Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2005/04/24 00:00

Con el corazón en la mano

Nueve pilotos acrobáticos disputan a partir de este año la Red Bull Air Race, una combinación extrema de arrojo, pericia y nervios de acero.

Con el corazón en la mano

Un avión vuela casi a ras sobre las aguas del río Danubio y se acerca peligrosamente al Parlamento de Budapest. Cualquiera evocaría a Matías Rust, el piloto alemán que aterrizó su avioneta en la Plaza Roja de Moscú a finales de los años 80 o un ataque estilo Al Qaeda a menor escala.

En realidad se trata de una nueva prueba que tiene enloquecidos a los amantes de los aviones y de los deportes extremos, y que ya comienza a aglutinar a centenares de miles de seguidores, ya sea en vivo o a través de la televisión. La Red Bull Air Race combina velocidad y acrobacia, y a partir de este año se celebra en nueve competencias durante el año. Al igual que en la Fórmula 1, los escenarios son más que glamourosos. Ciudades cosmopolitas o donde los dólares ruedan a mares (Toronto, San Francisco, Rotterdam y Abu Dhabi), dos muy románticas (Budapest, Moscú) y parajes de ensueño: Zeitwg (en los Alpes austríacos), y los castillos de Longleat (Inglaterra) y Rock of Cashel (Irlanda).

Es un espectáculo alucinante. Los competidores, cada uno por separado, deben cubrir un recorrido muy estrecho, desafiar obstáculos y hacer toda suerte de acrobacias en el menor tiempo posible. Hacen medios giros y giros completos e incluso deben volar en dirección ascendente. Sin duda se trata de una competencia con un nivel de exigencia extrema para los pilotos y los aviones, y gana aquel que cubra el recorrido en menos tiempo y que a la vez cometa el menor número de errores. Según la magnitud del error, al piloto se lo penaliza con dos, tres o 10 segundos extras. Los aviadores vuelan en aparatos capaces de soportar hasta 15 veces la fuerza de la gravedad, a velocidades que van desde los 100 hasta 420 kilómetros por hora.

El pasado 8 de abril se realizó la primera prueba en Abu Dhabi, la capital de Emiratos Árabes Unidos. Allí se impuso el piloto húngaro Peter Besenyei (campeón mundial de acrobacias aéreas o aerobatics y el creador de esta prueba), seguido del británico Steve Jones, el estadounidense Steve Mangold y el francés Nicolas Ivanov.

Besenyei no inventó nada puesto que las carreras aéreas nacieron en Estados Unidos hace casi un siglo, en 1909 (de hecho, el legendario piloto y constructor Glenn Curtiss fue uno de los pioneros en este campo), y desde entonces se han venido desarrollando pruebas de todo tipo. Por ejemplo, en la película El aviador se muestrala pasión del magnate Howard Hughes por batir toda suerte de marcas en los años 30.

El aporte de Besenyei consistió en unir acrobacia y velocidad en una sola prueba. En las competencias de velocidad tradicionales el piloto se desplaza en línea recta, da un giro de 180 grados y regresa. Por lo general gana el piloto que tenga el avión más veloz, sin importar si es el más diestro, y como espectáculo es más bien monótono. El as húngaro inventó unos obstáculos a través de los cuales deben pasar los pilotos y agregó determinadas figuras acrobáticas para superarlos. De ese modo, no necesariamente gana el avión más rápido sino el piloto que combine mejor arrojo, pericia y sangre fría.

La modalidad se estrenó en el AirPower03 en Zeltweg, donde participaron seis pilotos acrobáticos, y en 2004 se realizaron tres pruebas en Inglaterra, Hungría y Estados Unidos. Este año la competencia cuenta con nueve participantes. Además de Besenyei, Jones, Mangold e Ivanov están inscritos el español Alexander Maclean, el holandés Frank Versteegh, el alemán Klaus Schrodt, el estadounidense Kirby Chambliss y el británico Paul Bonhomme, quienes se darán cita el 12 de junio en el puerto holandés de Rotterdam para continuar con esta aventura a la que sólo se atreven un puñado de elegidos.

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