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| 12/5/1994 12:00:00 AM

BAÑO DE ORO

Con la destacada actuación del equipo colombiano en los Juegos Iberoamericanos de Mar del Plata, el atletismo vuelve a surgir en Colombia.

EL PASADO LUNES 24 DE OCtubre un grupo de 18 atletas esperó pacientemente en las frías salas del aeropuerto de Bogotá el llamado para abordar el vuelo 087 de Avianca con destino a Argentina. Muchos vieron parte del grupo pasearse por la sala mirando las vitrinas. Muy pocos sabían quiénes eran o qué hacían. Partieron sin publicidad ni despedidas multitudinarias como las de la selección colombiana de fútbol con miras al mundial. A las nueve de la noche salieron de Colombia y ocho horas más tarde arribaron a Buenos Aires. De inmediato tomaron un bus que los dejó a las 10 de la mañana en Mar del Plata, sede de los VI Juegos Iberoamericanos de atletismo.
En Colombia nadie se imaginaba que la selección nacional de atletismo, acompañada tan solo por el presidente de la federación, Ciro Solano, y el entrenador, Valentín Gamboa, lograría 17 medallas -siete de oro, cuatro de plata y seis de bronce-, un récord iberoamericano y tres marcas nacionales. Y mucho menos que el país terminara tercero detrás de Brasil y Cuba, sin duda las potencias de este deporte en Latinoamérica.
La protagonista colombiana fue otra vez la antioqueña Ximena Restrepo, quien conquistó cuatro medallas de oro producto de sus victorias en los 200 y 400 metros planos, así como en su participación en el equipo de relevos de 4x100 y 4x400 al lado de Patricia Rodríguez, Ella Mera, y Flor Robledo. Por su parte, María Villamizar obtuvo el récord iberoamericano en lanzamiento de martillo, y Luis Carlos Lucumí -en jabalina- y Gilmar Mayo -en salto alto-, obtuvieron cada uno medalla de oro.
Algunos afirman que el certamen no tuvo la categoría que se esperaba, entre otras cosas porque varias de las delegaciones lo tomaron más como una preparación para los Panamericanos que se celebrarán en marzo próximo, que como un evento serio. Para otros, el fin de la temporada de algunos atletas, o la simple ausencia de figuras de talla internacional como Javier Sotomayor - récord mundial en salto alto- o Robson Caetano Da Silva -bronce en 200 metros en el mundial de Roma 87-, son factores que le relevancia importancia a estos juegos. Pero más allá de analizar si este certamen fue realmente importante, la verdad es que la destacada actuación colombiana mostró que el país tiene un nuevo deporte en el que puede obtener destacados triunfos internacionales.


GENERACION ESPONTANEA
Las victorias de legendarias figuras como Alvaro Mejía (tricampeón suramericano y del Caribe), Domingo Tibaduiza (medalla de oro en los Panamericanos de México 75) y Víctor Mora (ganador de la carrera de San Silvestre en 1972, 1973, 1975 y 1981), fueron durante muchos años la carta de presentacion del atletismo colombiano en el exterior. Fue una generación de autodidactas sin respaldo que corrían por pura afición. Una época en la que, según Germán Ramírez, director administrativo de la Federación Colombiana de Atletismo, el deporte se medía exclusivamente por los triunfos de los fondistas. Este período comenzó en 1938 cuando Jorge Nova ganó la Media Maratón de los primeros Juegos Deportivos Bolivarianos. Después Colombia tuvo que esperar más de 10 años para que otros atletas lograran conquistas importantes. En 1961, Luis Navas se impuso en la Media Maratón de los Bolivarianos, y después, en 1965, Manuel Cabrera ganó los 5.000 y 10.000 metros en el mismo certamen. Esta pequeña época de triunfos finalizó con las destacadas actuaciones de Domingo Tibaduiza y Víctor Mora en los años 70. Por ese entonces, el atletismo era un deporte que sólo causaba entusiamo en las fiestas de año nuevo cuando la mayoría del país estaba pendiente de la gran maratón de San Silvestre en Brasil.
Ya para mediados de los años 80, el atletismo era un deporte que poco o nada le interesaba a los colombianos. No había ningún triunfo importante y por tanto los aficionados a los deportes concentraban su atención en las carreras de ciclismo europeas y después en el éxito internacional que tuvo el país en fútbol.
Pero unos años más tarde llegaría como de la nada, el hecho que partió en dos la historia del atletismo en Colombia: el miércoles 5 de agosto de 1992, a las 4:50 de la tarde, Ximena Restrepo, con un tiempo de 49.64 segundos, obtuvo la medalla de bronce en los 400 metros planos de los Juegos Olímpicos de Barcelona. Era la recompensa a un trabajo individual y planificado que había empezado a mostrarse en 1991 cuando la velocista paisa logró el sexto lugar en el mundial de Tokio.
La medalla olímpica de Ximena sirvió, entre otras cosas, para demostrar que en Colombia no sólo se podía vivir del fútbol y el ciclismo, y que también era necesario darle apoyo a otros deportes. Con esta idea en la cabeza, la empresa privada se metió la mano al bolsillo y empezó a patrocinar no solo a la federación sino también a algunos atletas profesionales. El Estado, por su parte, no se quedó atrás. Desde este año puso en marcha el programa para la estimulación de deportistas -Los 100 de oro de Coldeportes-, que además de darles un sueldo por su trabajo deportivo, ofrece estímulos económicos para aquellos atletas que batan marcas nacionales.
Gracias a estos programas, Colombia, además de Ximena Restrepo, Gilmar Mayo, Norfalia Carabalí y Luis Carlos Lucumí, tiene varias decenas de jóvenes atletas que poseen todo el potencial para triunfar internacionalmente en el próximo siglo. Entre ellos se destacan Berta Sánchez, Jimmy Pino y Felipa Palacios, tres jóvenes de no más de 17 años, que a su edad tienen marcas cercanas al récord de los mayores.
Con este panorama, muchos dirían que ha comenzado un boom del atletismo en Colombia, pero lo cierto es que este es sólo un buen comienzo que necesita de continuidad. "El apoyo que se ha ofrecido hasta ahora no es suificiente -dice Eduardo Paz, entrenador de Gilmar Mayo-. En el país todavía no existe una estructura organizada que pueda aprovechar todo el potencial humano que hay en Colombia y de esta forma los triunfos de hoy, pasarán a la historia como un golpe de suerte en el atletismo colombiano".

DE PIES A CABEZA
Quienes creían que el voleibol había metido la pata con las nuevas determinaciones en las que cualquier parte del cuerpo de los jugadores podría tener contacto con el balón, se equivocaron. Las nuevas medidas que son de obligatorio cumplimiento a partir del primero de enero del próximo año, le darán, según Rafael Lloreda, presidente de la Federación Colombiana de Voleibol y Vicepresidente de la Federación Suramericana, más amplitud, velocidad y dinamismo al juego. Los partidos no serán interrumpidos con tanta frecuencia. Antes de los Juegos Olímpicos de 1992, disputados en Barcelona, España, la pelota podía hacer contacto de la cintura para arriba. Después de las olimpiadas se aceptó que el límite fueran las rodillas, y en septiembre de este año la federación internacional decidió ampliarlo hasta los pies, lo cual no quiere decir que uno de los jugadores puede patear deliberadamente el balón.
El árbitro será quien determine, de manera enteramente subjetiva (y por tanto cuestionable) la intencionalidad del jugador al momento de pegarle con el pie a la bola. Sería algo así como la mano involuntaria en el fútbol.
Tradicionalmente el saque se ha hecho desde la esquina derecha de la cancha, pero desde el próximo año podrá hacerse desde cualquiera de las dos esquinas, siempre y cuando el jugador esté ubicado detrás de la línea de fondo.
Para Andrés Mesa, director técnico de la selección femenina de voleibol de Colombia, esta determinación es muy positiva porque hace que cada equipo sea menos específico en la colocación de sus jugadores. Ya no se seguirá preparando a uno o dos para una función concreta, sino que en el futuro todos los miembros del equipo tendrán que dominar la superficie completa de la cancha.
Estas modificaciones, en un deporte que tiene casi 100 años de práctica organizada, buscan popularizar el voleibol, volverlo tan comercial y llamativo como el fútbol norteamericano o el baloncesto de la National Basket-ball Association (NBA). Pero ¿Hasta dónde es válido sacrificar la esencia de un deporte que busca entrar a competir por el rating? Por ahora solo se puede esperar a que se le aplique en la práctica lo que en el papel parece dar resultado.
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