Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2005/08/07 00:00

Aquellas vueltas...

El evento deportivo más importante del país, la Vuelta a Colombia, hoy sólo suena tímidamente en algunas emisoras de radio. ¿Dónde quedó la magia ahora que termina su edición número 55?

En aquellos tiempos, no sólo era ídolo quien ganaba la vuelta, también el que ganaba una etapa. En la foto, Rubén Darío Gómez, el 'Tigrillo ' de Pereira, campeón en 1959 y 1961.

"Cómo cambian los tiempos. Hace 50 años, Colombia estaba conmocionada. El ciclista antioqueño Ramón Hoyos había ganado su tercera Vuelta a Colombia y se había impuesto en 12 de las 18 etapas. Era el héroe de Antioquia y de toda Colombia.
Hace 40 años, Colombia estaba paralizada. En la última etapa de la Vuelta a Colombia, entre La Dorada y Bogotá, Javier el 'Ñato' Suárez le había arrebatado el título a Martín Emilio 'Cochise' Rodríguez, quien había desfallecido en el penoso ascenso al alto de La Tribuna.
Hace 35 años, Colombia estaba sorprendida. Por primera vez en la historia, un novato se consagraba campeón de la Vuelta a Colombia. En Boyacá todos lo esperaban para darle un recibimiento de héroe y el país entero comenzaba a vibrar con una nueva leyenda viviente llamada Rafael Antonio Niño, el 'Niño de Cucaita'.
Hace 20 años, Colombia estaba en el delirio. Luis Alberto Herrera, Lucho, 'el Jardinerito de Fusagasugá', había ganado la Vuelta a Colombia y, para rematar una temporada de lujo, se había impuesto en dos etapas del Tour de Francia, evento en el que se consagró como rey de la Montaña. Era el ídolo máximo de un país.
Hoy, de no ser por el trágico accidente de un transmóvil de RCN en el que perdió la vida el locutor Alberto Martínez, casi nadie estaría enterado de que se estaba corriendo una nueva edición de la Vuelta a Colombia, una prueba que la Unión Ciclística Internacional clasifica como de Quinta Categoría, por debajo de la Vuelta a El Salvador, la de Uruguay e incluso el Clásico RCN, y que jamás ha vuelto a recuperar el esplendor que tuvo, en particular durante los años 50, 60 y parte de los 70.
¿Cómo explicarle a alguien menor de 30 años lo que significaba para la vida de todo un país la Vuelta a Colombia? ¿Cómo transmitirle la emoción que sentían departamentos enteros cuando cualquiera de sus ídolos se imponía en una etapa? ¿Cómo explicarle que en 1955 el reconocido reportero Gabriel García Márquez, de El Espectador, se desplazó a Medellín para escribir un reportaje seriado sobre Ramón Hoyos, o que en 1959 Fernando Botero realizó Apoteosis de Ramón Hoyos, uno de sus cuadros más importantes? ¿Cómo hacerle sentir la emoción que provocaban aquellos sobrenombres como el 'Zipa', el 'Escarabajo de las Montañas', el 'León del Tolima' o el 'Cóndor de Cundinamarca'? No alcanzaría con mostrarles archivos imborrables de la memoria, en los que miles de colombianos abalanzados a lado y lado de las carreteras buscaban cortejar a sus ídolos. 
¿Por qué razón la Vuelta a Colombia, el evento deportivo más importante del país en el siglo XX, se redujo a tan ínfimas proporciones?
Sería difícil afirmar que la fiebre por el ciclismo en Colombia terminó, sobre todo cuando se recorren las carreteras del país y parte del paisaje dominical está compuesto por miles de pedalistas divinamente uniformados y con bicicletas engalladas a la última moda.
Tampoco se podría decir, como muchos creen, que el ciclismo ha bajado de nivel desde cuando Parra y Herrera parquearon la bicicleta, pues hoy algunos como Santiago Botero, Víctor Hugo Peña, Hernán Buenahora, Iván Parra y Félix Cárdenas han obtenido logros tan importantes, sólo que no fueron noticia de primera página, sino motivo de algún 'breves' en las secciones de deporte.
Entonces, ¿qué pasó?
Varias razones explican el deterioro de la vuelta. A partir del colapso del Pacto Internacional del Café en 1989 y la fuerte crisis económica que vivió el país en esos años, empresas como Varta, Colpatria, Postobón y la misma Federación Nacional de Cafeteros recortaron sus presupuestos de patrocinio al ciclismo. El Estado les dio prioridad a temas como la salud y la educación, luego a la guerra, y también se redujeron sus aportes. Fue entonces cuando comenzaron las ofertas de los equipos extranjeros a los ciclistas colombianos, que ellos aceptaban sin pensarlo dos veces, no sólo por la oportunidad de salir del país, sino porque los sueldos triplicaban los que se ganaban en Colombia. Todo lo contrario a lo que ocurría en los tiempos del equipo Café de Colombia.
Los ciclistas, al ingresar a equipos extranjeros, adquirían compromisos que les impedían correr la Vuelta a Colombia. Hoy,  más de 70 ciclistas colombianos regados por el mundo no corren la vuelta. Por ejemplo, Santiago Botero nunca lo ha hecho y ni siquiera lo contemplan en su calendario de entrenamiento.
Con la recesión económica también se acabaron las visitas de los grandes ciclistas internacionales a la vuelta como cuando en la década del 50 lo hicieron Fausto Coppi y Hugo Koblet.  En los años 70 lo hicieron Felice Gimondi, Bernard Hinault, Laurent Fignon y Greg Lemond, cuando comenzaban sus triunfantes carreras. Y, en los Campeonatos Mundiales de 1995, Indurain, Rominger y Pantani. Es más. En la década del 60, el español Julio Jiménez, tres veces rey de la montaña en el Tour de Francia, vino a prepararse en una Vuelta a Colombia. 
Hoy, un ciclista de esa categoría no está interesado en gastar tres semanas viniendo a competir en una Vuelta que, como la de Colombia, casi no da puntos. En ese lapso puede participar en dos o tres pruebas de la categoría máxima (Pro Tour) en Europa y acumular un mayor puntaje. ""La crisis económica es uno de los factores que han afectado la popularidad de la competencia, pero también los medios y la globalización tienen responsabilidad"", afirma Héctor Urrego, el periodista que más sabe de ciclismo en el país. ""Hace 20 años, la Vuelta  era un evento de mucha expectativa, pero ahora un joven con 70 canales en la televisión y una vuelta sin publicidad ni se da por enterado de que se está realizando"".
Es muy poca la importancia que le dan los medios de comunicación a la Vuelta a Colombia, y el ínfimo interés de la empresa privada es un motivo para que no se  le dé el despliegue que se merece. Sin embargo, en los pueblos y las veredas del país la gente sigue saliendo a aplaudir a los escarabajos durante los pocos instantes en que pasan los ciclistas. 
Para Matt Rendell, autor del libro Reyes de las Montañas, y un estudioso del ciclismo colombiano e internacional, también es definitivo que en Colombia se perdió la función social del ciclismo. ""En los años 50 y 60, los gobernantes buscaban reintegrar los territorios colombianos que terminaban una guerra civil, y reconstruir la nación a través de la Vuelta a Colombia. Está claro que hoy en Colombia el ciclismo es un deporte que no mueve masas y que sólo lo siguen los más fanáticos"". 
Sería justo que la Vuelta a Colombia saliera del ostracismo y recuperara su popularidad. No sólo por su gran capacidad de convocatoria, tan necesaria en estos tiempos. También para rendirles el homenaje que se merecen sus protagonistas, herederos de Hoyos, 'Cochise' y Lucho Herrera, unos héroes cada vez más anónimos, hombres humildes que  entregan lo mejor de sus vidas por coronar las cimas del país."

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