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| 6/2/2015 9:00:00 PM

¿Quién se quedará con el poder en la FIFA?

Tras la renuncia de Blatter lo más seguro es que el continente europeo se quede con el control del negocio del fútbol. La geopolítica del balón cambiaría por completo.

Michel Platini, gloria del fútbol francés y actual presidente de la UEFA, calificó la renuncia de Joseph ‘Sepp’ Blatter como “correcta y valiente”. Curiosos calificativos si se tiene en cuenta que el jueves pasado, antes de la elección en la FIFA, le había exigido la renuncia al entonces triunfante presidente.

La reacción políticamente correcta de Platini tiene una explicación: quiere calmar las aguas para poder dominar la próxima elección presidencial al interior de la federación. El saliente Blatter convocó a un nuevo congreso para que los representantes de las 209 asociaciones escojan al nuevo mandamás del fútbol mundial y, a su vez, el continente europeo quiere retomar el poder.

Entre la FIFA y la UEFA ha habido una guerra fría en los últimos 20 años. Las ligas del viejo continente tienen los equipos más poderosos por su capacidad económica y siempre se han mostrado en contra de los manejos globales de la FIFA, que mal que bien ha democratizado la penetración del fútbol –como negocio global- en mercados que parecían lejanos como el americano, el asiático y en el último lustro el de medio oriente.

Mientras que la FIFA impone calendarios para que las competiciones de seleccionados tengan cabida en las agitadas temporadas anuales, la UEFA insiste en tener prelación para sus ligas y su “apasionante Champions League”. Con Blatter y el ya fallecido Julio Grondona al mando, la lucha interna entre la UEFA y la Conmebol terminaba inclinándose hacía el lado suramericano, pero después del estallido del 'FIFAgate' todo el ajedrez puede cambiar.

Blatter construyó su imperio apoyando a las pequeñas federaciones en detrimento de los más poderosos. Durante años esa preeminencia repercutió en la repartición del dinero. Mientras la FIFA giraba fondos para que, por ejemplo, la Federación Colombiana de Fútbol construyera una sede propia, relegaba los apoyos a los países europeos. Durante la última década esa fue la queja constante del viejo continente.

La UEFA, lejos de quedarse con los brazos cruzados, aprovechó su capacidad organizativa para fortalecer sus competiciones. Consiguió patrocinios por su cuenta y maneja a su antojo los derechos de transmisión de sus partidos. Esta independencia relativa y las profundas diferencias se fueron acrecentando con las controvertidas escogencias de sedes para los próximos mundiales.

Para el Mundial de 2018, España y Portugal postularon una sólida candidatura, basada en la importancia de sus ligas. La FIFA ya tenía comprometida la competición para Rusia, que garantizó un jugoso patrocinio a todas las competiciones. El bloque de Blatter, encabezado por la Conmebol, votó por Rusia y desató la furia de las ligas más importantes del mundo.

Todo empeoró con la selección de Catar para que sea sede del 2022. Esta vez fue Estados Unidos el que se presentó como candidato para ser sede, y una vez más el bloque de Blatter escogió a Catar –a pesar de sus problemas climáticos y de infraestructura- sin importar las denuncias por amaño de votos. Los estadounidenses no se quedaron con ese golpe e iniciaron una serie de investigaciones que desencadenaron en el escándalo más grande registrado de la cúpula de este deporte.

Pesca en río revuelto

Desde que finalizó el Mundial de Brasil, en 2014, la UEFA arreció en sus críticas contra la centralización de la FIFA. La Copa América Centenario se convirtió en el nuevo ‘florero de Llorente’.

Para Europa esta competición le significa perder a los mejores jugadores a mitad de temporada, por lo que tendría que apretar el calendario. Además se cruza con el desarrollo de la Eurocopa, lo que le restaría televidentes a su producto.

Por esto Michel Platini insistió en la candidatura del príncipe jordano Ben Alí. Buscaban hacer una carambola a tres bandas: sacar a Blatter del camino, congraciarse con los mercados de medio oriente e imponer sus copas como el producto insignia del fútbol mundial. Y fue la justica estadounidense la que le dio el empujón que tanto se necesitaba.

La renuncia de Blatter deja vacante el trono y la UEFA aparece como la organización más sólida para tomar las riendas, ya que la Conmebol y la Concacaf salieron seriamente heridas tras los escándalos de corrupción. Las restantes confederaciones de los demás continentes están expectantes a las directrices europeas.

El congreso para elegir nuevo mandamás en la FIFA está presupuestado para los primeros meses de 2016. En este periodo de transición lo más seguro es que la UEFA difunda un mensaje de renovación y cambio. Argumentarán que su organización tiene la experiencia y la capacidad para refundar a la entidad y mejorar la calidad del fútbol que vemos día a día.

América, la gran perdedora

En lo que concierne al hemisferio americano esta toma del poder podría cambiar toda la geopolítica del balón. Si la FIFA centraliza sus esfuerzos en Europa, el poder de los países americanos se reducirá a la potencialización de los jugadores, mientras que la audiencia televisiva se inclinaría por todo lo que proponga la UEFA.

Es todo un cambio en el paradigma. Los cupos a los mundiales podrían cambiar. Hasta la controvertida sede de Catar 2022 estaría en discusión. El bloque todopoderoso de Blatter compuesto por la Conmebol, la Concacaf y las federaciones africanas tendría que someterse a los mandatos de la UEFA, que ganaría la guerra fría.

Se vienen meses definitivos para el negocio global del fútbol. Habrá que esperar cómo se moverán las federaciones para llegar al trono que deja vacante un Joseph Blatter que hace pocos días parecía indestronable. Las apuestas están abiertas.
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