Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2007/07/03 00:00

Colombia, una eliminación con sabor a risas

El equipo de Jorge Luis Pinto se despidió de la Copa América con un pálido triunfo, pero brindó, como dicen los comentaristas deportivos, “un lindo espectáculo a la afición”.

Colombia, una eliminación con sabor a risas

La despedida de Colombia en la Copa América fue tan triste como su debut. Del 0-5 frente a Paraguay y el 2-4 ante Argentina el equipo nacional pasó a un cómico triunfo 1-0 frente a la suplencia de la suplencia de EU. El que el resultado es lo de menos. Está vez Colombia ni siquiera lució mal parado en la cancha. Sencillamente fue risible.

La historia parecía comenzar bien, con opciones una Colombia desordenada que perdía más balones de los que recuperaba, pero que parecía tener opción de irse arriba en el marcador. Y hasta lo hizo. Bastó un momento de inspiración de Camilo Zúñiga para centrar por la derecha y apareció Castrillón con un cabezazo que se fue al fondo de las piolas. A los 15 minutos del primer tiempo Colombia ya ganaba 1-0 , pero la verdadera diversión estaba por llegar.

Colombia no era capaz de avanzar ante un Estados Unidos, que no era ni la sombra del equipo que ganó la Copa de oro hace unas semanas. Ni siquiera un remedo del que jugó los dos primeros partidos de la copa América.

A los 34 minutos el arquero de Estados Unidos le cometió falta a Hugo Rodallega en el área, el árbitro decretó la pena máxima y el goleador colombiano no pudo marcar el gol. Tampoco pudo cobrar peor. Débil, lento y casi al centro de la portería. Su lanzamiento lució casi tan desganado como el de la primera pena máxima de Colombia en la Copa, cobrada por Domínguez. Que Colombia desperdicie una pena máxima ya no es noticia. Lo curioso del caso es Rodallega haya sido el primero en levantar la mano para adueñarse de los cobros desde el mismo día en que Domínguez erró frente a Paraguay. “La próxima la cobro yo”, dijo con una seguridad exactamente contraria a la que demostró cuando le tocó el turno de chutar.

A esas alturas el público ya sabía que no podía esperar mucho de técnica en el partido, pero guardaba la esperanza de que hubiera algo de espectáculo. Y el espectáculo continuó. A los 41 minutos Amaranto Perea se ganó una tarjeta amarilla por una falta innecesaria y Róbinson Zapata demostró que él también podía conquistar una por demorarse en un saque de meta.

Entre tanto Colombia divagaba con la pelota. A ratos la quitaba bien y la entrega mal. En ocasiones la entregaba bien pero no quitaba. Y por momentos ni quitaba ni entregaba. Estados Unidos se adueñó del partido y varias veces estuvo cerca del empate. Los delanteros colombianos no solo eran incapaces de anotar, sino que llegaron al colmo de no poder pegarle al balón teniéndolo en su poder. Nadie se los disputaba. Ellos solos, cual niños en edad aprender a caminar, levantaban sus pies y no podían pegarle al balón.

A los 78 minutos el equipo colombiano volvió a demostrar su grandeza. El técnico Pinto decidió metió a la cancha a Andrés Chitiva y sacó a césar Valoyes, pero éste último creyó que podría quedarse hasta la semana siguiente en la cancha. Tarjeta amarilla por demora en abandonar el campo
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Y cuando todo el mundo creía que nada más podía pasar en contra de las aspiraciones colombianas se produjo la expulsión del arquero Zapata. Sí, el mismo que entró en remplazo de Calero ante el bajo rendimiento del vallecuacano (que recibió nueve goles en dos partidos). Tenía amarilla por pérdida deliberada de tiempo, peor no aprendió la lección. Y como el que es caballero repite, volvió a quemar tiempo y volvió a ganarse otra amarilla, que se convirtió en roja por acumulación. Y para afuera.

Colombia parecía un equipo de niños de colegio. Hizo recordar esas etapas de juventud en las que todos los muchachos de barrio querían jugar fútbol, pero nadie se le medía a atajar. “Tape usted”. “No, usted” se decían los jugadores colombianos. A alguien se le ocurrió que, ante la imposibilidad de hacer más cambios, la persona que debería encargarse de la portería colombiana era Chitiva, el pequeño armador ex Millonarios cuya voluntad era, sin duda, mucho más grande que su estatura. Después de varios minutos de risas para los comentaristas del continente, tomaron la decisión: “Que tape Rodallega”. Algún gracioso agregó que ya que no pudo marcar goles por lo menos contribuyera a evitarlos.

El momento en el que asumió el encargo fue aún más divertido. En principio parecía no saber que tenía que usar guantes. O tal vez no querer usarlos. El jugador al que muchos hinchas del fútbol consideran el futuro de la selección, aquel al que muchas esposas de los hinchas llaman “el negro divino” se veía caricaturesco en aquel momento.

Su primer saque completó la obra. Despejó hacia el centro directo hacia donde estaban los jugadores de Estados Unidos que rápidamente llegaron hasta su portería. Solo el bajo nivel de los norteamericanos evitó que llegara el empate.

Tras cuatro minutos de reposición y muchos de hilaridad el partido concluyó. La fanaticada colombiana, por esta época enojada con su selección, dejó a un lado el mal humor y terminó protestando al árbitro por terminar tan rápido semejante diversión.


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