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| 6/14/2014 12:00:00 AM

Colombia venció a Grecia y se sintió en casa

Con goles de Pablo Armero, Teófilo Gutiérrez y James Rodríguez la selección tuvo un debut soñado ante su similar de Grecia.

El Mineirao fue colombiano. Por noventa minutos, más de 55.000 compatriotas se tomaron el estadio, se lo adueñaron como si fuera propio. Por momentos pareció que el Mundial no era en Belo Horizonte, sino en Barranquilla. Una sola mancha amarilla ocupaba las gradas.

La ola empezó rápido. Ya cuando sonó el himno patrio, la hinchada mostró que iba con toda. La FIFA sólo puso la primera estrofa, pero no importó. A capela miles de voces decidieron que el himno tenía que ir completo. Así no estuviera en la programación.

Al minuto 6 Colombia ya iba ganando y la fiesta no paró. Los hinchas silbaron cuando había que silbar, rugieron cuando tocaba, corearon los nombres de los futbolistas que necesitaban aliento. Una algarabía donde se entrecruzaban miles de voces y abrazos. 

Fue una hora y media de locura, de felicidad desbordante, de “Ole ole ole ole olaaaa”, de “vamos, vamos Colombia, que esta tarde tenemos que ganar”, de saltos que pusieron por momentos a temblar el Mineirao. 

Desde temprano se empezaron a llenar las graderías. Gente de Bogotá, Fusa, La Ceja, Cali, Medellín, junioristas barranquilleros con la tricolor. Toda Colombia en Brasil, alentando y gozándose un sueño. Con sus trapos, banderas, miles de cornetas. Un concierto colorido y alegre.

Poco peso tuvieron los “¡Hellas, Hellas!” griegos, rápidamente cubiertos por una avalancha de chiflidos. Hoy, la hinchada fue realmente el jugador número 12. Apabulló al rival, le dio fuerza al 11 en la cancha, celebró como se debía el regreso al máximo escenario del fútbol, a la cumbiamba mundialista.

Cuando el árbitro estadounidense Mark Geiger pitó el final del partido, no se escuchó nada. La gente, en una locura colectiva, celebraba el tercer gol, saltando y llorando. La fiesta es Colombia. 

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