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| 6/27/2004 12:00:00 AM

Bombonerazo

Un planteo inteligente del Once Caldas, a base de humildad y temperamento, puso en evidencia las debilidades del Boca Juniors, que se sentía campeón antes de jugar.

El contraste era llamativo. Al terminar el partido del pasado miércoles en La Bombonera, los jugadores de Boca Juniors entraban cabizbajos a su vestuario después de un empate que los ha dejado en la cuerda floja.

Casi todos ellos se habían negado a intercambiar sus camisetas con los jugadores del humilde y para ellos desconocido Once Caldas. Cinco días antes, varios de esos rostros desencajados se pavoneaban sonrientes por los estudios de televisión de Argentina. Para ellos el Once Caldas ni existía. Hablaban de la Intercontinental en Tokio, de lo cerca que está Boca de alcanzar al Independiente siete veces campeón de la Libertadores... es que Boca Juniors se sentía tan campeón desde que eliminó a River Plate en las semifinales luego de la lotería de los lanzamientos desde el punto penal, hecho que la propia hinchada manifestó a través de los medios de comunicación. Ahora hinchas y jugadores de Boca Juniors saben que enfrente tienen un equipo sin estrellas rutilantes, con jugadores sin contratos millonarios de publicidad y poco dotados para gastar bromas en los estudios de televisión y burlarse de sus rivales, pero que saben pararse en la cancha, en cualquier cancha del mundo (Morumbí, Bombonera), sin arrugarse.

Los dirigidos por Luis Fernando Montoya habían asimilado muy bien su difícil victoria ante el Sao Paulo. Siguieron trabajando sin ningún atisbo de triunfalismo. Los calificativos de "modesto" y de "antifutbolístico" que la prensa argentina le dio al Once Caldas después del empate a ceros en La Bombonera siguen dando para pensar que los cinco veces campeones están seguros de un nuevo título.

Once Caldas está cada vez más cerca de alcanzar el título de la Copa Toyota Libertadores de América. Al igual que Argentinos Juniors, Flamengo, Racing Club, Vasco da Gama y Vélez Sarsfield, se podría convertir esta semana en el sexto equipo que, llegando por primera vez a la final, se lleva el título. Pero lo que reconforta, por encima de todo, es la humildad que ha caracterizado a un grupo consciente de sus limitaciones.

En La Bombonera se esperaba un partido muy defensivo del equipo colombiano, y así fue. Boca Juniors tuvo el dominio del juego, creó las opciones más claras de gol (aunque Elkin Soto también lo tuvo de no ser por Abbondanzieri y el travesaño), pero sucumbió en el desespero sin poder encontrar la fórmula para vencer al arquero Juan Carlos Henao, la gran figura de este torneo. El orden en defensa y la seguridad del portero han sido puntos a favor del Once Caldas y más en condición de visitante. El técnico Montoya se la jugó así, y para su fortuna o, como dicen, gracias a la suerte de posible campeón, todos los resultados se le dieron: empató con Barcelona, Santos, Sao Paulo y Boca Juniors como visitante (hablando sólo de las rondas definitivas) y definió en Manizales su paso a las siguientes fases. ¿Pasará lo mismo este jueves?

El mismo Montoya anunció que su disposición táctica en Manizales será muy diferente a la que empleó en Buenos Aires. Seguramente no jugará con un solo delantero sino con dos o, en su defecto, con otro volante de ataque que acompañe a Valentierra, dependiendo de cómo evolucione su lesión. Ese volante podría ser Araújo, jugador de gran capacidad individual que ya suena como posible opción para la Copa América, y que también tuvo un buen papel el pasado miércoles. La defensa ha sido muy fuerte durante el torneo e incluso en Buenos Aires demostró un orden impresionante que supo contener los continuos desbordes de Barros Schelotto y ataques del brasileño Iarley.

El gran resultado conseguido como visitantes permite soñar, pero todavía no hay nada definido. Boca Juniors en estas instancias no siempre ha sido un buen local y, por el contrario, ha conseguido de visitante buena parte de sus títulos (ver recuadro), después de flojas actuaciones en La Bombonera. Pero Once Caldas ha demostrado, como lo hizo en el mítico estadio de Boca, que no le teme a nadie. Ni el público ni el peso de la historia amilanaron a un equipo que cada vez se ve más sólido. Sin duda América en los 80 o Deportivo Cali en 1999 tenían una nómina mucho más contundente, pero Once Caldas ha sabido ante todo imponer jerarquía. Ojalá la mantenga este jueves ante su público y le dé a Colombia su segundo título en este torneo, después del obtenido por Atlético Nacional en 1989.
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