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| 12/27/2014 12:00:00 AM

Todos quieren con Ancelotti

El diario más influyente de habla hispana, El País, califica al DT del Real Madrid como el más deseado por jugadores y directivos en el mundo.

Carlo Ancelotti, ‘Carleto’, como cariñosamente se le conoce en el mundo del fútbol, acaba de conquistar un nuevo trofeo. Acaba de llevar la copa que acredita al Real Madrid como campeón mundial de clubes, el único que le faltaba a las vitrinas del Santiago Bernabeu. No fue el único que conquistó este año. Logró la décima Champions League, la cual buscaba el madridismo desde el año 2002. Por eso, hoy por hoy, el jefe de James Rodríguez, es quizás el técnico más importante del planeta.
El periodista Óscar Sanz, del diario El País, se acercó al entorno del entrenador, quien en los años 80 y 90 brilló como un futbolista de una gran calidad, y en un reportaje publicado este sábado, explica el extraño fenómeno que rodea al italiano, pues es quizá uno de los pocos técnicos que ha puesto de acuerdo a aficionados, jugadores y directivos a su proyecto. A diferencia de otros entrenadores tan polémicos como su antecesor en el banquillo blanco, José Mourinho, Angelotti no solo conquista títulos, sino amigos por donde quiera que va.
Este es el reportaje
Sala de prensa del estadio da Luz de Lisboa, 25 de mayo. Habla el entrenador del equipo ganador de la Liga de Campeones, el Real Madrid: “Lo más difícil fue igualar el partido, porque…”. En ese instante, un estruendoso coro de futbolistas, con Marcelo, Sergio Ramos y Pepe al mando, aparece en escena. “¡Cómo no te voy a querer!”, cantan, es un decir, a voz en grito, antes de rodear a su entrenador y comenzar a aporrear la mesa. El técnico sonríe, levanta la ceja que todavía le queda en su sitio y se une a la barahúnda: “¡Cómo no te voy a querer!”, vocifera. Los periodistas allí presentes asisten atónitos a los hechos. Y su incredulidad se dispara cuando aquel señor de casi 55 años, Carlo Michelangelo Ancelotti, que acaba de conquistar su quinta Copa de Europa, la tercera como entrenador, se decide a aporrear el mobiliario, desatado él, “¡cómo no te voy a querer!”...
Once meses antes, pocos imaginaban semejante cuadro cuando el presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, presentaba en público al nuevo entrenador del equipo, un italiano cuya hoja de servicios solo presentaba todos los títulos habidos y por haber, como futbolista y como técnico. El discurso que allí se escuchó tenía un tono novedoso. “Este equipo tiene que ganar con un fútbol ofensivo y espectacular”, expuso Ancelotti ante una concurrencia acostumbrada a alegatos bien distintos, que hablaban de ganar, sin más adjetivos.
“Mourinho es el que mejor defiende al club y los valores del Real Madrid”, había proclamado meses atrás Florentino Pérez, que enterró semejante sentencia cuando el hedor se hizo tan insoportable que no le quedó otra que prescindir de aquel que supuestamente defendía los valores del club. Para sustituirle, buscó un perfil bien distinto al de un individuo, Mourinho, que había hecho posible lo imposible: provocar una guerra civil en el vestuario del equipo, en la grada, en las tertulias televisivas, en los bares y en el madridismo planetario. Y a París se fue a por Ancelotti, técnico del PSG, dueño de un currículo fascinante y, por lo que contaban, un tipo tranquilo, valor de enorme trascendencia en aquel Madrid de posguerra.
“El pacificador”. Así bautizó el diario Marca al ya llamado Carletto cuando supo de su llegada a Chamartín. Arrastraba esa fama desde su época en el banquillo del Milan. Su labor en el equipo que le había hecho grande como futbolista se resumía así: dos Champions, dos Supercopas de Europa, un Mundial de Clubes, una Liga, una Copa, una Supercopa italiana… Son legión en el Milan quienes añoran la última gran época de un club al que hoy ahogan las miserias. El mejor ejemplo, Adriano Galliani, su consejero delegado: “Cuando le fichamos se hablaba de él como un segundón y hoy solo podemos decir que Carlo cambió nuestras vidas. Con él logramos cosas enormes”.
En 2009, Ancelotti dejó Italia y se fue al Chelsea, donde en su primera temporada conquistó la Liga y la Copa inglesa, primer doblete que lograba el club en sus 105 años de vida. “Su llegada revolucionó el Chelsea, un equipo de media tabla; apareció aquel tipo bonachón y se convirtió en el primer italiano de la historia que ganaba la Premier”, explica Luis Fernando Restrepo, periodista de DirectTV, y antes de la BBC, que siguió de cerca el periplo de Ancelotti en Londres. “Era una figura paterna y muy querida por los jugadores. Se hacía respetar y jamás puso en la picota a ningún futbolista. Pero el equipo falló en su segunda temporada. Abramovich se obsesionó con la Champions, enloqueció y lo despidió”.
Apenas estuvo seis meses sin entrenar. En diciembre de 2011 aterrizaba en París, donde se hizo cargo del PSG, otra constelación de estrellas dibujada a golpe de talonario. “Aquí dejó un gran recuerdo. Es tranquilo, muy inteligente y los jugadores le acaban queriendo”. Así le define Pablo Sanromán, jefe de Deportes del servicio en español de France Presse, que añade: “Siempre sonríe, no pierde la calma. Cayó muy bien en París. Llegó cuando el PSG llevaba 20 años sin ganar la Liga, y en su segunda temporada la conquistó. Supo ganarse a la prensa, al público y, sobre todo, a los jugadores”. Tanto se ganó a estos que, cuando se empezó a hablar de su marcha, Ibrahimovic hizo lo imposible, y más, por evitarlo: “No quiero que se vaya. He tenido grandes entrenadores, pero nunca a alguien que tuviera esta relación con los jugadores. Es elegante incluso cuando habla. Necesitamos un entrenador que sepa manejar a un grupo de clase mundial. Solo un gran técnico puede hacerlo. Y ese es él”.
Su petición no surtió efecto y Florentino Pérez logró su propósito de llevar al vestuario del Madrid a Carletto. Un vestuario que le había estallado en las manos a Mourinho, quien miraba aquí y allá y no paraba de ver enemigos, traidores, topos, Casillas, Ramos, Pepe, Cristiano, el mundo contra él. A aquel paisaje después de la batalla llegó Ancelotti. Todo cambió. El gol de Gareth Bale contra el Barça en la final de Copa, tras ejecutar la carrera del siglo, dio al Madrid el primer título de la nueva era. “Esa victoria fue clave para todo lo que ha venido después”, ha reconocido Ancelotti.
Lo que vino después fue la deseada Décima, que llegó tras una semifinal como no recuerdan los tiempos. “El Madrid es un equipo de atletas”, dijo Guardiola, técnico del equipo alemán, tras el 1-0 de la ida. Y en la vuelta, a los atletas les dio por jugar al fútbol, además de correr, y se fueron del Olímpico de Múnich firmando la peor derrota europea de la historia del Bayern: 0-4.
Mientras todo eso ocurría, a Carletto se le veía cada vez más feliz en Madrid y en el Madrid. A su llegada a la ciudad, decidió alojarse en el centro, en un ático cercano a la Puerta de Alcalá, a la vera del Museo del Prado y del Retiro, donde acostumbra a correr junto a su mujer, casi de incógnito, tocado con una gorra. Una vida similar a la que llevaba en París, cerca del Trocadero, junto a la torre Eiffel. En Londres conoció a la canadiense Mariann Barrena, de origen español, con la que se casó el pasado verano en Vancouver, en una ceremonia íntima y discreta. Esa discreción con su vida privada la ha roto en contadas ocasiones. Como cuando subió a las redes sociales imágenes suyas en Toledo con el siguiente mensaje: “Aprovechando el día de descanso para conocer un poco más de España. Me ha encantado Toledo. ¡Maravillosa!”.
A la vuelta del verano llegó la Supercopa de Europa y Ancelotti tuvo que rearmar el equipo tras las bajas de Di María y Xabi Alonso. Defendió de nuevo la plantilla que tenía (“la mejor que he entrenado nunca”, declaró) y ni en los momentos de duda en el inicio de la Liga señaló a ninguno de sus jugadores. Al contrario. A su estilo, en tono bajo pero contundente, afeó a Michel Platini, presidente de la UEFA, que solicitara el Balón de Oro para algún jugador alemán: “Dado su cargo no debería hablar así. El número uno es Cristiano Ronaldo”.
Así las cosas, no es extraño que, ahora que se habla de la renovación de Carletto, el jugador de moda la solicite públicamente. “Me quedaría corto en halagarle. Sobran las palabras porque las digo cada dos por tres. Ha sido futbolista, maneja el vestuario a la perfección y saca el mejor rendimiento de cada jugador. Se ha ganado al madridismo y a la plantilla. Y además es una buena persona. Ojalá dure mucho aquí”. Palabra de Sergio Ramos.
Diego Torres, periodista de EL PAÍS, lleva 17 años informando sobre el Real Madrid. Ha visto sentarse a 15 entrenadores en ese banquillo. Su juicio es rotundo: “Los entrenadores queridos por sus jugadores no son raros. Lo raro es encontrarnos con un entrenador al que ninguno de los 25 futbolistas a su cargo repudie. Ancelotti consigue la empatía del futbolista con una mezcla de intuición, don de gentes y sabiduría. En contra de lo que pueda aparentar, tiene un gran carácter. En los momentos de mayor dificultad es cuando da más muestras de buen humor. Es extremadamente respetuoso hasta con el empleado más modesto, y eso infunde a su vez respeto hacia él”. El mismo respeto que le tienen jugadores y entrenadores rivales. Incluso Michel, actual técnico del Olympiakos, y que jamás ha ocultado su deseo de dirigir algún día al Madrid, valora su papel en el equipo: “Ojalá le renueven porque es un entrenador digno del Madrid”.
El último en hablar sobre Carletto ha sido Florentino Pérez. Lo hizo poco antes de conquistar el Mundial de Clubes y cerrar el año con cuatro títulos, la mejor marca de su historia, y el récord de partidos consecutivos ganados, 22. “Ancelotti ha logrado que el vestuario sea una familia. Yo nunca había visto tan buen ambiente entre los jugadores. Incluso entre los que compiten por el mismo puesto, cosa que no es fácil en este nivel”. La serenidad y la inteligencia como garantía del éxito. A ese lema, según quienes le conocen, se ha agarrado Carletto para dibujar una trayectoria que en el Madrid, en año y medio, ha alcanzado su cénit: 71 victorias en 88 partidos, el 80,6%. Más que nunca. Más que nadie.
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