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| 3/14/2011 12:00:00 AM

¿Cuál es el poder de Ferguson, Guardiola y Mourinho en sus equipos?

Los entrenadores que pasan a la historia no solo lo hacen por sus aptitudes técnicas, también tuvieron que entender y “controlar” las políticas de sus clubes. Estos son tres casos.

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BBC
Los grandes entrenadores de fútbol, los que serán recordados como símbolos de su época y de sus equipos, no se pueden limitar a asuntos técnicos: también necesitan controlar la política de sus clubes y hasta de las federaciones nacionales.

Los prohombres de esta hora, Alex Ferguson, Lord Voldemou (Mourinho)  y Pep Guardiola, ejercen este control en grados diversos.

El catalán mantiene una relación personal con la afición culé, "puenteando" a la directiva del Barça, a la que mantiene sobre ascuas con su táctica de renovar el contrato en forma anual.

El escocés se ganó el respaldo de la familia propietaria del Manchester United, los Glazer, al reconocer en forma pública la legitimidad de su gestión, rechazando explícitamente la rebeldía de los socios y simpatizantes que trataron de impugnarlos.

El portugués, sin los lazos afectivos de Guardiola en el Barcelona y Ferguson en el Man U, y urgido por la crónica impaciencia institucional del Real Madrid, desencadenó una exitosa blitzkrieg contra sus supuestos enemigos en la directiva, que acorraló y finalmente rindió al presidente Florentino 'Ozymandias' Pérez.

Cada uno de estos tres soberbios ejemplares del oficio de entrenador de fútbol despliega un estilo propio en las intrigas palaciegas para asegurarse la cuota de poder que necesita.

El catalán

Guardiola se presenta en público como un personaje de buenos modales, que deja para los demás las agresiones y las zancadillas. Cuando los periodistas le piden una opinión sobre una pulla de Voldemou, por ejemplo, él se abstiene de responder.

El público, "su" público, agradece esta muestra de sensatez y esa noche se retira agradeciendo a los dioses del fútbol que todavía existan modelos de buena conducta en un mundo de escándalo.

El escocés

Ferguson cultiva la imagen del guerrero celta, duro, incansable, despiadado. Exige fidelidad total y castiga sin contemplaciones a quienes se desvían de la buena senda, que por supuesto consiste en hacer exactamente como él diga.

Sus admiradores son legión, por supuesto, después de tantos éxitos, salpicados con arrebatos de furia (el famoso "lanzallamas" de su aliento en el cogote de sus víctimas) y alardes de bonhomía.

El portugués

Voldemou usa la intriga, la manipulación de los hechos, una capacidad prodigiosa para identificar la debilidad de su adversario y una lamentable falta de escrúpulos para salirse con la suya.

Los fieles admiran su demolición de las convenciones, lo consideran un paladín de la sinceridad, que se bate incansablemente contra la hipocresía del poder constituido.

Salud y estilo

Los tres estilos son igualmente exitosos, pero cabe señalar que el introvertido Guardiola lo está pagando con su hernia de disco, mientras que los extrovertidos Voldemou y Ferguson rebosan salud, porque siempre liberan la presión interna por algún orificio.

Guardiola esquiva los conflictos que surgen a cada momento en su oficio. Los esquiva pero no los resuelve y siguen presionando.

Ferguson, en cambio, rejuvenece embistiendo a quienes se atreven a criticarlo, ya sean periodistas o funcionarios.

Para Voldemou, el enfrentamiento y el intercambio de acusaciones, tanto certeras como falaces, son el alimento cotidiano que lo mantiene por delante de sus perseguidores.

Su último éxito ha sido la conquista del poder total en el Real Madrid: Lord Voldemou ya es más presidente que Ozymandias.

La señal fue el respaldo público del presidente Ozymandias al estilo de su entrenador, como nueva forma del "señorío" del Real Madrid, que hasta hace unos días tenía otro significado.

Tierra arrasada

Tan seguro está Voldemou de su éxito y de su impunidad, que se atrevió a insultar indirectamente a sus rivales en la junta directiva.

Veamos sus declaraciones a los periodistas, como ha informado el diario deportivo Marca, que es voldemouista de la primera hora.

"Me han dicho que después de la película 'El discurso del Rey' tenemos uno del rey Florentino. Si es en la dirección que me han explicado puede ser importante para el futuro del Real Madrid (...) Un gran club necesita de un gran entrenador pero los grandes entrenadores solo lo son si tienen un gran club detrás. Eso es sagrado, tener al presidente como máximo responsable del club apoyando es importante para mí. Quien no siente no es hijo de buena gente y si a lo largo de la temporada pasan cosas y tú no las sientes no eres hijo de buena gente. Si estamos juntos, sentimos dificultades, problemas e injusticias, seremos más fuertes".

El pasaje en bastardilla es la clave de este desahogo, una clave insultante para los directivos (Jorge Valdano el primero, pero hay otros que se sentirán aludidos) que no comulgan con esta táctica de tierra quemada que despliega Lord Voldemou.

¡Ah! Digamos, de paso, que desde el punto de vista de Voldemou, el presidente aparentaba "no sentir" hasta hace unos días. Felizmente, ahora se sabe que él también es "hijo de buena gente".
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