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| 10/31/1988 12:00:00 AM

ASALTO EN SEUL

En un fallo polémico, el colombiano Jorge Eliécer Julio pierde la posibilidad de ganar oro en los Olímpicos.

El escándalo también llegó a la delegación colombiana. Pero no se trató, como podría pensarse, de un asunto de drogas o algo por el estilo. Esta vez un deportista colombiano, el boxeador Jorge Eliecer Julio Rocha, fue víctima de los jueces, que levantaron más de una polvareda durante los Juegos Olímpicos de Seúl-88.

Cuando partió hacia Corea la delegación colombiana, se alzaron las voces de protesta al saberse que, de los 81 integrantes de la embajada deportiva, sólo 44 eran deportistas. De antemano se sabía que el nivel técnico de los atletas nacionales no daba para esperar medallas y las esperanzas se cifraban en lo que pudiera hacer el tirador Bernardo Tovar y en los puños de los boxeadores, que tradicionalmente han sido los que mejores dividendos le han dejado al deporte colombiano.

Bernardo Tovar, al parecer traicionado por los nervios, no alcanzó a atinarle a una medalla, pero quedó en un decoroso sexto lugar en su modalidad, la pistola neumática. El boxeo, por su parte, fue el encargado de deparar las mayores emociones. Recién iniciadas las competencias, llegó la noticia de que el costeño Jorge Eliécer Julio, un muchacho de 19 años, que vendía pescado en Barranquilla y luego se convirtió en celador, había vencido fácilmente a su primer oponente, un filipino que no tuvo nada que hacer frente a la depurada técnica del colombiano. Los comentaristas deportivos se encargaron de dar la primera voz de alerta, cuando afirmaron que posiblemente, no había en Seúl otro gallo mejor que Julio. Por esos mismos días tuvo lugar el primer escándalo. Los segundos del equipo de Corea del Sur la emprendieron contra árbitro y jueces, cuando supieron que su pupilo había sido declarado perdedor frente al búlgaro Alexander Hristov, campeón europeo aficionado de la categoría gallo.

A partir de ese momento, Julio supo que no debía confiarse del criterio de los jueces. Todos los que presenciaron la pelea estuvieron de acuerdo en que el coreano había sido superior y que los jueces habian proferido un fallo acomodado. En su siguiente pelea, el colombiano enfrentó a su rival más poderoso, un puertorriqueño que estaba catalogado como favorito para llevarse la medalla de oro. Julio Rocha dominó todo el combate y, pese a su superioridad, debió conformarse con un fallo dividido. En su siguiente salida,del colombiano estuvo a punto de noquear a un japonés, que durante los tres asaltos de la pelea estuvo corriendo por el encordado, huyéndole a las poderosas manos de Julio Rocha.

A esas alturas, el boxeador costeño se había asegurado, por lo menos, la medalla de bronce y debía enfrentarse al búlgaro Hristov-el mismo cuya victoria sobre un coreano había desatado graves incidentes en el Coliseo Cubierto de Seúl-por el derecho a competir por el oro. Desde el comienzo del pleito-celebrado el miércoles en la noche, hora colombiana-Julio fue mas agresivo. Como lo pudieron ver en directo los televidentes colombianos, a pesar del mayor alcance de su contrincante, que trataba de mantenerlo alejado con su largo jab, el boxeador costeño se mostró mucho mejor y promediando ese round estuvo a punto de tumbarlo, con un golpe que la señal vía satélite repitió en cámara lenta. El segundo asalto resultó más parejo y los jueces, de haber visto la pelea, debieron decretar un empate. El tercer asalto fue el definitivo.
Jorge Eliécer Julio, que ya sabía de la existencia de una "mafia" entre las autoridades boxísticas, salió a demoler a Hristov. El búlgaro, desconcertado ante la rapidez y fortaleza del colombiano, recibió conteo de protección luego de soportar una mortífera combinación en el mentón, que le hizo doblar las piernas y lo tuvo a punto del K.O. En adelante, la pelea fue un monólogo de Julio. Al finalizar, la actuación del colombiano había sido tan categórica que nadie dudaba de su triunfo. El mismo bulgaro estaba cabisbajo, esperando la decisión para felicitar al mejor gallo de los olímpicos. Pero la mafia ganó. Un fallo dividido (3 jueces contra 2) dejó por fuera de la lucha por el oro al colombiano, que se tuvo que conformar con el bronce. Como ocurrió con la pelea del coreano, el público repudió sonoramente el fallo, los periodistas de todo el mundo estuvieron de acuerdo en que se había cometido una arbitrariedad y el presidente del Comité Olimpico Colombiano, Fidel Mendoza, en el único acto que se le conoció durante los juegos en favor de los atletas colombianos, decidió dejar constancia escrita de su inconformidad.

Por ahora, Julio Rocha regresará al país como el único atleta que sacó la cara por Colombia. Seguirá en su antiguo puesto de celador, mientras espera que al convertirse en profesional las cosas cambien. Le queda de recuerdo su medalla de bronce y el agradecimiento de su pueblo que lo recompensó, en algo, al conseguirle tras una campaña de la cadena RCN, una casa propia en su querida Barranquilla, a pocos metros de la de Fidel Bassa, el campeón mundial del peso mosca, cuyas huellas de vendedor de pescado a rey del ring, Julio espera seguir. --
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