Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 9/15/2012 12:00:00 AM

El caballero del balón

Así es José Néstor Pékerman, el técnico argentino que encendió la ilusión colombiana de clasificar a las finales de un Mundial de Fútbol.

A pesar de las enormes pasiones que genera el fútbol, José Néstor Pékerman en ocasiones parece no pertenecer a ese mundo: nunca grita, jamás dice una palabra de más y cuando arrecian los ataques verbales contra él, se muestra imperturbable. Así ocurrió, por ejemplo, durante los días previos a los partidos contra Uruguay y Chile. Los periodistas deportivos querían llevarlo a la hoguera, entre otras cosas porque no les daba entrevistas.

No era una decisión de espontánea terquedad sino una convicción profesional: durante las negociaciones del contrato con la Federación Colombiana de Fútbol fue categórico con los directivos: "Los técnicos hablamos en las canchas". Para un país en el que las estrellas de la radio ponen y quitan técnicos, y otros comentaristas incluso en las concentraciones han tenido libre acceso a las habitaciones de los jugadores, la ruptura de ese vínculo era un viraje sustancial: "Se trata de que cada cual haga su trabajo y en el mío habrá disciplina", argumentó con su habitual tono pausado.

Así, sin perder las formas, se ha comportado siempre. Antes del Mundial de Argentina, en 1978, Pékerman estaba sin trabajo por una lesión en la rodilla izquierda que lo había retirado del fútbol activo. Tomó su automóvil particular, lo pintó como un taxi bonaerense, de negro y amarillo, y le explicó a su esposa, Matilde: "Van a venir muchos turistas". Y a eso con sencillez se dedicó durante un buen tiempo.

Paradójicamente, había sufrido la lesión en Colombia cuando jugaba en el Deportivo Independiente Medellín. Había llegado en enero de 1973 poco después de casarse, y en la capital de la montaña pasó su luna de miel, tuvo a Vanesa, su primera hija, anotó 15 goles y jugó 101 partidos. Cuando la lesión se agudizó y sintió que estaba pasando más tiempo en la enfermería que en el estadio Atanasio Girardot, decidió irse. Los directivos del club le dijeron que se quedara, que le iban a cumplir con su contrato. Sin embargo, él les dijo que no. Les explicó que no era correcto ganar dinero sin hacer nada. Regresó a Buenos Aires. Con el dinero ahorrado aguantó hasta que pintó el carro y se convirtió en taxista.

Trabajar ha sido la norma en su vida. Nació el 3 de septiembre de 1949 en Domínguez, provincia de Entre Ríos, pueblo de 400 habitantes, en una familia de humildes inmigrantes judíos que le enseñaron que, sea el que sea, el trabajo dignifica al hombre. Cuando tenía apenas tres meses de vida, el verano acabó con las cosechas y hundió aún más en la pobreza a la región. Sus padres, Óscar y Raquel, emprendieron un éxodo con sus dos pequeños, Luis y el bebé José a Ibicuy, en cercanías del Paraná. El padre puso un bar mientras los dos niños iban a vender helados a los viajeros en el puerto. Después, la familia se trasladó a Buenos Aires. Pékerman dejó de jugar fútbol en las playas para hacerlo en los potreros de la zona de Martín Coronado, en la Escuela 21. A los 7 años de edad conoció a Matilde, la niña que con los años se convertiría en su mujer.

Luego el padre montó una pizzería y después un local de venta de electrodomésticos. Por eso Pékerman sabe hacer pizzas y reparar artefactos. Al tiempo que ayudaba a su padre, jugaba al fútbol. Un día, en su adolescencia, su equipo del barrio jugó contra Argentinos Juniors, que le ofreció un contrato. Él aceptó pero siguió ayudando a su padre y estudiando de noche. Cuando hizo su debut profesional, entre los niños que posaron para la foto quedó un chiquitín que después se convertiría en uno de los mejores del planeta, Diego Armando Maradona. Con Argentinos Juniors jugó 70 partidos en la primera división. Este y el Medellín son los clubes que lleva en el corazón.

En su paso por Medellín dejó un sello de elegancia. El portal Kien&ke entrevistó a Hugo Gallego, uno de sus compañeros, quien lo recuerda como un hombre callado, muy puntual, que cumplía al pie de la letra las peticiones de los entrenadores. Era, dice Gallego, "equilibrado para jugar y para vivir".

Tras su temprano retiro a los 28 años y pasada su etapa de taxista, empezó su carrera de entrenador. En 1994, cuando la AFA abrió un concurso en busca del técnico de las selecciones juveniles, Julio Grondona lo eligió por la seriedad de su proyecto y porque en el informe le había dado respuesta hasta a los más elementales detalles. En un país donde el fútbol es una pasión y donde ganar es una obligación, Pékerman se convirtió en el más exitoso técnico al obtener tres mundiales Sub 20 casi consecutivamente: Qatar 95, Malasia 97 y Argentina 2001. En Nigeria 99, llegó a octavos de final.

¿Cuál fue su secreto? "Yo diría que es perseverante. Él ha comenzado muy de abajo. De las inferiores de Argentinos Juniors pasó a Colo Colo de Chile y tuvo la valentía de presentar un proyecto de juveniles en la AFA, compitiendo contra grandes maestros. Pero, por sobre todas las cosas, destacaría que es una persona muy respetuosa, que siempre apuesta al perfil bajo. En 13 años que compartí con él, no recuerdo que haya gritado ni una vez en la cancha ni un gesto fuera de lugar. Así y todo, es muy firme en sus decisiones. No le tiembla el pulso para sacar o poner jugadores", dijo Hugo Daniel Tocalli en una entrevista.

Además de Matilde, Tocalli es tal vez la persona que más lo conoce personal y profesionalmente. Ninguno, sin embargo, habla de por qué no continuó al frente de la selección de mayores cuando en el Mundial de Alemania el local lo venció en cuartos de final por penales. Se hizo a un lado discretamente mientras en los medios de comunicación se vivía una gran agitación. "En este país hay tres técnicos de calidad. Bianchi que no dirige más, Bielsa que se fue para el Athletic de Bilbao y Pékerman que ahora emigra a Colombia", se leía en el diario Olé.

Su arribo a Colombia como director técnico de la selección generó una gran expectativa que aumentó con su primera victoria en Lima ante Perú (0-1), diluida tras la lánguida presentación en Quito contra Ecuador (1-0). El país se dividió entre los que pedían un compás de espera y entre quienes lo criticaban. El enojo de estos aumentó cuando convocó a un grupo de jugadores y los llevó a España y en lugar de jugar un amistoso ensayó con unos juveniles, a puerta cerrada y sin declaraciones a la prensa. Y ahí fue Troya: "No trabaja", clamaban en la radio. "El mudo", "El mimo", "El autista", le dijeron. Y él, otra vez, guardó silencio.

En el partido contra Uruguay en Barranquilla, arropado por una multitud que llenó el Metropolitano, alineó el clásico 10, figura que no se utilizaba desde los tiempos de Carlos 'el Pibe' Valderrama; otro volante ofensivo y dos delanteros. "Mis equipos juegan al ataque", explicó escuetamente. La selección marcó cuatro goles y le quitó un invicto de 18 fechas al campeón de América y al equipo sensación en la pasada Copa del Mundo en Sudáfrica. Viajó a Chile a enfrentar a los líderes de la eliminatoria y rompió su silencio pero no para hablar de él, sino de su colega Claudio Borghi: "Es un señor, jugaba de manera exquisita, es muy buena persona y un ejemplo a seguir. Un caballero del fútbol". Los periodistas australes alabaron su decencia. Jugó el partido y ganó en Santiago (1-3), un hecho que no ocurría desde hacia 12 años. Mientras el país festejaba, él se fue a su cuarto para en la intimidad llamar a su hija Vanesa, la paisita, y le dedicó el triunfo. Hoy Colombia tiene 13 puntos y si gana los cinco encuentros que le quedan en Barranquilla hará 28 y abrirá la puerta para volver a un Mundial. Hay júbilo y optimismo, aunque Pékerman, como siempre, se muestre imperturbable.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1839

PORTADA

Odebrecht: ¡Crecen los tentáculos!

Las nuevas revelaciones del escándalo sacuden al Congreso y al director de la ANI. Con la nueva situación cambia el ajedrez político al comenzar la campaña electoral.