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| 9/14/1987 12:00:00 AM

DIRECTO A LA FAMA

Con el Baby Rojas Colombia confirma su buena mano para producir campeones de boxeo.

El pasado domingo 9 de agosto los colombianos se despertaron con un nuevo campeón mundial de boxeo. Pero lo que más sorprendió de este muchacho no fue su nombre Sugar Baby José Rojas, ni su estilo dentro del cuadrilátero, pues muy pocos lo habían visto pelear, sino su facilidad para hablar con la prensa, su amabilidad y su carisma."Yo tenía fe en mi victoria y así se lo pedí a Cristo en mis oraciones cuando leía la Biblia todos los días", fueron las primeras declaraciones del nuevo campeón, quien sorteó con fluidez tanto a su adversario, el argentino Santos "Falucho" Laciar, como a los periodistas.
Rojas, quien ganó por decisión unánime de los jueces el campeonato mundial de la categoría supermosca se convirtió en el tercer campeón mundial colombiano en la actualidad junto a Miguel "Happy" Lora en el peso gallo y Fidel Bassa en los mosca.
Estos tres deportistas conforman la segunda cosecha de campeones mundiales de boxeo que logra Colombia en su historia, después de las jornadas gloriosas de los años 70.

LA PRIMERA COSECHA
Todo empezó en 1972, cuando un boxeador desconocido le dio al país su primer campeonato mundial de boxeo. Antonio Cervantes "Kid Pambelé", nacido en San Basilio de Palenque venció al panameño Alfonso "Pepermint" Frazier, campeón mundial de los welter junior, en su propio patio. El triunfo de "Pambelé" hizo renacer el interés por el boxeo, que se había perdido tras los fallidos intentos del hasta entonces mejor boxeador colombiano, Bernardo Caraballo, en los años 60. Cervantes empezó su carrera "casando" peleas callejeras mientras lustraba zapatos en Cartagena. Como ha ocurrido con todos los campeones colombianos, "Pambelé" vio que sus puños podían sacarlo de la miseria y comenzó a frecuentar los gimnasios de la ciudad hasta el día en que, decepcionado por la falta de apoyo y oportunidades, viajó a Venezuela con la esperanza de perfeccionarse. De no haber sido así, nunca hubiera logrado el ansiado título. Mientras "Pambelé" se paseaba por Centro y Suramérica coma rey indiscutible de su categoría, un negrito cartagenero, antiguo pescador, se destacaba en Estados Unidos y pretendía emular al palenquero:
Rodrigo "Rocky" Valdés se convirtió al poco tiempo en el segundo campeón mundial colombiano. Al igual que Cervantes, el "Rocky" buscó en el boxeo lo que la pesca le negó. El reinado de Valdés no fue tan sólido como el de su compatriota, pero la suerte lo trató mejor. La categoría de los pesos pesados, la más importante durante más de dos décadas, veía el ocaso de sus ídolos Mohammed Alí, Joe Frazer y Oscar "Ringo" Bonavena, mientras que la de los medianos se robaba el show con nombres como los de José "Mantequilla" Nápoles, Benni Briscoe, Carlos Monzón y Rodrigo Valdés. Monzón sacó de combate al cubano-mexicano Nápoles y Valdés venció al norteamericano Briscoe. Tanto Monzón como Valdés vencieron, cada uno por su lado, a cuanto contrincante se les puso enfrente, y llegaron a ser los más famosos del momento. Esto llevó a que se montaran peleas millonarias entre los dos. Mientras "Pambelé" peleaba por 5 mil dólares en Maracaibo ó Panamá, el "Rocky" ganaba cientos de miles de dólares en veladas en Montecarlo con la presencia de personalidades como Alain Delon, Omar Sharif y Jean Paul Belmondo. A pesar de salir derrotado en las oportunidades en que enfrentó a Monzón, Valdés se retiró lleno de fama y con buena plata. Mientras tanto "Pambelé", a pesar de su sólido reinado, al retirarse perdió la plata que tenía y vive como al empezar su carrera, pero con las huellas que los golpes y el licor le dejaron.
Con los 80, y cuando terminaban su vida deportiva Valdés y Cervantes, Colombia tenía en los hermanos Prudencio y Ricardo Cardona otros dos campeones mundiales. Los triunfos de los Cardona fueron efímeros: Prudencio perdió la corona, ganada al mexicano Antonio Avelar, en la primera defensa, mientras que su hermano Ricardo no aguantó el tiempo suficiente como para que su retiro del deporte lo cogiera con buenos ahorros.

LA HORA "HAPPY"
En el 82, con la derrota del último de los hermanos Cardona, el boxeo colombiano cayó en el olvido. La única excepción fue el campeonato mundial aficionado de Miguel "Máscara" Maturana, pero la felicidad duró poco. Maturana, lo mismo que "Pambelé" y la mayoría de los boxeadores, creyó alcanzar el cielo con las manos y se dedicó a derrochar en "parrandas" lo poco que ganó, minando las condiciones que habrían podido llevarlo a ser campeón mundial profesional y sacarlo de la pobreza.
Cuando ya nadie creía en los boxeadores nacionales ni se esperaban nuevos triunfos, al menos por mucho tiempo, apareció un muchacho monteriano, tan desconocido como sus antecesores, que de la noche a la mañana se convirtió en el quinto campeón mundial de boxeo colombiano. La vida de Miguel "Happy" Lora no ha sido muy diferente de la de los otros campeones. A pesar de haber tenido la posibilidad de ir al colegio, Lora se dio cuenta que sólo sus puños podían sacarlo de la estrechez en que se desarrolló su infancia. Viajó a Barranquilla y de allí a Miami, en donde se puso bajo la tutela del entrenador argentino Amilcar Brussa. Brussa se hizo famoso en Colombia en la época de Rodrigo Valdés, por ser el entrenador de Carlos Monzón, el gran rival del cartagenero. El "Happy" según el narrador y comentarista Edgar Perea, "es uno de los mejores campeones mundiales de la actualidad, gracias a su técnica, su potencia y su clase". Con Lora renació el interés por el boxeo y llegaron nuevos triunfos: un año después del campeonato del monteriano, el atlanticense Fidel Bassa pasó de vendedor de pescadó en los mercados de Barranquilla a campeón mundial de los mosca y, finalmente Sugar Rojas se ciñó el cinturón de los supermosca.
Pero los campeones de ahora son muy diferentes a los de los años 70. Son hombres mucho más técnicos. ""Pambelé" y Valdés abrieron el camino con más ganas y fuerza que técnica" según Perea. La nueva generación de campeones presenta un estilo bastante depurado, que les ha permitido suplir su falta de potencia o, como se dice en el boxeo, "pegada".
Esto ocurrió con Sugar Baby Rojas, quien salió de Barranquilla hacia Miami precedido por su fama de ser un boxeador poco potente. Rojas, como casi todos los campeones colombianos, debió salir del país para buscar fortuna, gracias al poco apoyo que tiene el boxeo en Colombia. La mayoría debe acudir a la sabiduría de técnicos foráneos, pues los nacionales sólo les pueden dar unas bases mínimas que no alcanzan para optar por una corona orbital. Es por esto que, junto a los nombres de los boxeadores nacionales aparecen los de entrenadores y manejadores extranjeros que, como en el caso de Antonio Cervantes, se aprovechan de la ignorancia o la ingenuidad de sus dirigidos para arrebatarles el dinero que tanto esfuerzo les ha costado ganar. Afortunadamente las cosas están cambiando y en estos días, boxeadores como Fidel Bassa son manejados por empresarios colombianos. De acuerdo con la prensa deportiva, el material humano es inmejorable pero faltan técnicos capacitados.
Ahora los esfuerzos deben dirigirse a suplir esas deficiencias técnicas, especialmente en la Costa Atlántica. De esta zona han salido los mejores boxeadores gracias a la afición que allí existe. La organización de campeonatos regionales que sirven para promocionar a las nuevas figuras, la existencia de una prensa deportiva experta en boxeo y, sobre todo el ansia de emular a ídolos como Caraballo o "Mochila" Herrera, han hecho que, a diferencia del interior del país o de la Costa Pacífica, sea el litoral Caribe el mayor semillero de boxeadores.
Hoy en día, hay una tradición boxística afianzada en Colombia. Los nuevos boxeadores han aprendido de los antiguos campeones en todos los aspectos. Tanto, que ahora son conscientes de lo efímero de su profesión e invierten el dinero ganado a puños pensando en el próximo retiro, porque ninguno olvida que -como afirmó a SEMANA Edgar Perea- "la necesidad y la pobreza hacen el boxeador y es el hambre la que los lleva a ganarse el dinero a golpes".

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