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| 6/11/2014 12:00:00 AM

¡Listos para el Mundial 2014! O casi...

Nathan Jaccard, enviado de SEMANA a Brasil, fue al Arena Corinthians, donde se inaugura el Mundial, y esto encontró.

El cemento todavía está fresco. Aquí y allá, hay andamios con obreros pintando vigas. En la rampa de acceso a la Arena Corinthians, una cuadrilla instala postes de luz. Cientos de trabajadores, en overoles azules, se agitan. Parece increíble que en menos de 24 horas este mismo sitio será el ombligo del universo futbolístico.

El jueves mil millones de televidentes verán a Brasil abriendo su Copa frente a Croacia en Sao Paulo. La presidenta Dilma Rousseff se codeará con 12 jefes de Estado, Jennifer López liderará un par de coreografías de inauguración y 800 periodistas reportarán el frenesí para el mundo. Pero este miércoles, hay más cascos que camisetas de fútbol.

El Itaquerao, como también conocen el estadio, no va a estar listo y lo que tenía que ser una fiesta apoteósica para coronara Brasil como potencia emergente, puede terminar siendo un espejo de los problemas que todavía tiene el país. Como escribió la revista brasileña Época, en la edición que circula esta semana, “el estadio podría ser visto como un homenaje a la infraestructura del país, o a la misma democracia brasileña. Es una obra en construcción”.

Foto: Nathan Jaccard / SEMANA.

La decisión de hacer un nuevo estadio para el Mundial en Sao Paulo se tomó a fines de 2011. En ese momento a muchos les pareció una decisión absurda, pues la megalópolis tiene por lo menos dos canchas con capacidad: el Morumbí del Sao Paulo F.C. y el Parque Antártica del Palmeiras. Pero decisiones donde se mezclaron intereses personales, financieros, electorales y futbolísticos terminaron por darle al popular club Corinthians la oportunidad de tener un estadio nuevo.

Como relata Época: “El Itaquerao nació, creció y no ha sido terminado por las manos de políticos, empresarios y dirigentes deportivos que apostaron en su suntuosidad para ganar votos, dinero y entrar en la historia”. 

En 2011 empezó el proyecto impulsado por hombres de Luis Inacio ‘Lula’ Da Silva (gran fanático de Corinthians). La obra incluyó gradas móviles, la pantalla gigante ‘mais grande do mundo’ (4.734 pulgadas), 10.000 palcos VIP, diseños amigables con el medio ambiente, materiales que aíslan acústicamente la cancha de su entorno y revitalizar Itaquera uno de los barrios complicados de Sao Paulo. 

Pero las cosas se empezaron a complicar. Problemas de dinero, sobrecostos, demoras en girar los créditos del Estado a las constructoras, obras a contrarreloj. Y lo peor. En noviembre de 2013 dos obreros murieron en un grave accidente laboral, cuando una grúa se desplomó sobre la estructura. 

Hubo daños graves, pero al día de hoy no se sabe qué pasó. Después de 16 días parada, la obra volvió a empezar. Pero en mayo, otro trabajador murió mientras instalaba las graderías móviles. Ocho personas perdieron la vida en la construcción de los estadios brasileños, un triste récord. En Sudáfrica 2010, lograron limitar los accidentes a solo dos decesos.  

Entre tanto la cuenta creció y creció. Si al principio el Corinthians, que tenía que ser entregado en diciembre de 2013, costaba 335 millones de reales, ahora la factura sobrepasa los 965 millones. 

El jueves, cuando se inaugure, aún faltará terminar parte del techo de cristal que protege al público y parte de las gradas amovibles no pudieron ser probadas antes de la entrega. Adriano Pires, una analista brasileño en infraestructura, dijo a AP que “no hacer un examen final con el estadio lleno es un riesgo, tanto para la seguridad como para la comodidad. Algo que el Itequerao tiene que tener”. 

El diario O Globo reportó que la FIFA decidió retirar 7.000 puestos, pues ya no hay tiempo de instalarlos. Los sobrecostos además amenazan la estabilidad financiera del Corinthians y hay tres investigaciones penales abiertas por posible detrimento patrimonial. 

Joao es guardia de seguridad. En la estación de metro al pie de la Arena Corinthians, cuenta sin que le pregunten, que “no quiero que Brasil gane. Es una vergüenza lo que están haciendo, un escándalo. Nos dimos cuenta que el Mundial no nos sirve. Después de la Copa esto va a estallar. Va a pasar la fiesta y no va a dejar nada”.

Foto: Nathan Jaccard / SEMANA.
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