Martes, 6 de diciembre de 2016

| 2015/08/18 12:23

El Campín sufre entre el fútbol y los conciertos

Aunque las autoridades aseguran que la gramilla del estadio no sufrió por cuenta de recientes conciertos, lo cierto es que la grama no está en óptimas condiciones para el fútbol profesional.

La gramilla del estadio El Campín está afectada por un hongo. Foto: IDRD

La disyuntiva ya cumple décadas y sigue sin resolverse: ¿El estadio El Campín está para albergar conciertos o su uso debe ser exclusivo para eventos deportivos? No se trata de una pelea entre fútbol y espectáculo, el tema va más allá: a la capital colombiana le falta un escenario multipropósito para albergar shows de altos estándares internacionales.

La coyuntura más reciente tiene que ver con el multitudinario concierto que brindó Carlos Vives, junto con sus amigos y la afectación que pudo sufrir la gramilla del estadio, que dicho sea de paso no viene entregando las mejores postales en los pocos juegos que se han podido disputar del fútbol profesional colombiano.

El Instituto de Recreación y Deporte (IDRD) abrió las puertas del estadio a la prensa para que verificaran en qué condiciones se encuentra después del concierto del samario. “El estadio se encuentra en perfectas condiciones”, aseguró Aldo Cadena, director del Instituto durante el recorrido.

Sin embargo, el IDRD aceptó que actualmente la gramilla está afectada por un hongo que “se  caracteriza por atacar la raíz de la grama y quemarla en forma de argolla en sectores específicos”. El propio Cadena indicó que, "el daño es estético y no incide en las características reglamentarias del campo como el rebote y recorrido del balón”. Pero insistió en que esto no tiene nada que ver con los conciertos realizados recientemente.

La versión oficial sobre el hongo se suma a la que entregó tanto el IDRD, como la empresa Equiver de Colombia, que se encarga del mantenimiento de la cancha, en la que señalaban que los parches que se vienen presentando “era producto de la intervención con arena, fertilizantes orgánicos, fertilizantes granulares y químicos para evitar brote de hongos o presencia insectos”.

En el mes de julio, cuando la actividad deportiva volvió al estadio, los hinchas y televidentes notaron con sorpresa la propagación de estas manchas. En ese momento, Semana.com habló con Juan Carlos Salamanca, gerente de Equiver, el experto había asegurado “que la gramilla quedaría en perfectas condiciones en 20 días”.

Sin embargo, quienes tuvieron posibilidad de ver el campo indican que las manchas no sólo no se han reducido, sino que se propagaron en otros sectores de la cancha. Ante esto, el IDRD señaló que “actualmente cancha se encuentra apta para el fútbol profesional y la actual condición del gramado no es atribuible al  préstamo para conciertos”.

Lo cierto es que este jueves será la prueba de fuego para el escenario deportivo, cuando Santa Fe juegue contra la Liga de Loja de Ecuador por la Copa Suramericana. Se espera que para ese partido la gramilla responda bien y tenga una imagen aceptable para todo el continente, ya que el partido es válido por una Copa Continental.

Campín para todos

El debate pasó hace rato por las legislaciones. La Ley 1493 del 2011 reglamentó el préstamo de los escenarios deportivos para actividades culturales. La norma expresa que “mientras no exista un recinto especializado para recibirlos, se debe alternar el alquiler del estadio con otros lugares como el parque Simón Bolívar y el Palacio de los Deportes, entre otros”.

Por otra parte, el decreto 599 de 2013 reglamentó la ley en mención y establece que el préstamo para dichos eventos no pueden exceder en más de uno al mes y no más de cuatro días seguidos. Las leyes también estipulan los pagos que deben realizar los organizadores de los eventos.

Por un lado las empresas arrendatarias deben pagar 50 millones de pesos al IDRD para el mantenimiento y protección de la grama y drenajes, por cada concierto. Por su parte, los equipos de fútbol que utilizan la cancha pagan el 10 % del ingreso bruto por boletería, de acuerdo con la resolución 190 de 2015.

Después de la polémica quedan algunas certezas: Bogotá no tiene un sitio para conciertos de talla internacional y si los organizadores pagan, sin importar por el tipo de espectáculo, el estadio debe abrirse.

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