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| 6/20/2013 12:00:00 AM

Confederaciones: la Copa de las vergüenzas

Brasil ha sido sacudido por robos a jugadores, protestas en las calles y el desconcierto gubernamental.


Existe una horrible muletilla periodística que no debería usarse jamás pero que en este caso cobra absoluta vigencia: nadie se imaginó que iba a suceder. En efecto, nadie se imaginó que las peores cosas fueran a ocurrir en la tierra del fútbol durante un torneo oficial de Selecciones. Cuando Brasil ganó el derecho a organizar la Copa del Mundo el pronóstico general fue el de que se vería una fiesta de samba y futbol.

Y como la FIFA hace un tiempo había decidido que una buena manera de corregir las fallas era realizar un año antes la Copa Confederaciones, se creía que estos días de 2013 serían sensacionales. Sin embargo, no ha sido una celebración sino un trago amargo: protestas masivas, cientos de heridos, un gobierno de izquierda desconcertado por las manifestaciones y, lo que faltaba, robos a los jugadores.

En efecto, en las últimas horas trascendió que a los futbolistas de la selección de España los robaron mientras estos disputaban un encuentro en el estadio.  El diario Marca dice que por eso los internacionales no van a guardar un gran recuerdo de su estancia en el hotel Golden Tulip de Recife a pesar de los halagos que recibieron por su victoria ante Uruguay. “Soportaron la presencia de insectos en las habitaciones, unas comunicaciones deficientes... y la sustracción de dinero”, dice el rotativo.

El medio agrega que seis jugadores de La Roja sufrieron el robo de dinero que tenían en sus cuartos, alguno de ellos hasta una cantidad alrededor de los 1.000 euros. De su falta se dieron cuenta en la mañana del lunes, cuando el equipo tenía que poner rumbo al aeropuerto de Recife para volar hasta Río de Janeiro.

“Gerard Piqué –la pareja de la cantante colombiana Shakira- fue el primero en avisar de que un sobre en el que tenía guardados varios billetes había desaparecido. Al resto de jugadores afectados les pasó igual al recoger sus pertenencias. La denuncia hizo que la expedición retrasara su salida para presentar la pertinente reclamación y avisar a las autoridades locales de lo que había ocurrido”, dice el periódico.

Entre tanto, las protestas se riegan con una fuerza sorprendente. Se ha extendido a 80 ciudades y ya lograron un primer propósito: bajar el precio de los tiquetes en Sao Paulo y Rio de Janeiro.  Los alcaldes de las dos urbes se unieron así a otros seis burgomaestres que ya han dado marcha atrás. Pero las movilizaciones no han terminado y ahora exigen también mejores políticas en educación, salud y, lo más sorprendente, una revisión en los gastos de la Copa Mundo. Por todo esto la presidenta, Dilma Rousseff, se vio obligada a suspender un viaje oficial a Japón que debía emprender el próximo lunes y en el que se iban a firmar trascendentales acuerdos bilaterales.

Y lo más sorprendente: los símbolos futbolísticos del país han tomado posiciones de uno y otro lado. Pelé, tal vez la gloria deportiva más grande del fútbol no solo de Brasil sino posiblemente del planeta, dijo que la gente debería aparcar por unos días las manifestaciones y centrarse exclusivamente en la Copa de Confederaciones.

De inmediato, le cayó Romario, otra gloria universal, quien le dijo cuando él guardaba silencio “era un poeta”. Es decir, “cállate”. Rivaldo, otra leyenda, exigió mostrar las cuentas del torneo porque le parece que el “despilfarro en el fútbol ha sido evidente”. Y en este escenario, surgió con una claridad y una contundencia sin igual Neymar, quien por su calidad está llamado a ser el sucesor de los tres anteriores: “Siempre tuve fe en que no sería necesario que llegáramos al punto de tirarnos a la calle para exigir mejores condiciones de transporte, sanidad, educación y seguridad, sobre todo porque es una obligación del Gobierno”.

“Mis padres”, agregó Neymar, “trabajaron mucho para poder ofrecerme a mí y a mi hermano un mínimo de calidad de vida… Hoy, gracias al éxito que ustedes me proporcionan, podría parecer demagógico por mi parte —pero no lo es— levantar la bandera de las manifestaciones que recorren todo Brasil; pero soy brasileño y amo a mí país (…) Quiero un Brasil más justo, más seguro, más saludable y más honesto. En el partido contra México entro en el campo inspirado por esas movilizaciones, estamos juntos”. Es decir, la Copa de las vergüenzas.
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