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| 3/25/2006 12:00:00 AM

¿De quién es el balón?

Un conflicto de cesión de jugadores amenaza la tensa paz entre clubes profesionales y selecciones nacionales. De un lado, el G-14, organización que alberga los 18 clubes más importantes de Europa; del otro, la Fifa.

Abdemajid Oulmers y el Sporting Charleroi, dos desconocidos que tienen enemistados a los grandes del fútbol. El primero es un volante franco-marroquí de 27 años y un trasegar más bien discreto. El segundo es un club de Bélgica, fundado en 1904 y con dos copas de su país como máximos logros. Sin embargo, la lesión del africano durante un juego amistoso entre Marruecos y Burkina Faso, en noviembre de 2004, podría traer como consecuencia el desembolso de considerables sumas de dinero por parte de las selecciones a los clubes.

Todo comenzó cuando los directivos del Charleroi acudieron a la justicia ordinaria para pedirle a la Fifa una indemnización. ¿La razón? La ausencia de ocho meses del volante había incidido en el rendimiento del equipo, que no logró clasificarse a ninguna competencia internacional para la presente temporada. El equipo belga calculó los perjuicios en 620.000 euros. De este incidente se ha agarrado el G-14 para pedirle al ente que rige el fútbol en el mundo una cifra mucho mayor -860,4 millones de euros- como compensación por la cesión gratuita de sus jugadores a sus respectivos equipos nacionales durante los últimos 10 años.

La batuta del G-14 está en manos del abogado Jean-Louis Dupont (al frente del caso Bosman 11 años atrás, ver recuadro), quien tiene por argumento que son los clubes los que pagan sueldos millonarios a los jugadores sin que reciban ningún tipo de retribución a cambio. En muchos casos, argumenta Dupont, el jugador regresa lesionado de las convocatorias y eso implica inversión para su recuperación, además de la ausencia del futbolista durante varios partidos. "El Mundial de 2006 va a generar unos 2.500 millones de euros, de los que ni uno llegará a los clubes que proporcionan el ingrediente indispensable para este espectáculo: los jugadores".

La Fifa no se ha quedado callada y por boca de Joseph Blatter, su presidente, ha dicho que está "preparada para afrontar un largo proceso jurídico". No obstante, el mismo Blatter había aceptado en diciembre del año pasado que se debería "tener un mínimo de respeto hacia los clubes que ponen a sus jugadores a disposición de las selecciones y darles una parte de la distribución", lo que indica que tenía planeado llevar a cabo la iniciativa a futuro, pero sin pagar una indemnización por hechos del pasado. En lugar de dinero, el suizo ofrece reformas y reflexiones. En la última de ellas recordó que la Fifa reinvierte el 75 por ciento de los beneficios generados por las competiciones que organiza en las federaciones nacionales, que son las que negocian con los clubes.

Al margen de dicha declaración, Blatter ha recomendado disminuir el número de equipos en las principales ligas del Viejo Continente. Mientras la mayoría cuenta con 20 clubes en primera división, el dirigente recomienda unificar todas a 18 para recortar el número de partidos y así asegurar un descanso de un mes a mitad de temporada, con el fin de reducir el cansancio físico de los jugadores, lo que aminoraría el riesgo de lesiones. Alemania ha aplicado dicho modelo con éxito.

El problema es que hay declaraciones encontradas en el seno de la organización asentada en Zurich, porque uno de sus abogados, Christopher Ronse, afirma que "el objetivo de la Fifa es proteger, promover y organizar el fútbol en el mundo. Es un motivo ideológico, no comercial". Las palabras contrastan con los balances que año tras año presenta Blatter al mundo y en los que se demuestra que el fútbol es un negocio rentable. Cada una de las 32 selecciones clasificadas a Alemania recibió 750.000 dólares antes del sorteo de grupos, mientras que aquellas que se clasifiquen a la segunda ronda percibirán dos millones. El ganador del torneo podrá marcharse a casa con 19 millones de dólares, mucho más de los 7,9 millones que recibió Brasil en 2002.

¿Torneos sin figuras?

¿Será posible en un futuro ver una final del mundo Brasil-Italia sin la presencia de Ronaldinho, Adriano o Totti? Difícil predecirlo. Lo cierto es que las dos partes están dispuestas a involucrarse en un largo y tortuoso proceso jurídico que se podría solucionar en varios años. Por lo pronto, Michel Platini, posible sucesor del sueco Lennart Johansson en la presidencia de la Uefa, ha dicho que "el G-14 no tiene ninguna legitimidad. Los clubes tienen el derecho de hacer sus reivindicaciones, pero a través de las estructuras existentes" y recomendó que "los jugadores deben acudir a las convocatorias de sus selecciones, aspecto importante para los clubes, ya que les da un valor añadido que beneficia a sus equipos en caso de traspaso".

Abdemajid Oulmers y su equipo armaron una polémica que ha trascendido a las más altas esferas del fútbol; esa lucha ya no les pertenece. En diciembre de 2004, después de su lesión frente a Burkina Faso, el jugador se fue a descansar al sureste asiático y lo sorprendió el tsunami en Phuket, Tailandia. Sobrevivió al desastre natural. ¿Podrá salir airoso de esta hoguera de avaricia?
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