Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1982/12/06 00:00

CALIDAD Y CANTIDAD

En dos semanas, tres equipos colombianos triunfaron en el exterior

CALIDAD Y CANTIDAD

Este año, ¿quién será señalado como el mejor ciclista, como el más destacado de 1982? En los años sesenta, la elección se hacía básicamente entre Cochise, el Ñato Suárez y Alvaro Pachón. Los triunfos internacionales eran escasos y la vuelta a Colombia, junto con alguna medalla en los juegos panamericanos decidían quién era el más destacádo. Al irrumpir los años setenta, Cochise Rodríguez fue campeón mundial en Varese, Italia, de los cuatro mil metros persecución individual, una prueba de pista, y batió el record mundial de la hora. Una absurda denuncia le impidió participar en los olímpicos de Munich, acusado de profesionalísimo.
Este hecho le quitó a Colombia la posibilidad de obtener una medalla (todos en Colombia "sabíamos" que era la de oro), aunque pocos días después Helmut Bellingrot logró en tiro al jabalí lo que todo un país esperaba en su deporte nacional: la primera medalla olímpica. Mientras tanto, Rafael Antonio Niño asombró al país al ganar la vuelta a Colombia en su primera participación, hazaña nunca repetida en la historia del evento.
Cochise y Niño se fueron a Italia, donde cambiaron su papel de amos por el de obreros, y corrieron el Giro d'Italia al servicio de Gimondi y Battaglin. Los años setenta fueron dominados por Niño, quien ganó seis de las diez vueltas de la década anterior.
Los años ochenta llegaron nueve meses antes de la victoria de Alfonso Flórez en el Tour de L'Avenir. Comenzaron a aparecer nombres y más nombres. Las competencias cortas, como el clásico RCN y la clásica de Boyacá, adquirieron una importancia casi tan grande como la misma vuelta. Ya no eran dos o tres los favoritos para ganar las competencias. Se inauguró la era de los abanicos de candidatos. Parra, Niño, Rubiano, Patrocinio, el "Sardino" Gutiérrez, el Sammy Cabrera, y diez o veinte más con posibilidades de ganar.
Llegó 1982. El clásico RCN lo ganó Luis Herrera, derrotando al francés Pascual Simon, uno de los rivales más peligrosos del número uno en el momento, Bernard Hinault. La vuelta la ganó Cristóbal Pérez, uno más en la nómina de boyacenses al servicio de Niño. En el Tour de L'Avenir, el mejor aficionado fue Pérez y Rafael Acevedo fue el rey de la montaña. Los franceses declararon a Luis Herrera "la revelación del año" y en París premiaron a Pérez como el segundo mejor ciclista amateur de la temporada. Y los colombianos fueron invitados a la más importante de las carreras ciclísticas del mundo: el Tour de Francia.
Y en estas dos semanas, en tres puntos de América, los ciclistas colombianos demostraron que al factor calidad se está agregando otro: la enorme cantidad de ciclistas que están en condiciones de representar al país en las competencias internacionales.
En Panamá, Alfonso Flórez se impuso en la clásica "Presidente de la República" .
Rafael Tolosa se consagró campeón de la vuelta a Guatemala. El subcampeón fue Martín Ramírez. En la montaña se impuso Ramón Tolosa, en la metas volantes también ganó Rafael Tolosa y en la clasificación por equipos ganó Colombia. Y en Chile, cuatro contra cincuenta y cuatro defendieron a muerte en el terreno plano la ventaja que obtuvieron Patrocinio Jiménez y Rubiano en la única etapa de montaña, demostrando que los colombianos son imbatibles en el ascenso y temibles en el terreno llano. Sin la menor posibilidad de alianza, se defendieron a muerte de los ataques provocados a cada instante por los norteamericanos y los belgas, por los italianos y los uruguayos. Rubiano ganó el título de montaña y en la etapa contra el reloj le arrebató la camiseta de líder a Patrocinio Jiménez.
Esta explosión de triunfos a nivel internacional parecería ser el fruto de una eficaz labor de los dirigentes del ciclismo nacional. Cualquier observador desprevenido se admiraría del trabajo de una federación capaz de llevar tan lejos a los ciclistas del país. Pero ello no es así. Al contrario. Los ciclistas que fueron a Guatemala se hubieran tenido que retirar por falta de plata si no es porque los comerciantes de Ciudad Kennedy reunieron fondos para ayudar a los representantes de Colombia. Los dirigentes de estos forjadores de hazañas están muy lejos de ser medianamente aceptables. Otra cosa es que el ciclismo es una actividad tan del pueblo que, sin necesidad de dirigentes, nuestras montañas se encargan solas de convertir las aspiraciones de decenas de miles en las veinte realidades que actualmente asombran a los expertos del ciclismo mundial.
Algunas décadas separan los brumosos tiempos de Ramón Hoyos con los tiempos de la invitación al Tour de Francia. Sólo falta una medalla olímpica para llevar a la cumbre esta historia que se ha escrito a punta de hazañas. Pero volviendo al tema, sigue latente la misma pregunta: ¿quién será señalado como el ciclista del año en Colombia cuando termine 1982?

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