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| 4/27/2011 12:00:00 AM

Barcelona vence 0-2 al Real Madrid y se acerca a la final de la Champions

Leo Messi resolvió la ida de semifinales de la Liga de Campeones en un partido volcánico, caótico, polémico, repleto de estrés, tensión y odio.

Una rigurosa expulsión de Pepe envolvió de nuevo un ambiente irrespirable, que sólo Leo Messi, con su talento supo aprovechar.
 
Ni Real Madrid ni FC Barcelona optan este año al premio al Juego Limpio de la UEFA. Eso seguro. El partido fue un accidente, que acabó con tres expulsados -Pinto, Pepe y Mouriho-. Dos de ellos -Pinto y Mourinho- sin estar en el césped.
 
El Real Madrid nunca quiso el balón. José Mourinho lo tuvo claro desde el inicio. Fue a por el 0-0. Sin complejos. El FC Barcelona batió un nuevo récord de posesión de la pelota. En algunos momentos, con el 82 por ciento, cifra jamás vista en el Bernabéu.
 
El Madrid, tranquilo, esperó su oportunidad. Su receta: una contra o sus famosas acciones a balón parado que tanto respeto infunden a los futbolistas de Pep Guardiola.
 
Puyol fue titular. Siempre dispuesto a jugar donde sea. Hoy le tocó en el lado izquierdo. Cumplió Mascherano de central al lado de Piqué. Cristiano apenas si entró en juego. Hubo un momento incluso que se enfadó con aspavientos con sus compañeros porque nadie presionaba la salida del balón de Piqué. El entendió que se fajó en solitario.

Sin embargo, el Barça, a pesar del dominio, llegó poco al portal de Iker. Un eslalon de Villa a los diez minutos, una buena acción de Xavi a los 25. Y poco más, en la faceta ofensiva.

Hubo miedo, respeto, y nada de fútbol. Una decepción de partido. Hasta la recta final del primer tiempo que el encuentro se convirtió en un volcán, en un barullo, en un caos, que acabó con tánganas continuas. Wolfgang Stark, el árbitro, al pitar el descanso se encontró con una pelea callejera en la boca del túnel, que acabó con la expulsión de Pinto.

Todo llegó por un incidente con Alvaro Arbeloa que recogió todo el poso negativo que dejó la final de Copa en Mestalla. Una obstrucción suya a Pedro comenzó a calentar el ambiente. El Barcelona no perdona que Arbeloa zarandeara a David Villa en la final de Valencia. Había cuentas pendientes. Y se vieron en el campo.

Tras este 'parte de guerra', curiosamente, el Real Madrid volvió a sentirse cómodo en el lío. Justo en el 45 dispuso de la mejor ocasión. Ozil, sólo ante Valdés, no pudo abrir el marcador. Con el 0-0 y la crispación como argumento, acabó el primer asalto.


 
En el segundo tramo, Mourinho dio su primera vuelta de tuerca. Mandó a la ducha a Ozil. Entró Adebayor. Fue su apuesta invernal. Y en un momento clave como una semifinal europea, tenía que tener su papel. Buscaba velocidad Mourinho, en un envite donde Pepe, volvió a ser el mediocentro avasallador del Clásico disputado en Liga. Su objetivo siempre fue Xavi. Con el trivote de Mourinho -Lass, Pepe, Xabi-, fue éste último -Xabi Alonso-, el gran perjudicado en la elaboración.

Mejoró el Real Madrid. Adebayor le puso pasión al juego. Ozil anduvo muy frío. Apretó, presionó e intimidó Adebayor a Víctor Valdés. El Clásico derivó en un escándalo permanente ya al decidir el colegiado expulsar a Pepe. Fue por una entrada a Mascherano. Excesivo castigo a Pepe, polémica determinación que podría haber sido resuelta seguramente con una cartulina amarilla. A partir de ese momento, un nuevo envite. Era el minuto 61.

Bronca en la grada, histerismo en ambos equipos y Mourinho también expulsado tras el incidente. Sin fútbol, el espectáculo estuvo en la atmósfera de una grada que convertida en un infierno que animó más que nunca a su equipo. Jamás un Clásico tuvo tan pobre nivel de juego.

El Real Madrid, con diez, no pudo aguantar y se fue del partido. Pep Guardiola refrescó la banda derecha. Y Afellay, por fin para el FC Barcelona, se asomó a un día decisivo. Se fue de Marcelo y puso un balón de oro a Messi, que no desaprovechó. Ahí acabó el partido. Leo Messi, en la recta final, dejó su tarjeta de visita con un soberbio gol en acción individual. El Clásico seguirá en las salas de prensa durante toda la semana. (EFE)
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