Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2010/06/30 00:00

Brasil y Holanda cambian de chip

"Es un clásico. Será como una final", dijo Robinho apenas después que Brasil había eliminado a Chile para concretar una cita con Holanda en los cuartos de final del Mundial. Por Eric Núñez

Brasil y Holanda cambian de chip Foto: EFE


El calificativo de clásico cabe en los papeles por toda la historia que rodea a dos selecciones exponentes de lo más exquisito a la vista en el fútbol.

Si fuese en otros tiempos, un Brasil-Holanda embelesaría a cualquier aficionado ante la expectativa de un partido entre dos virtuosos. Pero ya no: la Verdeamarela y la Oranje han dado un giro de 180 grados en cuanto a estilo, y el calificativo de obreros es el que mejor se ajusta a sus realidades.

Cada uno tiene un molde previsible, escasa creatividad y arriesga poco. Ahora bien, sin importar el cambio de estilo, sin entretener como antes, tanto Brasil como Holanda no han dejado de ser efectivos. Están con el radar bien sintonizado para aprovechar el mínimo despiste del oponente.

Y aún pueden echar mano a figuras individuales de alto calibre. Kaká, Robinho y Luis Fabiano son los cracks brasileños. Arjen Robben, Wesley Sneijder y Dirk Kuyt son las estampas de Holanda.

¿De dónde surgió el cambio de actitud? La culpa nace de traumáticas eliminaciones en copas recientes.

En Brasil caló mal el adiós hace cuatro años en los cuartos de final del Mundial ante Francia, con recriminaciones por la displicencia exhibida.

La Confederación Brasileña de Fútbol apuntó a un técnico disciplinario y llamó a Dunga, quien poco a poco fue desarmando el publicitado "Cuadrado Mágico". El único sobreviviente es Kaká, el "niño bueno" por excelencia. Ronaldo, Ronaldinho y Adriano, señalados como culpables del fracaso en Alemania, no fueron tomados en cuenta para Sudáfrica.

Holanda pegó la vuelta en Alemania tras los octavos, derrotada por Portugal en la llamada "Batalla de Nuremberg". Marco van Basten tomó las riendas y encandiló en la Eurocopa de 2008 hasta que una Rusia dirigida por Guus Hiddink le desinfló el globo en los cuartos de final.

El siguiente elegido como timonel fue Bert Van Marwijk, cuyas credenciales no tenían los mismos galones de sus predecesores como Hiddink, Dirk Advocaat y Leo Beenhakker, con el fin de llevarle bien lejos.

Dunga y Van Marwijk no perdieron el tiempo para imponer sus nuevas filosofías y, ante todo, códigos de conducta.

Y ambos demostraron tener el don para que sus selecciones tuviesen un voraz apetito para las victorias. La de Dunga salió primera en las eliminatorias sudamericanas y conquistó la Copa América, mientras que la de Van Marwijk cerró una marcha inmaculada de ocho triunfos en las eliminatorias europeas.

No fue casualidad que la primera gran decisión tomada por Van Marwijk fue traer de vuelta a su cuñado Mark van Bommel, un perro de presa como volante de marca. Dunga también tiene predilección en esa clase de jugadores, como Felipe Melo.

El atractivo sigue latente y los referentes inmediatos de cruces en los mundiales no son lejanos, ya que se remontan a ediciones sucesivas en la década de los 90.

Ambos partidos caben bajo la descripción de electrizantes. Brasil salió triunfante en las dos oportunidades, un 3-2 en los cuartos de final en Estados Unidos 1994 y por la vía de los penales en las semis de Francia 1998. Dunga fue protagonista de esos partidos como volante de contención.

"Holanda tiene una buena tradición jugando mundiales, es un equipo difícil para jugar, con un estilo parecido al sudamericano", dijo Dunga. "Tenemos que estar cautelosos ... y estar listos para defendernos".

Van Marwijk también tiene sus elogios para el Brasil actual.

"Brasil es un equipo muy maduro y estable. Suelo hablar de que hay cierto tipo de arrogancia que es positiva. Eso se ve en el fútbol holandés, pero también con los brasileños".

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