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| 7/12/2014 12:00:00 AM

La Verde amarela en liquidación

En Brasil, las camisetas de la ‘Seleção’ tienen descuentos impresionantes. Hay un sentimiento generalizado de querer empezar de cero.

Uruguaina es el San Victorino de Rio de Janeiro. Sobre decenas de cuadras se expande un comercio bullicioso, colorido e informal de chucherías, ropa barata, celulares, bisutería, telas, DVD piratas y, por su puesto, una multitud de camisetas de fútbol.

En las vitrinas, colgando de los techos, sobre perchas móviles, un color domina, con etiquetas rojas que anuncian promociones detonantes detonantes. La Verde amarela de Brasil está en liquidación. Camisetas que antes costaban 60 reales (50.000 pesos) se venden ahora por la mitad. Chaquetas de la Seleçao tienen un 40 % de descuento y las cornetas, sombreros, pelucas y demás elementos del hincha oficial se consiguen por un puñado de reales.



Danilo, un comerciante de Uruguaiana, le dijo a Semana.com que “¡Brasil se fue al piso, pum! Y ya esto no vale nada, aunque algunos turistas todavía compran para llevarse un recuerdo”. Las que más se venden en el barrio son las rojas y negras de Alemania, con las que ejecutaron el 'Mineirazo'. Los mismos colores que el Flamengo de Río, el equipo con más hinchas de Brasil, por el que palpitan más de 33 millones de personas.


En la televisión, también desaparecieron todas las propagandas triunfalistas de la Seleçao, de niños pidiendo el hexacampeonato, de bancos prometiendo “ir junto contigo Brasil” o de Neymar Junior promocionando helados. Eso sí, el bus que lleva la Canarinha sigue advirtiendo, temeroso, “Prepare-se! O Hexa está chegando!” (Prepárense, el hexa está llegando).


Pero la sensación general es que hay que liquidar todo el fútbol de Brasil para volver a empezar. El día siguiente a la derrota nadie sabía cómo explicar lo inexplicable y los medios ya empezaron a atacar con fuerza el sistema sobre el que reposa el balompié nacional.

Romario, campeón en 1994 y ahora diputado federal en Brasilia de la oposición, escribió una carta abierta después de la humillación: “Mi sentimiento es de revuelta. Llevo cuatro años predicando en el desierto sobre los problemas de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF), una institución corrupta que gestiona un patrimonio de altísimo valor en el mercado; usa nuestro himno, nuestros colores, nuestra bandera y, aún más importante, nuestro material humano, nuestros jugadores”.

Tostao, el legendario campeón de México 1970, escribió en su columna de la Folha de Sao Paulo que “Felipao es responsable por la selección, pero no es creador de nuestro mediocre estilo de juego. Él piensa como otros técnicos brasileños. Crearon un monstruo. Desaprendimos a jugar colectivamente”.

En O Globo, otro de los grandes periódicos, Fernando Calasanz opinó que “en las divisiones juveniles rompimos con las características más importantes del fútbol brasileño: el pase, el juego colectivo, el drible, la habilidad con la bola, la creatividad, el arte”.

El Partido de los Trabajadores de Dilma Rousseff promete en su programa electoral una “modernización urgente del fútbol. La CBF no se parece a una institución democrática y transparente. Toca cambiar eso”. Mientras que la próxima semana, el congreso va a discutir una ley sobre “la moralización de la gestión de los clubes.

El único que piensa que todo va bien es Luiz Felipe Scolari. En los últimos días, ha multiplicado sus justificaciones, diciendo que “no hay que ver todo lo malo, hicimos muchas cosas interesantes”, que hubieran podido remontar, que “no se puede reducir todo al resultado a un partido”. Parece que el capitán se hundirá con el barco.
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