Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2009/12/25 00:00

Casos de dopaje marcaron el deporte esta decada

El atletismo, ciclismo, béisbol y tenis fueron algunos de los deportes que protagonizaron escándalos por el uso de sustancia prohibidas. Ahora se duda de cualquier súper record.

Casos de dopaje marcaron el deporte esta decada

Marion Jones era una de las figuras doradas del deporte en el albor de la década: ganadora de cinco medallas olímpicas en Sydney 2000, la estadounidense de la sonrisa destellante representaba una nueva era de superatletas para los que los récords parecían destinados a caer como fichas de dominó.

Casi 10 años después, Jones es una especie de paria, un ejemplo ideal de la plaga que en gran medida marcó el deporte mundial en la década: el dopaje.

El atletismo, ciclismo, béisbol y tenis fueron algunas de las disciplinas más afectadas por los escándalos de dopaje que tocaron —directa o indirectamente— a muchas de las figuras deportivas más destacadas de los últimos 10 años.

El Tour de Francia, la competencia de ciclismo más importante del mundo, perdió parte de su atractivo y numerosos patrocinadores por una serie de escándalos que incluyeron despojar por primera vez del título a un campeón cuando en 2006 el estadounidense Floyd Landis arrojó positivo a niveles elevados de testosterona artificial.

Jones, implicada en el escándalo de dopaje BALCO, confesó en 2007 que había utilizado esteroides durante la olimpiada de Sydney. Hace unos meses el COI le quitó oficialmente las medallas que ganó esos juegos.

Su ex esposo y ex dueño del récord mundial de los 100 metros Tim Montgomery también incurrió en dopaje, en una lista de atletas de pista y campo muy larga para enumerar.

Los escándalos fueron tan frecuentes, que la nube de la duda se cierne sobre deportistas que jamás arrojaron positivo.

Lance Armstrong, ganador del Tour de Francia en siete ocasiones, ha tenido que defenderse una y otra vez de las acusaciones de dopaje, mientras que Usain Bolt, el hombre más rápido del planeta, llegó a reconocer que posiblemente siempre existirá la duda sobre sus logros.

"Tan pronto empiezas a correr rápido surgen los problemas", indicó el velocista jamaiquino. "Se necesitan un par de años para que la gente empiece a creer que de verdad estás limpio".

Tan pronto las organismos reguladores, encabezados por la Agencia Mundial Antidopaje, crearon pruebas para detectar ciertas sustancias, los tramposos se las ingeniaron para inventar nuevas drogas.

A los esteroides comunes y corrientes le siguieron drogas más avanzadas como la hormona de crecimiento humano (HGH). Y después que se creó una prueba para detectar EPO —una hormona que aumenta la producción de glóbulos rojos en la sangre y mejora el rendimiento_, nació una versión avanzada llamada CERA.

Una mención aparte para el béisbol estadounidense, un deporte que al comienzo de la década ni siquiera contaba con un programa antidopaje.

Una vez se estableció el programa, en medio de gran presión del público y de agencias internacionales, los casos de uso de esteroides y otras sustancias para mejorar el rendimiento salpicaron a sus principales estrellas.

Dos de los mejores jugadores de esta generación —el bateador Barry Bonds y el lanzador Roger Clemens— fueron acusados de utilizar sustancias para mejorar el rendimiento. Ambos lo han negado, pero encaran juicios por supuestamente mentir a las autoridades al respecto.

Alex Rodríguez, Sammy Sosa, Rafael Palmeiro, Manny Ramírez, Mark McGwire, José Canseco... todas superestrellas del béisbol que de una forma u otra se vieron involucradas en escándalos de dopaje.

"Es horrible para el béisbol", comentó en mayo el jugador de los Yanquis de Nueva York Johnny Damon. "Basta con que ver la cantidad de superestrellas vinculadas, o alegadamente (vinculadas). Definitivamente esta era está empañada".

Por supuesto, el uso de sustancias prohibidas para mejorar el desempeño no se inventó en los 2000. Sólo hay que remontarse a la década de los 70 y 80 para recordar el dopaje sistemático de atletas en el bloque soviético —especialmente en Alemania Oriental— y al famoso caso de Ben Johnson en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988.

Pero una nueva era de telecomunicaciones, la implementación de mayores controles antidopaje y los casos de grandes figuras del deporte provocaron que cualquier logro deportivo que parezca extraordinario sea visto con sospecha por el público.

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