían falta para mejorar la red de comunicaciones y otros detalles de organización. El presidente de la Confederación Brasileña de Deportes, Giullete Coutinho, ha realizado su campaña pro-Brasil 86 indicando que su país ganará al final 150 millones de dólares. Pero el riesgo de perder divisas en medio de la crisis parece indicar que los mismos brasileños se oponen a realizar el mundial.
Por otro lado están Canadá y Estados Unidos que, aunque no tienen los estadios, tienen la plata como parecen indicar declaraciones llegadas desde esos países. Estados Unidos tiene, sin embargo, un inconveniente más: los Juegos Olímpicos de Los Angeles de 1984 tienen copada la atención de las autoridades deportivas norteamericanas, que sólamente dispondrían de dos años para organizar el evento. Pero los Estados Unidos son el país que más ventajas ofrece a la FIFA: extensas redes de comunicaciones vía satélite, vastos sistemas de transporte masivo, infraestructura turística y, además, un número considerable de residentes latinos -más aficionados al fútbol que los norteamericanos- en ciudades como Los Angeles, Nueva York, Chicago y Miami que garantizan estadios llenos. En Canadá por su parte, las cosas son diferentes. Aunque sus recursos permitirían realizar el evento, hacerlo no sería tan fácil como para los Estados Unidos. Por esta razón se ha barajado la posibilidad de realizar el campeonato mundial en ambos países, limitándolo a la costa este, con subsedes como Montreal, Quebec, Nueva York, Filadelfia y Washington.
La FIFA quiere que los Estados Unidos entren en el mundo del fútbol. El negocio puede volverse tan universal como la Coca-Cola, la I.B.M. o la hamburguesa. Para eso está Pelé en los Estados Unidos. No sólo para enseñar el lenguaje del fútbol, sino para promocionarlo y para convertirlo en parte de la vida cotidiana de un país que forjó su identidad deportiva con el béisbol y el rugby. Las declaraciones de Joao Havelange, el presidente de la FIFA, dicen mucho sobre el estilo multinacional de quienes quieren hacer del fútbol el mejor negocio del mundo: "como brosileño quisiera que Brasil fuera nuevamente sede de un mundial", pero alega que su país tendría que invertir 300 millones de dólares, imposibles de recuperar. La cifra contrasta con la que da su compatriota Coutinho, quien afirma que con 20 millones de dólares el Brasil puede realizar el mundial.
A pesar de la proximidad de un certamen de tanta magnitud, aún se está en la etapa de los estudios que terminará en mayo, cuando la FIFA designe al país que reemplazará a Colombia. Pero todo parece indicar que el mundial se realizará en los Estados Unidos o en la Costa Este de Norteamérica. Seria la única manera de asegurar el éxito económico del certamen y de la FIFA.
Muy pocos países con tradición futbolistica se podrán dar el lujo de organizar este evento. En 1990 el turno le corresponde a Europa y la principal candidatura es Bélgica-Holanda, dos pequeños países limítrofes sembrados de autopistas y redes ferroviarias. Queda como gran reserva del viejo continente la Unión Soviética, o volver a realizar mundiales en el Reino Unido, Alemania, Italia o Francia. El futuro de la Copa Mundo es, pues, bastante confuso.
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