Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2006/09/09 00:00

‘El elegido’

En sólo 10 años, Tiger Woods se convirtió en el deportista más reconocido y rico del mundo.

Desde muy niño, Tiger Woods se dedicó al golf. Dicen que a los 18 meses les pegaba bolas en los campos de práctica.

El elegido". Así describió la revista Sports Illustrated a Eldrick Woods al nombrarlo como deportista del año de 1996. En un extenso reportaje, los padres de Tiger Woods, Earl y Kultida, dijeron de todo: que "Tiger hará más que cualquier hombre para cambiar la historia la humanidad", que es el "puente entre el Oriente y Occidente. Tiger tiene sangre tailandesa, china, africana, indoamericana y europea. Puede unir a todo el mundo. Es el niño universal". Es normal que los padres tengan expectativas para sus hijos, pero aquellas sí eran palabras mayores. En ese momento, Tiger era apenas el mejor golfista joven de la historia -poseedor de cinco títulos del torneo amateur de Estados Unidos- y con un potencial para ser un excelente golfista profesional, como tantos otros que lo antecedieron. Nada más.

Aún falta mucho para que los deseos de sus padres se hagan realidad. Pero 10 años después de irrumpir bajo el brillo de las cámaras de televisión con su célebre frase "Hola, mundo", pocos dudarían de su impacto en golf, en los deportes e incluso en el más allá (Hay una página del Internet dedicada a preguntarse si Woods es Dios). Tiger Woods es hoy posiblemente el deportista más conocido del planeta. Y sin duda el más rico: se llevó a la casa la módica suma de 97 millones de dólares en 2005. Según la revista Forbes, es la quinta celebridad más influyente del mundo. Cuando juega un torneo, los ratings de televisión se duplican. Según USA Today, la llegada de Tiger aumentó cinco veces el número de jugadores de golf en Estados Unidos. Tiger Woods es incluso el protagonista de un juego de video.

Uno de los elementos excepcionales de Tiger Woods es que no juega un deporte popular o de consumo masivo como el fútbol o el baloncesto. Es más: el golf siempre ha sido elitista y hasta la llegada del joven Woods, predominantemente para blancos. Que un hombre negro sea el símbolo del golf no deja de ser irónico; aun hoy hay clubes en Estados Unidos que restringen la entrada a personas de color. Las malas lenguas dicen que después que Tiger ganara su primer torneo Masters en Augusta, en 1997, los dueños reformaron el campo con un solo fin: volverlo más difícil y evitarle así nuevos triunfos. Si es cierto, fracasaron. Tiger volvió a quedarse con la chaqueta verde -el premio más codiciados en golf- en 2001, 2002 y 2005. Expertos consultados por SEMANA creen que puede incluso duplicar ese número.

¿Cómo llegó el hijo de un ex combatiente gringo negro en Vietnam y de una tailandesa convertirse en un ícono mundial? Trabajar, trabajar, y trabajar. Sí, pero también una vocación casi sin igual. Como le dijo el experto de Espn Jason Sobel a SEMANA: "Tiger es físicamente el golfista más preparado. El más inteligente. Y el que más quiere ganar. Por eso es el mejor de todos".

Su vida parece un cuento de ficción: a los 3 años tuvo un score de 48 en nueve hoyos (muchos golfistas adultos estarían felices con ese número); a los 5, apareció en el programa Eso es increíble pegándole a una bola de golf ante millones de televidentes, a los 16 se convirtió en el golfista más joven en jugar en un evento del PGA (la asociación profesional de Estados Unidos). Y a los 20 firmó un contrato con Nike por 40 millones de dólares.

Sus logros en golf son hoy leyenda. Ha ganado 52 torneos, incluidos 12 de los llamados Majors. Durante años, Jack Nicklaus era considerado el mejor golfista de todos los tiempos. Se estima que antes de que cumpla 40 años, Woods habrá superado todas las marcas de Nicklaus. Algo que hasta hace muy poco se consideraba imposible. Con Tiger no parece haber límites. En estos 10 años dos veces llegó a la cima y quedó insatisfecho. Cambió su swing e hizo otros ajustes a su juego y con un sólo fin: ser el mejor. Es como si Diego Maradona, después del Mundial de 1986, se hubiera dedicado a jugar sólo con el pie derecho, en vez de depender de su izquierda de oro. Lo habrían tildado de loco. Y así ocurrió con Tiger. Recibió severas críticas y durante muchos meses dejó de ser el número uno. Varios expertos llegaron a sentenciar el final de la Tigermanía.

Pero aparentemente Woods sabe más que los especialistas: como el hidra de la mitología griega, cada vez que lo matan regresa más fuerte e invencible. Actualmente, lleva cinco triunfos consecutivos. Su victoria más reveladora ocurrió en el abierto británico de julio, dos meses después de la muerte de su papá y mentor. Nuevamente los llamados expertos dudaron que Tiger pudiera recuperarse de ese golpe emocional. Pero allí no sólo ganó, sino dejó claro quién manda a quién. Jugó prácticamente todo el torneo sin utilizar las maderas, que en golf equivale a enfrentar a la selección brasileña de fútbol con nueve hombres.

Aún le quedan a Tiger Woods unos temas pendientes: los 18 majors de Nicklaus y los 81 torneos ganados por Sam Snead. Hoy pocos dudan que eso ocurrirá. Ya nadie quiere apostar contra el 'elegido'.

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