Viernes, 31 de octubre de 2014

| 2011/08/05 00:00

De Castaño a oscuro...

John Edison Castaño fue el mejor jugador de Colombia en el Mundial Sub-20 de 1985. Sus gambetas y goles lo hicieron famoso, se convirtió en la gran esperanza del fútbol nacional y varios equipos extranjeros quisieron tenerlo, pero con el tiempo se diluyó. ¿Qué pasó con él?

John Edison Castaño fue nuestro fugaz Maradona, e integró una de las mejores generaciones colombianas junto a hombres como René Higuita y John Jairo Tréllez. Foto: FOTO: El Tiempo

En 1983 Colombia hizo un pésimo Campeonato Suramericano en Bolivia. Quedó último de su grupo, perdió tres de los cuatro partidos que jugó y recibió nueve goles. El equipo regresó al país con más pena que gloria.

Dos años después y con la misión de resarcir aquella triste imagen, apareció en Paraguay un deslumbrante equipo de muchachos dirigido por Luis Alfonso Marroquín que, entre otros resultados, aplastó 4-1 a Uruguay.

El 30 de enero de 1985 fue un día dorado para el fútbol colombiano, pues no solo logró clasificar por primera vez a un mundial juvenil, sino que, además, fue el bautizo de un nuevo genio del fútbol: John Édison Castaño.

Tenía casi todas las virtudes, velocidad, gambeta, juego colectivo, frialdad para definir. Sin duda era un diamante en bruto que apenas superaba los 1,65 metros de estatura. La prensa no tardó en compararlo con otras figuras del balompié internacional y en calificarlo como la gran promesa del fútbol colombiano. Sin duda, por su forma de jugar, la selección se ganó en buena parte el viaje al Mundial de la Unión Soviética.

“Nosotros llegamos como cenicientas a ese Suramericano y terminamos siendo uno de los mejores equipos”, recuerda el delantero de esa Selección juvenil. Y recita la alineación de aquel equipo: “en el arco, Higuita; en la defensa, Édison Álvarez, Núñez, Córdoba y Ampudia; en la mitad de la cancha, Hurtado, Carlos Álvarez y Rodríguez, y adelante, ‘Pipe’ Pérez, Tréllez y yo. Era un equipo que tocaba mucho, que sabía dar espectáculo”.

El Mundial llegó siete meses después. “Fue un viaje largo y allá muchos nos enfermamos. Pasamos la primera fase, pero la debacle vino contra Brasil, cuando perdimos 6-0. Muchos jugadores, entre ellos yo, teníamos pulmonía... nos tocó pedirle permiso a la FIFA para que nos inyectaran, porque no podíamos casi ni respirar antes de ese partido. De todas formas, fue una experiencia inolvidable”.

Todos creían que este jugador, que nació para el fútbol en el Deportivo Pereira y que fue contratado al poco tiempo por América, llegaría a Colombia a figurar como nadie en las canchas nacionales. No fue así.

¿Por qué si su carrera era tan prometedora hoy el nombre de John Édison Castaño es el de un ilustre desconocido? Él mismo, de manera honesta, asume que le faltó poner de su parte, aunque también culpa a América de Cali. Esta es su versión: “Recién llegué del Mundial hubo ofertas de equipos de España, Paraguay y Brasil, pero yo era jugador de América y ellos no me dejaron progresar. En ese tiempo era un equipo muy difícil, uno tenía que quedarse casi obligado y al técnico, Gabriel Ochoa Uribe, no le gustaban mucho los jugadores jóvenes. Así que me tocó calentar banca bastante tiempo”. Aquel era el América de Gareca, Battaglia, Willington Ortiz y Roberto Cabañas, el mismo que llegó a tres finales consecutivas de Copa Libertadores. Todo se hizo cuesta arriba para Castaño.

Es innegable que John Edison se cotizó luego del Suramericano y del Mundial. De España, por ejemplo, llegó una oferta del Real Murcia: le pagaban bien, le daban carro, casa y viajes. “Debí irme ahí mismo, pero quienes manejaban América estaban empeñados en que más adelante me iban a mandar a un equipo grande de Italia y eso nunca pasó”, dice con tono pausado, casi sentimental, añorando lo que pudo ser y no fue.

Entonces, el ‘crack’, la promesa que se quedó en promesa, se rebeló contra el fútbol y la vida. Dicen en Cali que se aferró a la noche, a la fiesta, a las tentaciones, que el joven jugador se descontrolaba cada vez que recibía plata a ‘costalados’.

Él tiene una explicación: “Yo era muy joven e inmaduro y me costó manejar la fama y el dinero. Pensaba en lujos, en comprar carros, en pasarla rico y me faltó quien me guiara. Ahora los jugadores tienen ‘manager’, sicólogo, empresario... En ese tiempo yo mismo tenía que sentarme a hacer mis contratos. De todas formas, creo que se dijeron cosas de mí que no fueron verdad; de ningún equipo me echaron por indisciplina, ni escándalos”.

John Édison finalmente logró que lo transfirieran en 1987 a Atlético Nacional, pero sufrió una grave lesión de rodilla que lo alejó mucho tiempo de las canchas. Regresó a América y cuando parecía que todo se acababa, se apareció Racing Club: “Tenía una gran ilusión de ser figura en Argentina pero en un entrenamiento un jugador juvenil se me lanzó con todo y me lesionó la misma rodilla”.

Su nivel nunca volvió a ser el mismo de 1985. Regresó a América después de su fallido paso por Argentina. A partir de entonces no hizo más que andar de tumbo en tumbo por diferentes equipos de Colombia: Santa Fe, Cali, Once Caldas, Trujillanos de Venezuela, Huila, Tolima, Quindío y, finalmente, Pereira, donde había comenzado su carrera.

El que pudo ser uno de los más brillantes jugadores colombianos de todos los tiempos tiene hoy una escuela de fútbol. Allí entrena con perseverancia a los más pequeños, siempre con el presagio de que quizás algún día en su cantera surja un jugador aún mejor de lo que él fue. 

“Yo lo dirigí”

Durante el Mundial los periodistas rusos dijeron que John Édison Castaño era el ‘Maradona colombiano’ por su estilo, figura, regate, velocidad y potencia. Pero después fue un jugador mal llevado. Su técnico en aquel equipo, Luis Alfonso Marroquín, dice que Castaño debió haberse ido pronto a Brasil, donde lo querían. “Allí al habilidoso que levanta tribunas se le protege, pero aquí no fue así. Sufrió lesiones y, además, el hecho de recibir tan joven fama, dinero, ostentación y lujo terminó perjudicándolo”.

Marroquín, quien es considerado uno los artífices de la revolución del fútbol colombiano en los años 80, se lamenta: “Pecó por excesos, aunque conmigo fue un buen muchacho. Es una pena para Colombia que un talento como él no haya cristalizado. Desde entonces, no he visto nunca que surja un jugador con la clase que él tenía”.

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