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| 6/12/2014 12:00:00 AM

Brasil prevalece frente a una Croacia que vendió cara su derrota

La decisión del juez japonés cambió el panorama de un partido que se le presentaba muy complicado al anfitrión y pentacampeón del mundo.

El equipo de Scolari prevaleció, le anotó tres veces a un Croacia sólido e inteligente, y pisó primero al sumar tres puntos. Neymar anotó dos goles, Oscar cerró la cuenta, y Marcelo abrió el marcador del partido con un gol en su propia puerta.

El panorama a mediados del segundo tiempo era sombrío para el local. Empataba a uno y Croacia subía sus líneas, pues ya había soportado los embates de Brasil en el comienzo de la segunda mitad y parecía animarse a buscar el de la ventaja. Ya se había ido arriba tras el autogol de Marcelo en el primer tiempo y confiaba en que podía irse arriba de nuevo. Justo en ese momento en que la Verdeamarella parecía quedarse sin soluciones, una jugada controvertida cambió el panorama del partido.

Yuishi Nishimura, el central japonés, dictaminó un penal al minuto 69, cuando el partido estaba empatado a un gol y el resultado podía favorecer a cualquiera de los dos. Neymar anotó, tras una carrera entre dubitativa y sincopada, Pletikosa tocó el balón con sus dos guantes pero no logró desviar el remate.

El inicio y el desarrollo

Brasil empezó el partido intenso, inquieto y poco preciso. Desde el túnel y el canto de himnos se le sintió, como equipo, cargado y con necesidad de desfogar en gritos la presión inmensa del reto de jugar un mundial en casa.

Los dirigidos por Niko Kovac, un técnico que se ha caracterizado por incluir el método científico en los entrenamientos de su escuadra, aplicaron un plan efectivo desde que rodó el balón. Esperaron atrás en bloque, y estallaron con contragolpes de Ivica Olic, jugador del Wolfsburgo, que aprovechaba las desatenciones defensivas de Dani Alves y se erguía como figura del juego en el primer tiempo.

De uno de los centros con veneno de Olic desde la izquierda surgió el primer gol del partido, ese que prendió las alarmas del mundo entero. Olic rompió por izquierda, cruzó un balón que en el área rozó su compañero Jelavic, y que luego Marcelo, sin poder controlarlo, puso en arco propio para el 0-1, silencio en Sao Paulo, júbilo en Zagreb. Fue el primer autogol en la historia mundialista del equipo más ganador del torneo.

Brasil respondió con gallardía y algo de brusquedad, intentó con centres, intentó con un Oscar que intentaba zafarse del control al que parecía sometido, con un Neymar que lograba violar la última línea y metía pases de la muerte que no encontraban recepción, y tras varios intentos fallidos parecía aplacarse el impulso de los locales.

Poco después de una falta fuerte de Neymar, que pudo terminar en expulsión para el llamado a ser la figura del mundial (subió el codo premeditadamente y recibió amarilla), llegó un confuso intercambio en el medio campo. Poco después de la bomba central, el 10 brasilero recogió la pelota, dejó atrás la marca deslizante de un zaguero, e impactó de izquierda, rasante desde fuera del área. Pletikiosa, que hasta ese momento había atajado los pocos intentos directos de Brasil nada pudo hacer. Se empató el partido, y respiró el estadio Itaquerao.

Brasil cerró el primer tiempo con mayor ímpetu, y con ese mismo empezó la cruzada por el triunfo en el segundo. Croacia por su lado mantenía firme, apelaba a las faltas cortantes. Oscar trataba de mostrarse más en el partido, jugaba más arriba, pero las respuestas no terminaban de convencer. Pasaron los minutos, y se hizo más denso el juego en el medio, cortado, sin opciones. Llegaron los cambios entre el minuto 60 y el 68, justo antes del penal que todo lo definió.

Al minuto 69, Fred vendió la falta a la que Nishimura dio el sí, y Brasil encontró un premio grande para lo que venía haciendo en el terreno. El 2-1 desnaturalizó el espectáculo, pero demostró el tesón del equipo croata, que supo que si iba a morir sería dejándolo todo: se abrió en busca del empate, no lo logró, y al minuto 90 recibió la estocada final. Oscar galopó hacia el arco de Pletikosa, y de puntazo magistral -al piso y al palo- selló la victoria.

El 3-1 deja para la historia un marcador abultado, quizás mentiroso para el trámite del partido. Mucho premio para un Brasil, al que a pesar de dominar el balón en mayor parte, se le venía la noche con un rival de quilates.
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