Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1989/10/30 00:00

COMANDOS A ISRAEL

El 15 de octubre en Barranquilla y el 30 en Tel Aviv, Colombia se juega su cupo en Italia-90.

COMANDOS A ISRAEL


Al fin se dio una. Ya era hora de que la suerte cambiara y favoreciera a Colombia. Y eso fue lo que sucedió el domingo 24 cuando, sentados frente al televisor, los colombianos vieron cómo sus posibilidades se jugaban en Guayaquil. El futuro de la selección de Francisco Maturana estaba en manos del equipo ecuatoriano y las mejores posibilidades de avanzar a la siguiente ronda eran para Paraguay, que se jugaba el todo por el todo en la cancha. Pero, por fin, las cosas salieron a pedir de boca para Colombia.

Ecuador ganó por 3-1 a Paraguay y Colombia debe enfrentar ahora a la selección de Israel por un cupo para Italia-90. Por eso no importó el frío ni el temor a las bombas. La gente desafió cualquier riesgo y salió a las calles a celebrar la única buena noticia de los últimos meses.

Lo que estaba claro, aun antes del partido del domingo, era que por méritos técnicos y por buen fútbol Colombia merecía estar en la siguiente fase. El de Maturana, a pesar de sus problemas, fue el equipo más sólido y con mejores fundamentos técnicos y tácticos. En su orden, aunque parezca paradójico, Ecuador era el segundo y Paraguay el último. Pero como en el deporte la lógica no siempre funciona, Ecuador encaró la eliminatoria en medio de un bajón futbolístico que no le permitió desplegar todo su poderío. Y, para rematar, en su primera salida cayó frente a Colombia, lo que, de entrada, minó su moral. Por eso fue el colero del grupo, pese al buen juego de hombres del calibre de Alex Aguinaga, un volante de altura internacional.

El caso de Paraguay fue diferente. Aunque a pocos días de comenzar la eliminatoria el equipo estaba pasando por una crisis, comenzó su participación con un triunfo sobre Colombia en calidad de local. A una semana de ese partido y tras una larga cadena de inconvenientes entre directivas y jugadores, la Liga Paraguaya de Fútbol sacó de la dirección técnica a Eduardo Luján Manera, el argentino que durante año y medio manejó al equipo, y trajo a Cayetano Re, el hombre que los había clasificado para México-86. El cambio dio resultados en los dos primeros encuentros--que se jugaron en Asunción--, más por el carisma de Re que por lo que pudo aportar en el aspecto deportivo, pero a la larga no fue suficiente. En realidad, lo que el nuevo técnico hizo fue infundirle mística y coraje a un equipo que no tenía muchas armas más. Fuera de eso, sus esperanzas radicaban en lo que pudieran hacer Gustavo Neffa, Alfredo Mendoza y Javier Ferreira, y en una genialidad de Roberto Cabañas. Pero aparte de Cabañas, cuya clase es bien conocida, ni en conjunto ni en individualidades Paraguay fue más que Colombia.

Pero en lo que sí fue superado el conjunto colombiano fue en ganas. Paraguay se entregó en cada uno de los minutos que jugó durante la eliminatoria. Sus hombres hicieron todo lo posible por superar sus carencias futbolísticas con un pundonor que estuvo a punto de sacar a los hombres de Maturana del ring. A lo largo de toda la fase, sólo en el partido final, cuando Paraguay estaba a punto de llevarse los dos puntos de Barranquilla, y de paso la clasificación, se vio a una selección Colombia herida en su amor propio y poniéndole toda el alma al asunto. De resto, sin importar los altibajos, al público le quedó una sensación de apatía. Se sabía que Colombia era el mejor conjunto del grupo, pero con la fama y la estampa no era suficiente. Es más, sin quitarle méritos a lo hecho durante la eliminatoria, Colombia, sin duda alguna uno de los mejores equipos del continente--al lado de consagrados como Uruguay, Argentina y Brasil--, debió ganar su tiquete para la siguiente ronda en Barranquilla, frente a Paraguay, y no esperar a que Ecuador le diera la mano.

No queda duda de que la selección no estuvo en su nivel. Y no se trata sólo de Carlos Valderrama, quien acusó el desgaste de una temporada difícil en Francia. Fue un equipo al que le faltó mucha mística, entrega y disposición de ánimo. Hay que esperar que la clasificación no enmascare los síntomas y los jugadores recapaciten sobre lo que implica ir a una Copa Mundo. Al menos, que piensen que una buena actuación en Italia puede ser el pasaporte para contrataciones millonarias en equipos europeos.

Claro que todavía queda un obstáculo por superar, Israel; aunque no parezca, no es un aparecido en esto del futbol. Estuvo en México-70 y sólo perdió su encuentro con Uruguay por marcador de 2-0. Empató a un gol con Suecia y dividió honores con Italia, a la postre subcampeón de esa Copa Mundo. En la actualidad, se trata de una escuadra peligrosa, que ganó el derecho a disputar una casilla para el Mundial tras vencer a Australia y Nueva Zelandia. Si bien parecen rivales sin muchos pergaminos, Australia--por ejemplo--estuvo en el Mundial Alemania-74 y tiene algunos jugadores en el fútbol inglés. A lo anterior hay que sumar que tres jugadores israelíes militan en el fútbol europeo. Su delantero Roni es goleador del Standard de Lieja, Bélgica, en donde juega también su compañero de selección Shalom Tikva. Su arquero es pretendido en estos momentos por tres clubes ingleses de primera división, lo que habla muy bien de su calidad. Y, como si fuera poco, los directivos del fútbol israelí conocen bien el juego de Colombia, ya que el propio técnico estuvo presente en varios de los partidos del grupo suramericano.

Como se puede ver, todavía no hay nada seguro. Habrá que jugar el 15 de octubre en Barranquilla y el 30 del mismo mes en Tel Aviv para saber si el sueño colombiano se hace realidad. Por lo pronto, sólo queda corregir algunos puntos, no muy críticos, en el aspecto técnico y táctico. Lo importante es que el susto de lo ocurrido con Paraguay haya servido y los jugadores se hayan dado cuenta de que la camiseta no asusta a nadie. Si se quiere ir a Italia hay que poner toda el alma durante los 90 minutos de juego. De lo contrario, la Copa Mundo seguirá siendo una ilusión y el proceso adelantado por Maturana durante dos años se quedará sin broche de oro. -

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